La guerra de Quentin

20 09 2009

Inglourious Basterds, de Quentin Tarantino

Los futbolistas saben más de fútbol que los entrenadores, los periodistas y los fanáticos. No más acerca del contexto, la historia, los resultados, las estrellas, o las teorías. No. Frente a los sofistas del pizarrón, el crítico que jamás tocó una pelota y los entrenadores de sofá, los futbolistas son científicos experimentales: aprenden la naturaleza del juego, su esencia, el modo, la cinética del cuero y la maleabilidad de los nuevos materiales, las contradicciones del espacio-tiempo, la termodinámica de los defensas, la psicología colectiva, la teoría del caos y el choque de los cuerpos sólidos. Si no nos damos cuenta es porque van en pantalón corto y camisetas con números. Sería más fácil con una bata blanca, pero ni el médico va en el fútbol con bata blanca.

Del mismo modo, los actores saben más de cine que los críticos, los estudiosos, los aficionados y el espectador de las palomitas. En la mayoría de los casos saben más que los propios directores. Esa ventaja le permitió a Spencer Tracy decir aquella bobada irrebatible: “Actuar consiste en aprenderse el papel, decir lo que hay que decir y no tropezar con los muebles”. Luego podemos añadirle los principios del método, la psicología de las máscaras y todos los fundamentos de la encarnación que queramos. En el fondo, no deja de ser lo mismo. Boyero había largado en Cannes una espontánea tentativa de definición: “Tarantino constituye un género en sí mismo”, para a continuación defender la diversión por encima de la coherencia de los principios. Venía a decir algo que uno suscribe: no son mejores las películas de Isabel Coixet o las de Alain Resnais que las de Tarantino sólo porque tengan una mayor o una pretendida sensibilidad. Con modesta exhibición de la jerarquía aludida arriba, Brad Pitt remató con precisión la idea de Boyero. Es decir, lo ha expresado de manera aún más exacta: “La palabra Tarantino tiene su propio significado”, dice el actor. He ahí el principio y el fin del asunto: la semántica.

Tarantino tiene un significado, sinónimos y antónimos. Uno dice Tarantino y todos sabemos de qué hablamos, igual que uno dice botella y en la mente del que escucha se reproduce, tal cual, una botella. Una botella es lo que es: un recipiente para líquidos. Si uno intenta usarlo para jugar a los bolos, digamos, no funciona. Otros usos desviados de la botella suelen acabar en la sala de urgencias. Es lo que ocurre con las cosas, que hay que tomarlas por dónde hay que tomarlas. Esa correspondencia del apellido con el contenido le permite a Tarantino la libertad reconocida de hacer lo que le apetezca y que se lo admitamos; al mismo tiempo, lo condena a que nosotros jamás lo consideremos uno de los grandes. Pero sí el autor de un tipo de cine siempre disfrutable. Muchos directores tienen estilo definido. Ahora, cuando a mí me ponen delante a uno de esos autores “con universo propio”, yo me abro en guardia. Suele afectarlos la pretensión vanidosa de explicar el mundo del resto a través de sus obsesiones. Y siempre con las mismas reglas y en parecidos términos. Oiga, universo tenemos todos, que se sepa. No hace falta ponerse tan serio. El de Julio Medem ha terminado por ser un coñazo concéntrico, por ejemplo. El de Tarantino, sin embargo, es divertido. A veces mejor y peor expresado. No trata de explicar el mundo.

En mi experiencia con Tarantino se produjo una incongruencia inicial que nunca he logrado razonar. Recuerdo haber sentido como un puñetazo entre los ojos cuando vi Reservoir Dogs en los Goya. Me dejó la nítida impresión de haber escuchado un idioma desconocido. Cuando vi Pulp Fiction en el mismo lugar, me ocurrió lo que ahora les sucede a los críticos de Tarantino: me pareció incoherente, me pareció excesiva, me pareció gamberra y, ay de mí, me pareció poblada de personajes no sólo increíbles, lo que habría sido suficiente, sino también inadmisibles. Me hizo gracia Christopher Walken contándole a Butch niño cómo se había guardado en el culo el reloj de su padre, pero me pregunté qué tenía que ver aquello con lo demás… La película constituía un ejercicio de estilo en toda regla, creí yo. Poco más. Aún hoy, sigue siendo un misterio cómo aquello me pudo ocurrir. La segunda vez que vi Pulp Fiction pasó a divertirme de manera incontrolada, como si el tipo que concurrió a los Goya aquella tarde no hubiera sido yo. Y se reveló ante mí el manierismo de Tarantino con toda su carga de salvaje entretenimiento. El inserto con la escena del reloj, no digamos la digresión en el sótano del Tarado, las frases del señor Lobo y el propio señor Lobo tomaron entonces el significado que ya nunca han dejado de tener. Pulp Fiction es una de mis películas preferidas no de éste, sino de todos los tiempos. Me parece que no habrá tres películas que me diviertan tanto como Pulp Fiction, ni diálogos que me guste más escuchar: “Yo te diré lo que pasa con ‘tú y yo’: no hay más tú y yo…”. Y esas cosas.

Después del canon, vino la imitación o la expansión de esa semántica… Jackie Brown (aún estupenda pero ya no lo mismo) y, después, la decadencia más o menos contenida en los juegos paródicos de géneros menores: los dos Kill Bill, Death Proof y, ahora, Inglourious Basterds. Admito que Inglourious Basterds no sea una película memorable (aunque la gente aplaudió al final como si estuviéramos en La Croissette), pero hay muchas cosas memorables en ella. Todas convergen en una: la diversión. La película no tiene nada que ver con el género bélico ni falta que hace, porque para eso ya nació Raoul Walsh. Ni siquiera tiene que ver con la verdad. Hay partes del filme insostenibles, una violentación gamberra del concepto del suspense, ramalazos postmodernos en la estructura de la narración y escenas dilatadas, tensas como una goma elástica, afinadas como cuerda de guitarra. Hay personajes de broma (Rod Taylor como Churchill, Mike Myers como no se sabe quién), otros etéreos (Shoshana, su novio y el cine, una subtrama agarrada con hilos) y algunos construidos con verdadera seriedad dramática (nadie habla del Hitler de Tarantino, pero es un Hitler de libro como el de El Hundimiento) o con magistral interpretación: el Hans Landa de Christoph Waltz, sencillamente formidable. Pitt sigue agrandando su registro canalla gracias a Tarantino, Steven Soderbergh y los Cohen. Su bigotito recuerda algo a un Errol Flynn desbocado. En favor de Flynn diremos que él se desbocaba en la vida y no en la pantalla, al contrario de Pitt.

O sea… que ahora que se han cumplido 70 años de la Segunda Guerra Mundial y andan los periódicos entrevistando historiadores y juzgando revisionismos, Tarantino practica la perversión de la Historia de acuerdo a sus reglas de serie B. La cosa es sencilla: entre la pretensión de una Valkyria con Tom Cruise y su parche y los hijoputas sin gloria que dirige Brad Pitt, yo me quedo con éstos. Y además, éstos se cargan a todos: a Hitler, a Boorman, a Goebbels y a Goering. ¿Spoiler, dice usted? ¿Desde cuándo importan las tramas con Tarantino…? El misterio de Tarantino consiste en por qué tantas imperfecciones y tan variados excesos nos gustan mientras otro día cualquiera elevamos al altar el lirismo refinado y la ortodoxia narrativa. Buscar explicación es como comparar a Lubitsch con el director de Pagafantas, que perdone que no me acuerdo ahora de su nombre. El misterio es que no hay misterio. ¿Quieren un fallo? Éste: en ese cine faltaba Himmler.

Pd: No me gusta la traducción del título, Malditos Bastardos. Bastardo tiene matices muy distintos en inglés y en español, aunque no lo parezca. Además, las dos faltas de ortografía que Tarantino incluye en el título original no se reflejan. Aquí un hombre diserta sobre todo esto con bastante acierto. Y de paso me descubre un blog muy interesante.

Pd2: Para una crítica de verdad, y algunas aclaraciones acerca de las fuentes que explican cómo y por qué llega Tarantino a hacer una de presunta guerra, pinche aquí y verá París.

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19 responses

20 09 2009
Sonia

La vi ayer. Me ha gustado mucho tu disertación… ¡Y mi personaje favorito también es Hans Landa! ¿Cuál es la escena que más te gustó? A mí la de la taberna, cuando están jugando a adivinar el personaje de las cartas; me encanta la tensión y el ambiente que hay.
¡Saludos desde Madrid!
S.

20 09 2009
ornat

Esa escena probablemente también sea mi preferida: sin embargo, lo que más me gustó es la resolución, con el fugaz tiroteo en todas las direcciones. De algún modo mágico, Tarantino consigue que veamos todos los balazos a la vez, y eso que no vemos ninguno. Pero sí, es la escena más divertida. Esa y el interrogatorio a los prisioneros en medio del bosque, la llamada al del bate para que salga y las caras de Brad Pitt cuando Hans Landa le habla en italiano a la entrada del cine.

21 09 2009
davicius

Lo malo de que a uno le gusten las crónicas irreverentes de Boyero es que terminas por acudir mediatizado al cine. Me pasó el otro día cuando fui a ver, por aquello de los deberes conyugales, la aburrídisimahastadecirbasta “Mapa de los sonidos de Tokyo”. Lo mejor de la peli fue la visita al Sakura de después…..
Con “Malditos bastardos” sé que no me va a hacer falta leer ninguna crítica: Tarantino + Segunda Guerra Mundial tienen que ser sinónimos de algo más que divertido…. Y de paso, a ver si me sirve para quitarme algo la depresión de ver al Zaragoza, que fue incluso peor que lo de la Coixet….

21 09 2009
ornat

Yo al cine voy mediatizado siempre que puedo, aunque luego no hago ni caso. Soy una versión muy libre de Groucho: Tengo mis prejuicios, pero si hace falta los cambio por otros… A las críticas no les hago ni caso antes de una película. Es la ventaja que tiene ser periodista y dedicarte a ejercer el juicio sobre los hechos ajenos, que no te tomas en serio del todo ni tu propia opinión ni desde luego las ajenas. Por lo demás, no puedo respetar demasiado a los críticos, dado que como ya sabéis yo mismo ejercí en algún momento, lo que invalida la profesión de por vida.
Eso sí, sin acritud te diré que 1) uno no puede ir a ver Mapa de los Sonidos de tal y luego meterse en el Sakura, porque son hechos que se anulan entre sí. 2) no se puede ceder así como así en una cosa como el cine con la de medios que hay ahora mismo para ver las películas y al precio que se ha puesto la palomita. 3) el cine es un hecho solitario, por más que se empeñen. Aun cuando uno vaya acompañado, ha de mantener el espíritu de la individualidad. Basta con hacerse fama y después todo el mundo tiene mucho cuidado con las películas que te propone ir a ver… Es sencillo, créeme.

Pd: fíjate tú que al Zaragoza me lo voy ahorrando… Al campo aún no he ido y el domingo se marchó la imagen del pay-per-view poco después del gol de Marquitos, así que estrictamente es un partido que para mí no existió. Es que me estoy retirando del periodismo deportivo, os anuncio para escándalo general…
Abrazos

21 09 2009
davicius

Tomo nota del consejo acerca de lo de ir al cine sin compañía. Lo del periodismo deportivo ya se veía; no hemos leído crónicas tuyas desde hace mucho tiempo….. Espero que sea para aterrizar en un destino mejor…. Bueno, hay muchos destinos mejores que el periodismo deportivo, ¿no?

21 09 2009
ornat

Bueno, bueno, no tan deprisa… Del periodismo deportivo llevo intentando retirarme 19 años y aquí sigo, no es tan sencillo. Aún habrá crónicas que leer o no leer, firmadas por lo que queda de mí. Por ahora se trata de una retirada mental. Y sí, hay muchos destinos mejores: por ejemplo, la Antártida.

21 09 2009
rick

Que ganas de verla.
Por cierto en el registro canalla de Pitt yo añadiria al gitano de Snatch, del Guy Ritchie pre-Madonna.

Y bueno, deseando que retomes tus post rugberos, que son una gozada.

21 09 2009
ornat

Desde luego, el Gitano está entre los momentos más divertidos de la carrera de Brad Pitt. No lo nombré a sabiendas. Me niego contra ese farsante que me parece Guy Ritchie. Antes habremos de recordar, creo, a David Fincher y los dos memorables papeles que le dio a Brad Pitt en Se7en y, sobre todo, El Club de la Lucha…

23 09 2009
NIKKI RAMONNE

Las películas de Tarantino siempre tienen alguna escena memorable. Es nombrar cualquier película de Tarantino e irremediablemente te acuerdas de tal o cuál escena.

Para mí, la mejor, Reservoir Dogs y la escena del almuerzo: “tengo en la oreja izquierda la polla de Madonna y en la derecha a la chinita Tobi Wuan de los cojones…. (Harvey Keitel dixit)”. Like a virgin.

A ver que le digo a mi mujer para llevarla a ver una película de Tarantino…

Del Zaragoza, no coment, de momento. Ya que vamos de cine: “¡Siempre nos quedará París!”.

23 09 2009
nacho

Un post estupendo. Yo también creo en ese nuevo concepto universal: Tarantino.

24 09 2009
Jeremy North

La historia del reloj en el culo que le cuenta Christopher Walken a su hijo, el posterior Bruce Willis, en “Pulp Fiction” es lo mejor que he visto en prácticamente toda mi vida cinéfila, aunque la conversación en el café anterior al atraco de “Reservoir Dogs” también se las trae, en especial la del significado del “Like a Virgin” de Madonna.

“Jackie Brown” me parece la mejor película de Tarantino, por lo bien tratada que está la historia y muestra al Tarantino más comedido, pero no sorprende, algo que si hacen “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction”. También creo que desde Jackie Brown, Tarantino ha bajado algo su nivel, salvo en “Kill Bill 2”, que está muy trabajada.

A ver cuando puedo escaparme a los Aragonia para ver “Inglorious Basterds” en versión original.

Por cierto ¿soy uno de los pocos a los que les gusta mucho Brad Pitt como actor?, en los distintos “Ocean”, se come a los Clooney, Damón, etc., en “Snatch….” está impresionante como gitano y en la de “Benjamin Button” creo que tiene una actuación muy comedida e interesante.

24 09 2009
ornat

Jeremy… no sé si somos muchos o somos pocos, pero yo estoy en el club de esa lucha: lo declaré, breve pero enfáticamente, aquí: http://ornat.blogia.com/2007/011801-hablame-cielo.php
No me olvido de la fulgurante aparición en Thelma y Louise y desde luego de su papel en Babel, El Club de la Lucha o Se7en. Actor de registros muy variados y de presencia icónica al que le perdoné hace mucho haberme ido del cine en Conoces a Joe Black? El cine ha sido de muchos actores, a lo largo de la historia, pero desde luego también y quizá principalmente ha sido de los actores guapos. Brad Pitt pertenece a esa estirpe.
Muy aguda, y muy atinada, la reflexión sobre Jackie Brown, pero siempre voy a preferir ver antes Pulp Fiction y Reservoir Dogs. Le doy muchas vueltas siempre a ese tipo de cosas: ¿Si los sentidos imponen una película en nuestro orden de preferencias, por qué hay como una campanita academicista que nos impulsa a pensar que, en realidad, es mejor otra?

26 09 2009
Jesus Puertas Ruiz

Buenos dias, yo vi la pelicula ayer y debo decir que he llegado a un estado con las peliculas de Tarantino, que hace que no pueda parar de reirme, por cualquier detalle. Soy un apasionado de la historia y Tarantino por lo cual la mezcla no ha podido ser mejor.
Pero un detalle que pude ver en mi mismo y en el público del cine, los que degustamos el cine cine de Tarantino sabemos lo que vamos a ver, y creo a mi entender (y no ssoy ninún crítico) que se ha excedido con los dialogos en general, aunque son buenisimos por que con el maldito Landa sabes que les va a pillar desde el principio, pero me ha faltado un poquito mas de….no se como expresarlo.
Un abrazo a todos y a ti Mario porsupuesto.

26 09 2009
ornat

También yo tuve esa sensación: hay escenas demasiado dilatadas, que se le escapan un poco. Las salva porque es inmensamente hábil para hacer que los personajes digan cosas que te mantienen enganchado, para construir diálogos que sostienen todo el edificio, pero sí, hay un cierto exceso que a veces resulta molesto. Landa, por cierto, es uno de los que más los estira durante toda la película: con su estilo untuoso y afectado te hace desear que vaya al grano porque, efectivamente, sabes que los va a pillar a todos.
Abrazos, gracias

28 09 2009
Mr. Cromwell

Y ese masaje en los pies, ese great vengance and furious anger de Samuel L, esa Royal with cheese because the metric system, ese kangaroo con volkswagen y chopper, esa vanilla coke de Mrs. Mia Wallace, ese Marsellus con el , esa Esmarelda Vilalobos, ese I love you Honey Bunny, esa gran hamburguesa kajuna, ese bad mother fucker de la cartera… Y lo mejor, ese Vincent que nos devolvió a Travolta y que llenó la película. La primera vez que vi Pulp Fiction fue en inglés, en Londres, y no entendí ni papa. Ahora no la puedo ver en castellano. Pero no me canso de verla, aunque no sea en Londres.

28 09 2009
ornat

A mí me gusta cuando en su discurso de apocalíptica amenaza, Jules dice aquello de: “I will strike upon thee…”. Lo de “upon thee”, no sé por qué, me maravilla.

29 09 2009
Quincannon

A mí me gusta mucho el inteligente homenaje que Tarantino le tributa al cine con esta película. Desde la música de El Alamo (‘Green leaves of summer’) en los títulos iniciales hasta las constantes referencias a cineastas (Lang, Pabst, Riefenstahl..), actores (Emil Jannings), actrices (Brigitte Helm) y situaciones diversas que hemos visto en las mejores películas del género bélico. Como homenaje incluyo también la presencia de Christian Berkel (el tabernero calvo en la escena del bar), un tipo imprescindible en el cine bélico de los últimos años (El hundimiento, Valkiria, Flame y Citron, Salvoconducto) y uno de los actores que más me apasionan en la actualidad.
También me gusta que haya tomado la Segunda Guerra Mundial como le ha dado la real gana, sin ninguna lógica ni rigor histórico, para mostrarnos en pantalla el sueño secreto que millones de personas han tenido siempre: aniquilar a todos los jerifaltes de un plumazo.
En la sala de cine me di cuenta de que al público le gustó mucho, pero que hubiera deseado más protagonismo de los bastardos: Cada vez que aparecía uno de ellos, aunque no hiciera nada, ya empezaban las risas. Creo que la gente se quedó con las ganas de ver más cabelleras.
Saludos, Mario, muy bueno tu blog.

29 09 2009
ornat

Lo bueno de verdad es ese pedazo de comentario que eleva de un golpe el nivel de la discusión. Apodándose Quincannon, no cabría esperar menos: “Hijo, yo no he ido pacíficamente a ningun sitio en toda mi vida”. Viva el sargento Quincannon, Viva la Legión Invencible, la Trilogía de la Caballería, John Wayne, Ward Bond y Victor McLaglen…
¡¡¡Viva la Peña John Ford!!!
Abrazos

29 09 2009
Quincannon

Eso, viva la peña (zaragocista, por supuesto) John Ford, a ver si nos volvemos a reunir, que hace mucho que no hablamos del maestro.
Un abrazo

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