¿Usted no juega?

26 10 2009

El día que cumplí 40 años me cuidé mucho de celebrarlo. Para evitar cualquier tentación me largué a Londres, donde consideré que estaría a salvo porque esa es una ciudad en la que nadie conoce a nadie. Yo la crisis de los 40 la pasé a los 35, o un poco antes, no me acuerdo, y parece que aún me dura. Siempre fui algo precoz, igual que el pirata somalí. En general los síntomas coinciden, aunque con variaciones: en lugar de una moto de gran cilindrada o un deportivo descapotable, como suelen hacer los aficionados al Seagrams con Tónica Schwepps, yo me compré una bicicleta, una batería electrónica y una armónica con la que distraer las tardes. Por lo demás, el cuadro habitual. Empezaron a disgustarme los pelos de la espalda, consideré la posibilidad de atajar la infección seborréica del cutis con un tratamiento facial y me hice corredor aficionado de larga distancia, pensando en medios maratones y aun en maratones que reivindicaran mi condición de hombre-de-mediana-edad-en-el-mejor-momento-de-su-vida. Es decir, todo una conveniente ficción que enmascarase la realidad: el extravío, el desconcierto, el cansancio, la desesperanza, el hastío y la inminencia de la definitiva derrota.

En el mientras tanto, seguí jugando al rugby, confiado en que me mantendría ágil y despierto, inaccesible a la edad, inmortal, como me dijo un compañero el otro día. He pasado la barrera de los 40 en el campo. Pensaba que me sentiría orgulloso, pero ahora estoy confundido: me parece que he perdido el juicio y que me estoy equivocando de lugar. Como soy el opuesto de Shanti Andia, un hombre de inacción, he resuelto dejar pasar el tiempo sin tomar una decisión. En realidad, yo sigo a la espera de que el rugby me retire de un mal golpe, como viene anunciándome mi madre desde hace más de una década, o me envíe una señal definitiva, evidente, irrefutable, de que mi hora ha llegado. Mientras tanto, sustrayendo cada día mayor terreno a la realidad en favor de las utopías, sigo entrenando y jugando. Cada verano pienso que lo voy a dejar y luego viene septiembre y vuelvo al barrigazo. A ratos me pongo melancólico y mentalmente anoto lo que sería el arranque de una autobiografía apócrifa sobre mis días en el rugby. Diría así:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el talonador Aureliano Ornat había de recordar el día en que Angelito el Carnicero jugó de pilar izquierdo a su lado, con 45 años, después de proclamar frente al espejo y en referencia a su imponente torso desnudo: ‘¡Menos mal que esta mañana me he puesto los músculos!”.

Soy el continuador de una saga de irredentos, por lo que parece. Pero tal vez la señal que temía llegó este sábado. Ahora juego las medias horas finales de los partidos, un periodo indeciso en el que puede estar todo hecho o todo por hacer. Durante los 50 minutos anteriores aguardo en la banda, armado hasta los dientes, con las medias a la rodilla, el protector en la boca y la chichonera calzada en la cabeza. Después, a la hora de salir, me quito la chichonera porque me parece que hay algo pusilánime, impropio, en protegerme la cabeza después de tantos años jugando a cerebro descubierto. Cuando se aproxima el descanso me marcho a corretear por el fondo del campo y empiezo a prepararme para lo que venga. Ahora que anda por ahí la máquina de entrenar melés he encontrado una notable diversión arrojándome cabeza abajo contra sus felices almohadillas. Lo hice el sábado, a modo de calentamiento individual, y fue un reencuentro emotivo, porque uno ha pasado atardeceres muy hermosos retozando con esa máquina por las praderas del Seminario, llevándola de acá para allá, de lado a lado del campo, entre bufidos, pedorretas, expectoraciones, gruñidos y gargajos, todo manifestaciones de un mutuo amor entre el hombre y la bestia. Moverla jaleado por los compañeros es como sacar en procesión a un Cristo del que se es devoto: una experiencia religiosa. Puro erotismo trascendental. Sexo deportivo. Si un jugador de rugby se hace alguna vez director de cine porno (lo cual no está lejos de ocurrir) la escena en la que un ejercito de doncellas atenienses son violentadas por 300 espartanos sobre una máquina de entrenar melés pasará a ser un clásico del género.

La máquina de entrenar melés es el mejor amigo de un primera línea, si exceptuamos a otro primera línea. Los dos (las máquinas y los primeras líneas) presentan muchas similitudes: ambos son artilugios primarios, de robusta sencillez y muy concreta fiabilidad. Sirven para lo que sirven y eso lo hacen bien, con simplificado orgullo. No le puedes pedir a un primera línea que dirija a un equipo ni a una máquina de entrenar melés que te lleve a Barcelona. Tan parecidos son que, en ciertas ocasiones, uno puede confundirlos: a un primera línea le pones un impermeable rojo y es igualito a una máquina tapada con la lona para que no se oxide. No estoy exagerando. De hecho, hay primeras líneas con menos sentido común que una  máquina de entrenar melés; no es extraño verles abrazados a ella, hablándole a las espumas recubiertas de lona contra las que se enfrentan. Uno puede confiar en una máquina de entrenar melés: sabe guardar los secretos, aguanta los empujones, permite que le babees las aristas y tiene más o menos la misma agilidad que nosotros. Para un primera línea, el entrenamiento con su máquina es suficiente: empentar, empentar, empentar, hacer papilla los hombros, agacharse un poco más, siempre un poco más, contracturar todo los músculos del cuello y sus inserciones, y si acaso de cuando en cuando completar una serie de flexiones y otra de abominables, con el fin de relajar o hacerles compañía a los muchachos de la línea. Correr no es importante. La resistencia se gana empujando, eso lo sabe cualquier hombre a partir de la pubertad. De la velocidad ni hablamos: no conviene echar una carrera hasta la línea de 22 contra la máquina de entrenar melés, porque podría ganarnos. A los primeros líneas nos incomoda el exhibicionismo atlético. Y las máquinas de entrenar melés se quedan frías si las embiste alguien de menos de cien kilos.

Con nosotros a su lado, las máquinas de entrenar melés se sienten queridas y apreciadas en su justa medida. Nos saben iguales a ellas: un capricho de la ingeniería. De hecho, en las primeras líneas se han observado homínidos que asombrarían a la Ciencia y se pueden considerar auténticas maravillas de la evolución. Durante algún tiempo tuvimos en nuestro equipo a un primera línea rumano de al menos 160 kilos, de los que no menos de 35 serían cabeza. Hasta que no aprendió sus primeras palabras en español algunos no tuvimos claro que no estuviéramos alineando a un buey. Cuando le preguntábamos, nuestro astuto presidente se encogía de hombros y por toda explicación agitaba el documento con el transfer internacional. El tipo podía ser un rumiante, venía a decirnos, pero no un indocumentado. Por suerte, en la plantilla tenemos varios estudiantes de Veterinaria y les bastó observar (muy de reojo y con sumo cuidado) los órganos reproductores del especimen para concluir que al menos un Hereford no era. Momento en que el entrenador maldijo su escasa fortuna, porque ya se frotaba las manos pensando en explotarlo como semental en su granja. No falta quien sostiene que lo intentó, de todos modos. Observado de cerca, el muchacho tenía un corazón muy humano, formación en Teología, una amante enamorada que le guardaba la ausencia y la dignidad intacta en la distancia del exilio. Aun así, temíamos seriamente que se nos lesionara de gravedad. Primero porque en los partidos uno podía entregarle la pelota sabiendo que avanzaría docena y media de metros con varios saltimbanquis del equipo contrario colgados del cuello. Segundo, y sobre todo, porque si se rompía alguna articulación y quedaba inservible, nadie estaba seguro de dónde había instalado el Ayuntamiento el Punto Limpio más próximo. Ni cómo trasladarlo hasta allí.

A lo que iba: el hombre y la máquina… El caso es que, después de una buena serie colisiones contra el animal de hierro y espuma, me sentí preparado para acometer la media hora precisa de juego. Sintiéndome cálido y maleable, me dije: es hora de estirar para que esos músculos cuyos nombres ignoramos se presenten bien lozanos en la pasarela del campo. Hay un prestigio que defender.  Y, sentado sobre mis talones, en actitud de meditación trascendental, tensé los muslos y otras zonas blandas para retirarles varios años de encima. Cuando ya empezaba a sentirme joven, capaz de mezclarme entre los adolescentes que anticipan el relevo generacional, listo para enfrentar la caza del veterano que cualquier equipo desea practicar cuando tiene muy visto a un tipo concreto del rival, justo en ese momento en el que verdaderamente quería parecerme que nada había cambiado, que yo seguía siendo el mismo de las últimas dos décadas, que jamás estuve mejor, ni más en forma, y que en verdad soy un-talonador-de-mediana-edad-en-el-mejor-momento-de-su-vida, un Peter Pan del oval, un Connor McCleod del rugby… justo entonces pasó a mi lado un chavalín, me miró y, sin detenerse un momento, me preguntó: “Oiga, ¿usted no juega?”. Y mientras yo caía muerto sobre el césped, él se fue caminando hacia el otro lado del campo.

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20 responses

26 10 2009
Davicius

Es que la proximidad de los 40 es de esas cosas realmente jodidas…. Desde los 35, y mucho más ahora que ya queda menos para tan fatídica efemérides, nos ha dado a los amigos por pensar en deportes en los que todavía alcanzaríamos para ser olímpicos, ya que ninguno de nuestros miopes entrenadores se dio cuenta de que tenía a un Casillas o un Iniesta entre sus pupilos. El caso es que descubrimos el curling, ese deporte que se juega como si estuvieses practicando la petanca en pleno lago Michigan en invierno…. Inmediatamente pensamos que un deporte tan estúpido era ideal para nosotros, y que por supuesto no habría dios en España que lo practicase. Ahora nos hemos enterado de que en Jaca hay unos tipos que se nos han adelantado, así que hemos tenido que rendirnos a la evidencia de que definitivamente nos vamos a quedar sin pasar una de esas maravillosas estancias en la villa olímpica, con todas deportistas nórdicas de nuestros sueños, que eran en realidad el verdadero motivo por el que queríamos acudir a las Olimpiadas….

26 10 2009
kikone

Cuanto mal hicieron los Largo, los Viruete, etc… con eso de aguantar en los terrenos de juego hasta los 40 y pico…, o tal vez no, porque sentaron cátedra. Yo cada vez que me preguntan:
– “Pero, ¿aun juegas?”,
– “Por supuesto, hasta los 43 por lo menos… como el Angelito…”,
Lo divertido es decirlo en presencia de tu pareja, esposa, amante, etc.. es considerado como acción de riesgo…
Asi que Mario, aun te quedan 3 temporadas, o 5 si quieres subir el liston…

27 10 2009
tony

mmm, los 40 es una edad relativamente joven. Sino, mira Julia Roberts que bien se conserva.

La edad idela para seguir jugando al rugby es un concepto demasiado vago. El rugby siempre te permite la posibilidad de reciclarte en algo distinto con el paso de los años. curiosamente, la “involución” del jugador de rugby le reconvierte casi siempre en delantero, por lo que tú llevas unos años de ventaja con respecto a otros ilustres “vejestorios”, que evolucionan del más fino segundo o priemr centro al pillier o talonador más abrasivo.

yo espero compartir contigo aún dos, tres o cuatro años más, o los que hagan falta. mientras algunos como tú o el gordo pateador sigan, el viejo seminario seguirá vivo.

P.D. lo de la maquina de melés es acojonante. esta temproada he visto a getne conversar con ella. sería un buen tema para un somniloquio. Conversacioens entre el ohmbre y la máquina.

27 10 2009
ornat

Es la primera vez que alguien me compara, siquiera de manera indirecta, con la sabrosa Julia Roberts. Que el símil proceda de un compañero de línea demuestra que todo lo que he escrito arriba sobre la relación entre el hombre y la máquina de entrenar melés no era una exageración. Para hablar de rugby practicamos el realismo sucio, porque no hay otro modo de enfrentarse a ese tipo de historias. ¿Dos, tres, cuatro años más? ¿Alcanzar los 45 en el campo? Recuerdo haberme marcado los 32-33 como barrera máxima, y ya ves… Como Mike Jagger en los 60, cuando dijo que no se imaginaba que los Stones durarían más de 10 años.
En todo caso, mi reto no es permanecer ahí, sino ser útil. Ser uno más, de hecho. No la vieja cabra de la Legión a la que la gente aplaude por pintoresquismo. Que es lo que me hizo sentir, casi, el cabronazo ese de niño que pasó por mi lado…

Pd: hablando de edades… Morrissey sufrió un colapso la otra noche después de la primera canción y Swindon y tuvo que abandonar el concierto. A la hora de caer largo entonaba ‘This Charming Man’. Notable.

27 10 2009
tony

ya ves, los similes tiene estas cosas, te puedes equiparar a cualquiera.

no te quieres comparar con morrisey, que por lo menos creo que te saca unos diez años o por ahí. Por cierto, hace poco escuche por encima alguna canción de su recopilatorio(world morrisey creo que se llama), y me gustó.

27 10 2009
ornat

Sí, Moz ya es un señor de 50 años. Y World Of Morrissey… por ahí anda. Últimamente escucho mucho You Are The Quarry, que es fantástico, aunque nunca nos podremos arrancar del corazón aquel Viva Hate!.
El otro día, precisamante, cuando saludé a nuestra gran Punki particular y me preguntó qué tal me iba, le dije:
-Ahora me dedico a tocar la batería… voy a dejar el periodismo y formaré una banda de rock.
Él contestó:
-Ya no llegas a tiempo para morir joven y dejar un bonito cadáver.

27 10 2009
segundo

Curioso el tema de cuando dejar de jugar al rugby. El año pasado, con 25 primaveras decidí probar la aventura del rugby desoyendo cualquier atisbo de racionalidad que quedaba en mi interior. Ahora un año después, después de jugar mi primer partido como medio melé, mi única inquietud vital es durante cuanto tiempo podre disfrutar en el campo …

27 10 2009
NIKKI RAMONNE

Tempus fugit.

28 10 2009
ornat

…sicut nubes, quasi naves, velut umbra.

28 10 2009
tony

tu involución dentro del mundo del rugby con el paso de los años es una de las mas pintorescas. mientras el resto de los mortales, en sus últimos años de rugby, comienzan a lucir nobles barrigas y papadas golosas,y la numeración de su camiseta, tú casi te has visto reducido a tú mínima expresión y has estilizado tu figura. eres una rara avis.

29 10 2009
ornat

Naturalmente: soy el Curioso Caso de Benjamin Somniloquio.

29 10 2009
Eduardo

Ademas, seguro que la maquina se aprende la jugada de golpe de castigo a cinco metros antes que muchos primeras, de los que no vamos a dar nombres pero todos podriamos citar

29 10 2009
ornat

Seamos sinceros: la costumbre de ignorar los golpes de castigo a cinco preparados durante la semana es una vieja tradición del Seminario que todos los delanteros observamos con fidelidad. Mucho antes que cumplir indicaciones preferimos lanzar a un hombre, bien gordo si es posible, contra el muro. Es lo que nos va. Con los años recordamos con mucho mayor cariño una topetada bien sonora que un ensayo de pizarra.

29 10 2009
El aceitero

Mientras leo esto, siento como las lagrimas asaltan mi rostro, la descripcion que haces de la relaccion entre un pilier y la maquina … sublime. Solo los que hemos pasado por esos puestos de primera linea, sabemos del sentimiento y afecto que se procesa por esa “belleza”. Quien no ha corrido gritando a unos y a otros… rogando e implorando por un rollo de cinta americana, con el que frenar la hemorragia de muestra maquina. Nadie mas entiende, la necesidad de detener el continuo flujo de espuma que brota por la piel de lona de las protecciones, fruto de las continuas embestidas de un selecto grupo de personas que se han ganado con gloria el derecho de tener contacto carnal con “la maquina”.

Un saludo y que el barril no se agote.

Pd: ahora que estoy en el lado oscuro (arbitrando), siempre me pregunto como me veran los unos, doses y treses … y me respondo a mi mismo.. este sabe lo que aqui se cocina, relajense en la 3/4 que tendran poco juego.

29 10 2009
reinasalamandra

Joer, como me ha puesto la escenita esa de los espartanos, las doncellas y la máquina de melés. Denle un oscar ya !!!.

30 10 2009
Jesus Puertas Ruiz

Mario tu que de historia entiendes un poco, sabras a quien temían siempre los ejercitos y a quien no quierían tener en su flanco.

26 11 2009
e-maño

la llamada del adios Mario……..uff.

¿Te cuento la mía?. Verás, Despues de 30 años de oval, Despues de volver a sentirme como nunca en el campo, despues de utilizar al rugby como mi psicólogo, despues de jugar dos temporadas extras sintiendome útil para mi equipo. despues de ver a los cachorros de mi club como se volvían autosuficientes, llegé al momento sin esperarlo, sin pensarlo, sin prepararlo.

Getxo, Fadura, gran lugar para el ádios. Entro en la convocatoria a última hora, entro en el campo en el segundo tiempo…entro pero no me centro, juego pero no me veo, no disfruto, solo pienso en que se acabe el partido, se acaba, confusión……me siento en el vestuario antes de la ducha, miro, suspiro, miro a mis compañeros, sobre todo a los “viejos compañeros”, tanto años de lucha, de ayuda, de respeto. No podía hablar, te lo juro.

Y entonces, lo ví claro, era el momento, ese era el momento. Por respeto a mi deporte, a mis amigos, a mis contrarios. No podía entrar a un campo y sentir esa sensación. Sentí que el terreno de juego ya me había dado todo y que yo ya se lo había dado todo. Hablé con mis entrenadores, amigos y compañeros. Lo dije, frio muy frio, tanto que nadie osó decirme que lo volviera a pensar. Me pasé a las trincheras, al “otro rugby”. No he vuelto a entrar al vestuario, por si acaso.

Así que Mario, tú lo verás, verás ese momento y mientras tanto disfruta del barro, de la máquina, de Tony, de Goyo, de tus nuevos amiguitos. No tengas miedo, cuando sientas eso, habra llegado tu hora de pasar al “otro lado del rugby”, por que dejarlo, o que te deje será imposible.

29 11 2009
Germán

Yo también tengo 40, yo también sigo jugando… no encuentro el momento de retirarme…

1 12 2009
Gonzalo

Yo tengo casi 44, hay veces que me lo pregunto , últimamente después de cada partido… Pero siempre hay algo que a la semana siguiente me hace bajar a entrenar. Debe ser el olor de la Mele…

Lo que nunca quisiera es dejarlo… Ves, viajas a partidos internacionales, pero no es lo mismo… No hay nada como un partido y el fajarte hasta el final.

26 08 2010
marcial

me encanta como escribes y describes nuestro deporte sigue y no pares que a mis 19 años tengo compañeros, amigos y hermanos dentro de la cancha, en el bar y anexas que pasan los 45 jajaja
saludos desde mexico

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