El frío psicológico

20 12 2009

Alessandro del Piero, celebrando un gol bajo la nieve turinesa.

Cuando después de varios años escribiendo de baloncesto en acogedores pabellones el Periódico de Aragón me convirtió en cronista de fútbol, los Reyes me pusieron un conjunto de forro polar y botas de montaña. Una demostración plena de sabiduría. Porque yo no tengo ni idea de cuál fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida ni de cuándo pisé La Romareda por primera vez, pero sí tengo clasificados los tres o cuatro partidos en los que más frío he pasado en las tres décadas largas que llevo paseándome por los campos de España, que diría el otro. Y dos o hasta tres de esos días de pavorosas temperaturas, por cierto, se han concentrado en las últimas dos semanas, lo que me hace pensar que éste es el mes que más frío he tenido en toda mi existencia; y mira que yo he conocido los hielos del sur y cruzo los puentes del Ebro a menudo en bicicleta, con el cierzo pegando de costado. Pero eso no es nada. Nada. Aunque este somniloquio le debe su procedencia a diversas latitudes, es en realidad hijo del norte de Italia, porque en el norte de Italia fa freddo allo stadio. Pero freddo que corta la respiración, no cualquier cosa. Todos hemos visto esos partidos invernales del calcio que chelan hasta la pantalla del televisor; partidos en los que ya no se sabe dónde acaba la bengala y dónde comienza la niebla, y de qué glándula procede el vapor de locomotora que les brota a los futbolistas de todo el cuerpo; como al Sepia cuando descendió a pulso los 411 escalones del campanario de la catedral de Florencia, y al pisar el Duomo le subía de las paletillas una humareda que parecía una empanada recién salida del horno. 

No se me olvida un Zaragoza-Barcelona el día de Reyes no sé si del 85 o por ahí, del que me queda un chicharro tremendo del boquerón Esteban que vimos desde el Gol Jerusalén, las fuentes del parque cristalizadas de hielo y un buen samaritano que repartía piedad por la grada en la forma de un humeante termo de café con leche. Los catalanes y sus asociados ganaron el partido y nosotros estuvimos a punto de perder los pies. Me recuerdo bajando Fernando el Católico abrumado por el temor a que los pies se me partieran por la mitad, como si los hubiera bañado en hidrógeno. 

Sin embargo, no pasé tanto frío aquel día como el año en Segunda División. Porque en Segunda hace más frío que en Primera, sobre todo en el Carlos Belmonte de Albacete. El Mundial 82 aportó el tópico de que el estadio más ingrato de España era el Nuevo Zorrilla de Valladolid, donde la pulmonía hacía estragos como la peste negra del siglo XIX. Algo tendrá de verdad cuando hasta la campaña de abonados del club explotó el concepto, con la ayuda de Leo Harlem, pero en Valladolid hay en la tribuna de preferencia unas estufitas colgantes que algo mitigan el drama de las noches de fútbol. También en Soria y en Vitoria y en Pamplona hace frío, claro, pero a mí no me ha tocado sufrirlo como me tocó aquella tarde en Albacete. Y en El Plantío burgalés jamás estuve. Lo que más se le acercó fue Salamanca la misma temporada, pero nos parapetamos en unas cabinas muy convenientes y salvamos el cuello de milagro. 

En el Belmonte, sin embargo, las condiciones invitan a la tragedia. La tribuna de prensa está subida a las últimas filas bajo el voladizo de la grada principal, más o menos como en La Romareda, pero con una diferencia vital: en nuestro estadio el encajonamiento de los pupitres sobre el ángulo superior del campo hace de protección, pero en el Belmonte el muro no se cierra por detrás del graderío. Con lo cual, estábamos sentados viendo al equipo aquél de César Ferrando contra el equipo aquél de Paco Flores y, por la trasera, ingresaba en nuestros lomos generosos un ventarrón de hielo que nos congeló la riñonera con mano de acero. Tanto frío hacía que por la nariz me corrió todo el tiempo un delgado hilo de moquita de abuelo resfriado, mientras Perera nos vacunaba. Lo peor fue que el Oso, vaya a saber por qué, de pronto empezó a sangrar por los orificios nasales como un chiquillo. Del frío debió de ser que se le reventaron los huesos propios, así que tuve que prestarle mi inmarcesible pañuelo para corregir la hemorragia y me quedé sin otra defensa contra el moquillo que la manga del tabardo. Durante años pensé que aquella terrorífica tarde en Albacete quedaría en mi memoria como el día que pasé más frío en toda mi vida, porque yo no hice la mili y entonces me ahorré las infames imaginarias en la garita de la PM, con los marianos bajo el uniforme de campaña. Albacete había sido todos estos años mi Waterloo térmico… hasta que viajé a Italia. 

Yo no puedo explicar con palabras el frío que pasé en Turín mirando a la Juventus ganarle al Inter en el viejo Comunale, ahora Stadio Olimpico. Si supiera escribir y precisar las sensaciones con las palabras… Pero el frío que llegué a tener ahí… no me alcanza con nada. Porque una cosa es tener frío, como por ejemplo este sábado último en el Bernabéu, una mala noche para ir al fútbol a ver al Zaragoza, si es que queda alguna noche decente para mirar eso que aún llamamos Zaragoza pero que ya cuesta identificarlo. Sí, ahí pasamos frío el argentino y yo; no digamos cuando empezaron a nevar goles, al minuto dos: y nos preguntamos para qué habríamos ido. Lo bien que se ve el fútbol en televisión (sin comentarios) no se puede creer. Ahora, en el Bernabéu también funcionan las estufas colgantes, y nos protegíamos cada rato en el interior para aflojar la vejiga y comentar la jugada con la guardia privada del estadio. También en la zona mixta hay plantados unos calentadores de pie de esos que parecen hongos incendiados, y que su papel hacen: había una periodista francesa, que no pesaría 40 kilos recién desayunada, que renunció a cualquier entrevista hasta la hora en que salió Benzema. El resto del tiempo se lo pasó bajó el calor amable del hogar, como un gatico adormilado en el lomo de la estufa. 

La condición distintiva del frío turinés fue que no permitía escapatoria. Ningún lugar a donde ir. La gente blanquinegra nunca llenó el estadio Delle Alpi porque su nombre les parecía demasiado ajustado a la realidad: efectivamente, aquello debía ser como ir a ver un partido de fútbol en lo alto de una cumbre alpina. Así que remozaron un poquito el modesto Comunale y lo llamaron Olimpico. Ahora está lleno (25.000 asientos, no es para tanto), pero no tiene las comodidades de los grandes estadios. “Il vecchio Comunale e una vergogna”, me decía un colega tano que tomó asiento en el pupitre inmediato al mío. Su terno era despampanante: una gorra de campo, unos pantalones de color azulón, zapatos negros de horma redondeada y un abrigo de tweed en tono salmón. A duras penas alcancé el descanso, momento en el que rajé a toda prisa hacia las tripas del campo, buscando una salita donde recomponerme el termostato. Vi una fila no demasiado numerosa de gente que accedía a un área reservada, a cubierto y con un barito. Lo que necesitaba: bien la Juve, bien… trata a la canallesca con mimo. Cuando ya tenía pie y medio en el refugio, dos tipos me pararon para relojear mi acreditación: “Reservado para Tribuna de Honor… prensa no”. Pensé: ¿Y si me echo a llorar? El único garito disponible quedaba al aire libre, fuera del campo. Apenas un contenedor reconvertido en mostrador. Guardé la fila junto a un par de aviones infernales protegidas por su atento ragazzo. Cuando llegué, dispuesto a pedir un litro de té a 200 grados, la chica me anunció: “No queda té, sólo refrescos”. La miré largamente a los ojos. Si hubiera tenido algo más de soltura en el idioma le hubiera anunciado que tenía ante ella a un hombre clínicamente muerto. De frío. Me aparté. Sólo se me ocurría ya colarme a lo banzai en el vestuario del Inter y abrazarme a Diego Milito, dar la charla con Mourinho y mandare a cagare a Ciro Ferrara de camino al campo. Lo siguiente que pensé, ya sí en serio, fue lo que distingue la ocasión turinesa del resto: estuve a punto de abandonar. De irme al hotel. Comprendí lo que debe de sentir Pauner en sus innumerables no-ascensos a los ochomiles del planeta. Ni siquiera sé vivaquear. Así que por un momento, un largo momento en que estuve parado a la entrada de la escalerita del Comunale, bordeé la renuncia. Llamar al doctor Reyes y confesarle, con un hilo de voz: “Soy débil, no puedo”. Pero como soy aragonés, salí a la intemperie y me vi la segunda parte. 

Así que uno no ha sufrido el hambre, pero sí ha conocido el frío. Uno ha pasado un frío inhumano en los estadios de fútbol, un frío de otro mundo, un frío de invierno ruso, de campaña napoleónica, ese frío demoledor, atroz heladera que toma el cuerpo en invasión desaforada y no se retira hasta unas cuantas horas después. El frío que se combate en los descansos, de manera inútil, con un caldito, un té caliente, un expresso, un carajillo, un cognac ardiente, el chocolate espeso. El frío que, cuando abandonas el estadio, serías capaz de rebanarle las bolas a un chucho por encontrar un taxi y refugiarte dentro y decirle al tachero“Óigame bien, me sube la calefacción a todo lo que dé y me lleva a cualquier lado, cuanto más lejos mejor”. A la salida del Giusseppe Meazza, por ejemplo, encontramos una modesta paradita de taxis que asaltamos como forajidos, cuando ya estábamos a punto de empezar a devorarnos los unos a los otros como los uruguayos en los Andes. Alegres del hallazgo, conforme nos acomodábamos le comenté al chófer: “¿Pero por qué hace tanto freddo?”. A lo que, como era previsible, me contestó: “¿Qué frío? Esta noche no hace frío”. Temí que a continuación propusiera la reconvención habitual de los mayores: “Buena Italia habéis conocido vosotros: antes, antes sí que hacía frío”. En cierto modo nos dijo lo mismo, pero de manera harto más despectiva. ¿De dónde vienen ustedes, muchachos, de Sudán?”. “De España”, le informé. “Bueno, casi es Africa…”, fue su comentario. Y nos miró uno a uno como diciéndonos flojos, como diciéndonos finos, estirados, friolentos… Nos llevó a una pizzería que cerraba tarde y, a la hora de cobrar, sólo le faltó decirnos: “Son doce euros, putitos”.


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21 responses

20 12 2009
Sergio

Querido Mario, ayer, en el trabajo, iban cayendo los goles con inusitada ordinariez. Y lo peor es que ni siquiera sentí pena por mi equipo, ni vergüenza. No sentí nada, que es lo peor que uno puede sentir cuando ama esa camiseta.
Abrazos.
P.D. Puede que en el infierno de la segunda haga más calorcito…

20 12 2009
ornat

Por desgracia, amigo, compruebo que se va extendiendo esa enfermedad del indiferente desánimo. El cuerpo debe de ser sabio: nos protegemos contra lo que duele, frente a la desesperanza. Pero hubo un comentario aquí, hace algunas fechas, que resumía a la perfección la vaciedad de tal estado. Cualquier día, sin transición aparente, volveremos a la emoción. Si nos dejan. Si aún podemos.
Y no, el infierno de la Segunda no es de fuego, es puro hielo.
Abrazos

21 12 2009
Jeremy North

A mí ya no me queda ánimo para nada. El sábado dejé de ver el partido en el minuto 2, ya me imaginaba lo que iba a suceder después.

21 12 2009
los lunes al sol

El artículo me ha encantado.
En los primeros ochenta recuerdo un partido de Copa (cuando Copa se escribía con mayúsculas) Zaragoza-Cádiz con una buena fogata en la grada Gol de pie (norte) a la que nos arrimábamos sin complejo gitano. No me imagino ahora esa posibilidad.
Aunque el fútbol es cambiante y poco tiene que ver con ese “Zaragoza-Cádiz de los ochenta”, os animo a revisar el pasado para encontrar soluciones al presente: un míster de la casa, un “9″ que asegure de aquí a final de liga 10-12 golitos, un “Mateut” o un “Movilla” que circule y desatasque.
Qué es díficil, sí. Imposible, no.
Eso, y reprimir nuestras ganas (las mías también) de agarrar pescuezos a los que están, porque la verdadera solución sería sustituir al 90% de los jugadores y al 100% de los dirigentes, pero eso, amigos, eso sí que es imposible.

21 12 2009
NIKKI RAMONNE

Sr. Ornat:

Siento mucho el frío que soportó Ud.. Yo sí me “chupe” alguna guardia invernal y sé que el frío entra en el cuerpo y no tienes ningún modo de evitarlo y ningún medio para combatirlo.

Permítame un ruego. Desde cualquier foro de Internet (dentro de la credibilidad que me inspiran) se palpa la decepción y lo que es peor ¡la indiferencia! hacia nuestro club (perdón Sr. Bandrés pero para mí el Real Zaragoza, mientras yo sea abonado, será MI CLUB).

Les animo a Uds. los periodistas de esta adormecida ciudad (antaño inmortal ciudad de Zaragoza) a que presionen para que se sepa la verdad. A que se sepa quién es quién en el Real Zaragoza, a extirpar el cáncer que corroe las entrañas de mi club.

Refúndemos un Real Zaragoza de zaragocistas y no de “estómagos agradecidos”, vamos a apostar por un modelo de club y a llevarlo adelante hasta sus últimas consecuencias, vamos a enseñar a las nuevas generaciones cómo es realmente el equipo de sus amores.

Sr. Ornat: ¡NECESITAMOS AL CUARTO PODER!

Saludos y gracias.

21 12 2009
ornat

Lo dijo aquí ‘Los lunes al sol’ y lo recupero ahora: “A lo que debemos aspirar es a llenar nuestro campo, sentirnos febrilmente zaragocistas durante 90 minutos, y esperar que los astros conjuguen a 11 auténticos cabrones, 11 auténticos fuera de serie, 11 auténticos zaragocistas que, como en otras ocasiones le metan 6 al Madrid o al Barcelona, y se paseen por Europa, ante el delirio de todos nosotros. Mientras los astros conjugan a nuestros próximos 11 cabronazos que sean capaces de ganar un título de Liga y superen a todos los 11 cabronazos que les precedieron… no se desesperen, no deserten, hagan otras cosas mientras tanto, porque el Zaragoza siempre vuelve”.

21 12 2009
los lunes al sol

Gracias Ornat por la cita.
Espero que los astros se apliquen pronto. Creo que me envolveré mi bufanda, a cachos azul, a cachos blanca, y acudiré al Municipal en busca de un giro inesperado de los acontecimientos, aunque ganas de desertar no me faltan.
Iré paseando por Fernando El Católico en dirección a nuestro (también) sentenciado campo, sorteando vallas y zanjas, y pensaré de nuevo en esta forma nuestra “tan buñueliana” de afrontar y darle emoción a la vida.

21 12 2009
Per

Y el día del 4-2 en Copa al Barça en 2006, hacia un frío del demonio…pero no nos acordamos. ¿Será por el resultado?

21 12 2009
ornat

No, no… si días con un frío del demonio los hay a patadas, pero yo me refiero a esos días que uno no puede parar y que recuerda toda la vida. Es un estadio superior del frío. Es, como escribió Josep Pla de las frías habitaciones de las fondas en las primeras décadas del siglo XX, “la concentración de todos los fríos ocurridos en este país desde Adán y Eva”.

22 12 2009
Sergio

Por cierto, Mario… O yo lo he soñado, o te leo demasiado, pero juraría que la entradilla de tu texto ha cambiado… A mí ese traslado del basket al fútbol no me suena, no sé, no sé…
Hala, que te quiero ver corriendo en pantalón corto: se acerca la San Silvestre, y ahora nos toca pagar diez euritos por no inscribirnos antes del 20-D!
Suerte en el sorteo de hoy para ti, para todos tus lectores… y para mí!
P.D. Por supuesto, he comprado lotería del club de nuestro vecino Agüeras… Si toca da penica cobrarla…

22 12 2009
ornat

Sin duda me lees demasiado. Lo cual no quita para que, efectivamente, los somniloquios sean reescritos sobre la marcha, como el caso que señalas. Un organismo vivo, que crece y se corrige a sí mismo llegado el caso. A mí el retoque, como a las chicas, me va mucho. Y por cierto, hablando de frío: yo para la San Silvestre me abrigo mucho las piernas y lo demás. Pero allí estaremos, cueste lo que cueste.
Pd: Agüeras es un grande en todos los aspectos.

22 12 2009
jcuartero

No, ninguno de nosotros estamos hechos con frío.
Sin embargo lo sentimos por fuera y por dentro, en Tribuna, en Grada Lateral, en el bar de la esquina, en casa, en el exilio, en tu salón, en mi salón o en la triste pantalla de un portátil que se conecta con un enlace de Rojadirecta. El frío duele a las cinco de la tarde y vuelve a doler más a las siete. Cuanto más intenso es el frío más nos parece que la felicidad es sinónimo de resignación y más esperamos que se cumpla el oráculo “el Zaragoza siempre vuelve”… Pero mientras tanto nos hemos quedado helados
No, ninguno de nosotros estamos hecho con frío. El domingo por la mañana hacía mucho frío, un frío de cojones. Entraba a trabajar a las ocho de la mañana y los termómetros de la plaza España marcaban dos bajo cero. La noche anterior había aguantado todo el partido del Bernabéu como un ejercicio de expiación, no sé todavía de qué, pero expiación, como si ver el partido completo expurgase la parte de culpa que nos toca a todo zaragocista. A media mañana me salí a tomar un café para entrar en calor y me di una vuelta por el mercadillo de la Plaza San Bruno y vi el libro que publicó PLF en Mira editores y que todavía no tenía en mi poder. Después de haber visto el partido de hacía diez horas pasé de largo sin preguntar el precio, qué le den por saco al equipo. Pero a la altura del arco del dean me debió invadir el espíritu del Zaragoza siempre vuelve y regresé a comprar el libro, además adquirí otro de la Historia del Zaragoza de Antonio Molinos, aunque el día se prestaba para comprarlos y quemarlos en piras comunales. Estaban baratos, se nota que el Zaragoza cotiza a la baja.
No, ninguno de nosotros estamos hechos con frío. Mientras la directiva vuela bajo hace un frío del carajo.

22 12 2009
Fedra

Lo cierto es que Mario no comenta el frío intrínseco que habrá pasado en los partidos de rugby que haya disputado.Será por el calor interior surgido en cada melé mientras se inclinaban los cuerpos dolientes cabeza contra cabeza en torno al melón apepinado encuerado .Quizá en las penetraciones alcanzaba el climax cénit.ese éxtasis de conseguir la transformación vital para sus muchachos que le conferían alborozos entre los suyos y el jalear fervoroso de la grada entregada y rendida a su figura levitante.

22 12 2009
ornat

No logro reconocerme en la descripción, pero he pasado más frío entrenando al rugby que jugando al rugby. Jugando andas caliente siempre y no hay tiempo para la hipotermia. Eso sí: he caído en algunos charcos helados en los campos de Jaca o Sabiñánigo y por un momento sentí que me estaba bañando en el Cabo Norte.

23 12 2009
Fransoci

Querido Mario. Perdoname que discrepe de ti en cuanto a que por ser abonado el Zaragoza es tu Club, Yo fuí socio durante 36 años, desde los tiempos de Torrero y hace l6 años fui a pagar mi tarjeta anual a las Oficinas de la Romareda y al pedirles mi tarjeta de socio me preguntó un empleado con tono un poco despectivo que si yo era propietario de acciones, y al contestarle negativamente, me dejó bien claro que yo no era Socio, sino simplemente abonado. Naturalmente en respuesta a tan amable trato le exigi la baja. Sigo queriendo al Zaragoza porque 36 años de socio no pasan en balde pero tengo claro que hace años que los socios pasaron a ser simples Clientes de sendas Sociedades Anonima, como se puede ser Cliente de BBVA.

23 12 2009
Fransoci

Sr.Ornat. Te pido perdón por el error. El Comentario al que me refería no era tuyo sino del Sr. NIKKI RAMONNE. Me ha inducido cometer este error el que el Sr.NIKKI, inicia el suyo, con SR ORNAT, y he pensado era tuyo. Sostengo el contenido de mi comentario pero como es lógico en respuesta al del Sr. NIKKI
Felices Fiestas a los dos

23 12 2009
ornat

Hubiera perdonado la discrepancia y desde luego perdono el error. No podría ser de otro modo por razones que no vienen al caso público y que entre usted y yo no hace falta mencionar. No podría estar mejor explicada la relación club-abonado (palabra horrible, en todas sus acepciones) que en esa anécdota; ni yo podría estar más de acuerdo.
Pd: Los extrañaremos a la mesa en estos días. Un beso grande para los dos y Feliz Navidad.

24 12 2009
Sergio

Tarde de nochebuena; madres reinando en la cocina, Raphael haciendo gorgoritos en el camerino y el Rey lleno de orgullo y satisfacción.
Que felices días… alejado del fútbol…
Y que necesito contactar contigo, de modo que te dejo mi email, el habitual, para hacerte una propuesta. Deshonesta, por supuesto.
Abrazos para la familia Ornat!
Sergio.

27 12 2009
Fedra

Hubo un partido de Futbol en diciembre en la Romareda que fue especialmente helador.Jugaba laselección aragonesa entrenada por Victor Fernández.gANÓ AL EQUIPO DE cHILE POR 1 TANTO A CERO,OBRA DE jAVI sUÁREZ. aQUEL DÍA A LOS ESPECTADORES QUEFUERON AL CAMPO AHBRÍA QUEHABERLES PUESTO UN EMISOR DECALOR INCORPORADO A LA ENTRADA.

27 12 2009
ornat

Mucha gente nombra ese partido… al que yo desde luego no asistí por razones que no es necesario explicar. Esa noche la pasé al abrigo de unas apreciativas cervezas en el Bar Bacharah y creo haber escrito un somniloquio al respecto de la conversación que animaron los botellines. Sí,era éste: cómo pasa el tiempo… http://ornat.blogia.com/2006/123101-listas-y-listos-woody-allen.php

28 12 2009
Fedra

leído el comentario y elíad ala lista de ltus pelis favoritas de Woody Alleen coincido bastante pero añadiríauna que me parece sublime”Sombras y niebla”.Me gusta también aunque las últimas ya no me emocionan tanto.

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