Morir subido al larguero

2 11 2009

El Negro Fernando Gabriel Cáceres.
El Negro siempre tuvo el ojo izquierdo inyectado de sangre. El balazo que lo quiso matar le entró por el derecho, negando ese anticipo de lágrima que parecía apoderarse del blanco de su conjuntiva y que yo advertí la primera vez que me puse frente a él, admirativo de su adusto visaje de talla india. Fernando Gabriel Cáceres nació para el fútbol adornado por la agresiva prestancia que siempre distinguió a los caudillos del área. Tenía una mirada imperativa y el gesto curtido en el mismo lenguaje. En público lo distinguía la modestia de un perfil bajo que manejaba con naturalidad. Nadie supo que dejaba el Zaragoza (demasiado pronto, por cierto) hasta que Andoni Cedrún lo levantó en sus hombros al final del que iba a ser su último partido en La Romareda. Se marchó a Boca, regresaría al Valencia y recapituló su estancia española con un paso memorable por el Celta. Allí lo reencontré, años después, unos días antes de la final de la Copa en Sevilla. Aún con la misma nube de sangre en el ojo.

Fue baleado anteanoche en Ciudadela, en el conurbano de Buenos Aires, por un grupo de al menos cuatro delincuentes, entre ellos dos de 15 y 16 años que al parecer ya le deben a la Justicia alguna muerte anterior: la de un empleado de banca tiroteado en el mismo área hace poco más de una semana. A las pocas horas del ataque a Cáceres, la autoridad identificó a varios de ellos en la villa Carlos Gardel, un lugar de lírica brutal. Hace años, la policía le puso a esa zona al oeste de la capital federal un sobrenombre estremecedor: el Triángulo de las Bermudas. El vértice superior se situaba en otra cocina del infierno llamada Fuerte Apache; como la famosa comisaría de la policía de Nueva York a la entrada del Bronx. En ese tejido de poblaciones que rodean Buenos Aires se entrevera un argentino trabajador, otro apegado a sus orígenes como Cáceres, y un lumpen creciente de muchachos armados de desesperanza y plomo pesado, que le han reducido el precio a la vida hasta dejarla en una baratija de la que están resueltos a disponer sin segundos pensamientos. En ese entramado suburbial que rodea a la metrópolis, si uno se equivoca de cuadra puede entrar en una villa y no salir vivo. La suciedad política y la decadencia social van por desgracia pudriendo a la sabia Argentina.

Recuerdo a Gabi Milito contarme que su padre Jorge jamás se detiene en un semáforo, porque sabe que en tal gesto inerme de rutina puede entrometerse el lado más violento de la existencia. Unos guardaespaldas escoltan a cualquier hora la llegada de cada miembro de la familia a la casa de Bernal Oeste. Cáceres se dirigía a un encuentro con amigos cuando le cruzaron en la calzada el vehículo robado a un remisero, el chófer de uno de esos coches de alquiler que valen como taxis oficiosos en la ciudad. El hombre viajaba apresado como rehén en el asiento trasero de su propio auto. Junto a la mujer que acompañaba a Cáceres y que era su pareja desde hacía unos pocos meses, fueron los testigos presenciales del incidente. Frente al chico que lo encañonó desde afuera, el Negro trató de escapar marcha atrás. Él pisó el acelerador y el asesino apretó el gatillo. Querían su BMW pero, cuando vieron que la jerarquía de las armas no derribaba la entereza del Negro, resolvieron imponerla con fuego. Dos disparos cruzaron el parabrisas como si fuera de arena. Uno de ellos entró por el ojo derecho del Negro y sólo se detuvo al tropezar con su cráneo. Perdido el control, el BMW se estrelló a un lado de la vía. Ahora ese proyectil hace de interruptor definitivo para una vida: los médicos intervinieron ya dos veces al Negro, y después de la segunda declararon la terrible verdad. “Lo hemos dejado en manos de Dios”. No pueden sacarle la bala. Si lo hacen, Fernando Cáceres se muere. Si no lo hacen, Fernando Cáceres se muere también.

Entonces y ahora lo veo, con absoluta claridad, salir con la pelota desde el fondo y atravesar La Romareda de lado a lado para rematar el primer gol del 6-3 al Barcelona, una jugada repleta de la determinación que lo ha definido. Siempre lo habremos de recordar en una fotografía publicada en el número de aquella semana de mayon de 1995 por France Football, que he guardado durante todos estos años, apilada junto a decenas de revistas Onze Mondial y de los gloriosos dominicales de L’Equipe. Cáceres subido a horcajadas en el larguero de la portería del Parque de los Príncipes, con la Recopa en lo alto de un brazo como una espada. El Negro, subido al larguero sobre un abismo definitivo, pienso ahora. Y en francés, un titular que siempre me encantó: “Morir de placer”.

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11 responses

2 11 2009
tony

grande el negro. cuando el mercado sudamericano no estaba tan trillado como ahora, el zaragoza supo fichar a este grandioso central. espero que salga vivo de esta.

2 11 2009
davicius

Cáceres fue uno de los grandes de verdad, precisamente porque sin ser de esos jugadores mediáticos, presente en la portadas de los periódicos o en los programas de fútbol, supieron ganarse a todo un estadio tan difícil como el nuestro, y más para un central. Forma parte de ese reducido grupo de bastiones comprometidos con el equipo que hemos disfrutado en los últimos años, junto con el propio Gaby Milito o Xavi Aguado, y que tan díficil resulta encontrar hoy en día.

2 11 2009
Javier (de Buenos Aires, Argentina)

Excelente relato y a la vez muy triste. Lamentablemente los políticos, jueces, policías y el resto de los ciudadanos argentinos hacemos muy poco para terminar con estos sucesos trágicos. Al contrario: muchos políticos y policías utilizan a dichos engendros (llamarlos personas sería demasiado generoso). Todo vale con tal de satisfacer sus ambiciones de poder.
Gracias y saludos.

3 11 2009
ornat

¡¡¡Aguante el Negro, aguante la Argentina!!!

3 11 2009
Ruben

Gran relato. Lastima tu segunda y desafortunada frase : “El balazo que lo va a matar…” …

AGUANTA NEGRO!

3 11 2009
ornat

Tal vez sí. Tal vez deba cambiarla. Ojalá sea apenas una frase desafortunada (pesimista, corta de esperanzas, temerosa) y no la realidad.

3 11 2009
Jeremy North

Magnífico artículo, Mario. Triste realidad de un gran país que se está convirtiendo en diminuto por culpa de todos, supongo, empezando por esos gobernantes tan curiosos e incompetentes que suelen elegir los argentinos.

Aunque puede ser cierta, la segunda frase es posible que sobre, como dice Rubén.

¡¡¡AGUANTA NEGRO!!!, para mí siempre estarás subido al larguero del Parque de los Príncipes, henchido de alegría.

3 11 2009
ornat

Gracias a Dios la realidad está discutiendo esa frase (que ahora descubro tan polémica, con disgusto, claro). Cuando la escribí, todas las informaciones (no sólo las que llegan por agencia y por los periódicos, sino la de gente próxima a Fernando Cáceres con la que hemos podido hablar en Argentina) eran rotundamente pesimistas acerca de la suerte del Negro. Éste no nació con la intención de ser un texto periodístico, por más que yo sea periodista o por más que el periodismo esté debajo de cualquier cosa que pueda escribir. Es ante todo una impresión personal y muy íntima, como la mayoría de las que escribo en Somniloquios. Si creé este espacio fue precisamente para ensanchar a mi gusto los límites del periodismo y entrar en lo más propio, en todo eso que no cabe en un diario. Ya he dicho que la frase, seguramente, es pesimista, temerosa y desesperanzada; también rabiosa. Como todo el texto, en realidad. Y para quien la lea con afecto hacia Cáceres, desde luego dolorosa y excesivamente descarnada. Poco afortunada.
Pido disculpas a quien haya podido sentirse herido o molesto por ella. Sólo fue un exabrupto de impotencia frente a la realidad. Ahora que la realidad la está negando (ojalá que lo haga definitivamente, aunque las secuelas parece que serían terribles para Fernando Cáceres) siento que debo cambiarla. Si no acabo de hacerlo no es por orgullo; es porque me parece que dejarla ahí es una manera de serle fiel a la imperfección de quien escribe con las vísceras, de purgar el error y de aprender hasta qué punto un detalle entorpece un trabajo.
Gracias, abrazos

3 11 2009
los lunes al sol

En ocasiones la verdad es dolorosa y el que escribe en torno a la verdad puede provocar reacciones diversas a cada lector. Es el lector el que difícilmente causará daño al escritor. Siempre ha sido así, no debes porqué avergonzarte. Excelente artículo.

Mientras el Arsenal saca de centro, el negro Cáceres ficha por Boca Juniors, y así sucesivamente, en un bucle infinito.

3 11 2009
Lara

Todavía a estas horas sigo sin creer lo que le ha sucedido al Negro. Fuí la encargada de informar a mis padres y hermano de la noticia. Mi padre que estuvo en París no podía creerlo, mi hermano siquiera pudo reaccionar.
Cada momento que leo los nuevos informes y noticias respecto a su estado lo hago con miedo como si temiera pinchar en el enlace por lo que me pueda encontrar.
Quizá su cercana vuelta a nuestra tierra y la semana pasada que regresóa su casa, la Romareda, lo ha hecho si cabe aún más trágico.
Sólo espero que aguante y que las secuelas sean las menores posibles y que cuando este consciente le hagan recordar lo grande que es y lo que significó, signifa y significará su ascensión a la portería del Parque de los Príncipes de París para todos nosotros cuando elevó al cielo uno de los sentimienos más grandes que existen, el zaragocismo.

5 11 2009
Aitom

Bien escrito.

Cáceres era la seguridad, la certeza, el hierro complemento en el forjado de la estructura trasera de un equipo que se evadía de obligaciones en oleadas de fútbol. Sin el Negro, el fútbol se descompensaba, perdía su nivel de equilibrio.

Todos deseamos que los equilibrios de fuerzas disuelvan la gravedad de la maldita bala, que no la muevan hasta que Dios repare en ello.

Y mientras tanto… ¡Aguanta, Fernando!

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