Tan poco tiempo…

12 06 2009

La única vez que vi a Bunbury, yo llegué un poco tarde y él se marchó demasiado pronto. Fue aquel concierto en Independencia que el hombre abandonó a la francesa, un poco harto de la presunta dispersión del público. Yo no fui, porque andaba muy atento a la cuidada rectitud escenográfica de Bunbury, un tipo capaz de llenar el escenario de gestualidad teatral. Poco después de aquel incidente anunciaría una retirada temporal y yo pensé que siempre llego tarde a todas partes.  Había tocado El Viaje a Ninguna Parte, estupendo disco doble con el que partí hacia una atención creciente y en dirección retrospectiva a la obra más próxima de Bunbury. Él se fue y regresó. Mejor que nunca, hay que anotar, pero yo continué llegando tarde. Cuantas más ganas reunía de verlo en directo, más obligaciones o imprevistos se interponían. Me perdí su breve gira con Nacho Vegas en aquel El Tiempo de las Cerezas, una reunión fascinante en todos los sentidos; y también la reciente primera visita del Helville de Tour, en la que no sé que estaba haciendo yo para no estar haciendo lo que debía hacer. Previsiblemente, tengo complicado llegar al concierto de mañana, aunque no me resigno. El desencuentro ya ha hecho costumbre. Una pena porque, sinceramente, creo que su último álbum es soberbio, más allá de las (in)convenientes polémicas acerca de cómo se escriben las letras de las canciones; y si digo disco soberbio digo disco soberbio al punto de que se pueden contar con los dedos de una mano los músicos españoles capaces de construir un trabajo como ese, con la potencia de escritura y música que le otorgó Bunbury. Y puede que los dedos de esa mano sean amigos entre sí. Aprovecho para reivindicar El Manifiesto Desastre, el estupendo último trabajo de Vegas. Nos queda el presente, que ya es suficiente, y no nos debe faltar. Nos quedan canciones que llenen los corazones… y sobre todo las de los demás.

Lo que se cruza esta vez entre Bunbury y yo es el ascenso del Zaragoza, una ocasión mayor. No hace falta que explique el alcance del hecho, que supone (espero que suponga) la liberación definitiva de un sufrimiento -personal y colectivo- incalculable. No sé si me dará tiempo a las dos cosas, no lo creo. Sé que a las cuatro y media de la tarde quiero estar en la Plaza San Francisco con la camiseta que un día me regaló Charlie Cuartero, porque en este inminente ascenso no dejo de pensar en él. Y quiero sentir el zaragocismo desaforado de la gente, de la grada, de los muchachos. Y repetir la escena que siempre ha sido mi preferida: el paso del autobús con el equipo hacia el estadio. Es el instante más emotivo de todos los grandes partidos. En cada final he aguardado el paso del autocar hacia el estadio, mezclado con la gente. Sudando y cantando con la hinchada.

El sábado aún me guardaba otra cita que no puedo cumplir: el partido de veteranos en el Seminario de Tarazona, fiesta esencial de mi club y ocasión en la que hay todo lo que se precisa en una fiesta. Comida, bebida, rugby, compañeros, amigos, risas, calor y, si la cosa se pone tibia, algo de dolor. Suele ponerse tibia. A menudo acostumbra a ser un partido de marcadores y golpes bajos. Pero yo no estaré. Dejo un pequeño homenaje construido con música de The War On Drugs e imágenes propias y ajenas de los más de 40 años de rugby en el Seminario. La canción se llama Arms Like Boulders (Brazos Como Rocas). Un buen grupo, con una veta dylan muy notable en este tema y un álbum de americana muy recomendable. Es un modo bastante incompleto de estar donde no se puede estar. Como dijo el Joker en la primera e inigualada película de Batman: “Queda tanto por hacer, y tan poco tiempo…”.

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2 responses

15 06 2009
PILIER TOLEDANO

Me alegra ver que con el cambio de tu blog, no ha desaparecido tu gusto por escribir de rugby, echo por el cual me enganché a visitar asiduamente el mismo.
Espero que sigas deleitandonos con tus historias y alabando las cualidades de esa mistica y vererable hermandad que forman los primeros lineas del mundo.
Aqui tienes a un lector incondicional de tu blog y tus cronicas.
Un saludo desde la ciudad imperial.

15 06 2009
Mornat

Abrazos, amigo pilier. Desde luego que el rugby no faltará aquí. En absoluto. Está en mi naturaleza y pienso escribir todo lo que pueda y sepa sobre el rugby, grande y pequeño. El rugby que vivimos y llevamos dentro.
Abrazos desde la Ciudad Inmortal a la Imperial (que tanto y tanto me gusta).

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