Canciones para una década infame (1)

4 01 2010

Canciones para una década reúne los 50 discos que más le han gustado al personal de Somniloquios, que soy yo y mis múltiples circunstancias. No pretende ser una clasificación académica, huye necesaria y modestamente de cualquier tentativa canónica y es ajena a otra vanidad que no sea el gusto personal y los placeres que tales o cuales discos hayan proporcionado en uno o muchos momentos a lo largo de estos años, que diremos infames para que nadie se confíe. De ese modo, se hace difícil establecer una clasificación al uso, porque a partir de los digamos quince primeros las preferencias se hacen borrosas. Innecesario. Sí están claros los que ocuparán los primeros puestos, y ahí habrá una jerarquización de atrás adelante. Lo haremos de diez en diez. Si no les satisface la nómina de artistas y trabajos, no se preocupen, los que vienen serán mejores, e incluso puede que sean peores. En todo caso, empezamos por desgranar este racimo, de Editors a Son Volt, algunos poetas urbanos y otros salvajes, guitarras enérgicas, canciones suaves para las horas pesarosas y lúcidos enloquecidos.


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The Back Room – Editors (2006)
Cualquier razonamiento que quiera imponer para explicar mi moderada devoción por Editors está condenado al fracaso. Cuando los conocí me parecieron engolados y algo vanidosos en las formas; más tarde, mi subconsciente trabajó a su favor.  Debe de ser la asociación, algo exagerada creo yo, con Joy Division o Echo and The Bunnymen. ¿No había mucho en los 80 de todo eso que podríamos afearles a Editors, en tantas músicas que estuvieron entre mis preferidas? A ratos Editors me suenan demodés, pero resulta fácil perdonarles que suenen a un tiempo ya pasado.

The Last Holy Writer – Trembling Blue Stars (2007)
En una década hay tiempo de sobra para los días negros y las noches blancas. Trembling Blue Stars, banda londinense con muy poco trazo londinense, ocuparon muchos espacios de un periodo sombrío, en el que uno precisaba canciones que le masajearan el espíritu con mucho cuidado, sin apretar más de la cuenta. Pop melancólico, vitalista a su manera, perfecto para mirar a través del cristal de un autobús en viaje o para pegar la nariz como un niño al cristal helado de las madrugadas.

Give Up – The Postal Service (2003)
Lo primero que me gustó de The Postal Service fue el nombre de sus dos héroes: Benjamin Gibbard y Jimmy Tamborello. Tomás Fernando Flores los nombraba en su programa Siglo XXI con mucha gracia, alargando la ‘a’ de Tamborello, lo que hacía el nombre aún más eufónico. Estos dos americanos hicieron su disco a distancia, intercambiando archivos sonoros y pruebas por el servicio postal y el correo electrónico. De ahí su nombre. De ahí su álbum, una fugaz delicia de indie electrónico pensado para el consumo doméstico más que para la pista de baile. No han vuelto a publicar ningún otro, ejemplo de contención que debería cundir más de lo que lo hace. Música tecnológica con un alma indudablemente orgánica. Porque los robots no sólo sueñan con ovejas eléctricas.

Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus – Nick Cave and The Bad Seeds (2004)
La muy ponderada revista Pitchfork situó este denso álbum en el puesto 180º de los 200 mejores discos de la década 2000… Me parece que, proporcionalmente, coincidimos. Ni que decir tiene que los muchachos de Pitchfork (incluso las muchachas) saben de música mucho más que yo. Lo que no es tan seguro es que le tengan a Nick Cave y sus amigos barbudos la fe que les profeso yo. Pocas veces la dialéctica entre la brutalidad y la poesía -tensión permanente en Cave y los Seeds- ha encontrado un punto de equilibrio tan perfecto. Un disco con el que uno puede atravesar océanos de tiempo, como el Drácula de Stoker, y presentarse en el Juicio Final seguro de que estas canciones lo rescatarán de las noches más agónicas del Infierno y de la empalagosa repetición de los días soleados en el Paraíso.

Heliocentric – Paul Weller (2000)
Todas las flores se las llevan Stanley Road y su último 22 Dreams pero, si no fuera por la cubierta, una de las menos estimulantes que uno haya visto, éste sería el mejor disco de Paul Weller. Probablemente lo sea, aunque no podemos dejar de lamentar el sabor rodstewartesco de la fotografía, que anuncia al hombre maduro al que le gustan demasiado las guitarras, la ropa que ya no le pega con la edad y las mujeres con exceso de maquillaje. Fuera de eso, Heliocentric funciona en verdad como epicentro de lo mejor que ha dado Paul Weller a lo largo de su formidable carrera al frente de The Jam, The Style Council y su propio número; uno a veces escucha al fondo a la derecha a los Beatles en algunos pasajes, a un cierto McCartney de los setenta y, sobre todas las cosas, al excelente melodista que siempre ha sido el padrino del mod.

 

Lujo Ibérico – Mala Rodríguez (2000)
¿Qué dos cosas flotan en el agua? Los barcos y la mierda… Lo canta Mala Rodríguez. El rap/hip-hop está sustentado en estos pequeños descubrimientos cotidianos, de indudable potencia metafórica. El descubrimiento que me supuso María Mala Rodríguez es de un tamaño muy superior. Flow de dicción sevillana, de alcance incalculable, rimado de un modo muy personal, con el punto intermedio de seducción y chulería disuasoria que es obligado en el género. Si alguna vez sentí la tentación de ir a ver un concierto de rap, fue por culpa de Lujo Ibérico. Me sigue gustando escucharlo. Me sigue gustando la Mala. Uno de esos riesgos que a uno no le importa (no le importaría) correr aunque fuera por una vez en la vida.

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not – Arctic Monkeys (2006)
Como hicieron este primer disco, a Arctic Monkeys les podemos perdonar que hayan hecho los demás.  Hasta donde yo escuché (creo que el segundo, no sé si hay otros pero sospecho que sí) las canciones eran tan intercambiables que resultaba imposible distinguir dónde acababa un disco y comenzaba otro. Tal vez se trate de eso. Tal vez no. El caso es que escuchar este disco sigue siendo igual de divertido que el primer día; como volver a salir por los bares sucios de hace 20 años y tirarnos las jarras de cerveza por encima de la cabeza. Pero debe de ser que ya no tenemos edad para tanta condescendencia…

Jarvis – Jarvis Cocker (2006)
No va a faltar quien defienda que el segundo disco de Jarvis Cocker es mejor que el primero. Bien… Estamos de acuerdo. Pero a mí también me gusta mucho éste. El primer álbum de Jarvis Cocker después de convertirse en una persona de edad, enamorarse de una francesa e irse a vivir a París. Es decir, después de Pulp. Rezumante de la ironía habitual en el flaco de las gafas de pasta, Jarvis nos devolvió a un clásico en reinvención. Conviene no ponerse demasiado serio para comentarlo: Jarvis es bueno, no hay más que decir.

Is This It – The Strokes (2001)
Channel 4 consideró este álbum en el número 89 de los 100 mejores álbumes de todos los tiempos; la Rolling Stone, para no ser menos, lo nominó en el puesto 367º de los 500 mejores discos de toda la historia, supongo que sin incluir las guerras napoleónicas; The Observer lo puso en el 48º de los 50 discos que cambiaron la música… Y hasta la cubierta fue destacada como una de las mejores de nuestra vida actual y las anteriores. Naturalmente tenía que estar en la subjetiva clasificación del hombre somniloquio, cómo no. Al contrario de lo que le sucede al propio grupo -según hemos comprobado en los sucesivos discos- el tiempo mejora este trabajo.

The Search – Son Volt (2007)
Es muy probable que usted no haya oído hablar jamás de Son Volt ni de Jay Farrar. Uno tardó mucho en hacerlo. Todo empezó con Wilco y la investigación de los orígenes: empezamos por Jeff Tweedy y retrocedimos hasta Uncle Tupello, la banda embrionaria. Bien, en Uncle Tupello estaba Jay Farrar, que era la otra mitad de Tweedy. Y de ahí, otra vez hacia delante, hasta Son Volt… The Search, el título, oculta una contradicción o tal vez el júbilo oculto en un juego de palabras: es el fin de la búsqueda; es decir, el hallazgo. Un estupendo disco que uno escucha sin cansancio y que rebasa la etiqueta del country alternativo que tan ajustada le quedaba a sus trabajos anteriores. Tiene un sabor de base a praderas abiertas, armónicas en la noche de hoguera, judías cocidas en la sartén y café al fuego… pero con un sustento mucho más sabroso. La honestidad, la aridez de la frontera, la rudeza mejorada de los sonidos. Letras de innegable contrición y una contenida luminosidad.

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13 responses

4 01 2010
Fedra

de Steve Earle yDamien Jurado ,además de Wilco por supuesto ,incluirás algo en la selección?.Muybueno el detalle de los trembling blues stars a los que no situaba en tus coordenadas sonoras.

4 01 2010
ornat

Fedra, la lista ya está hecha de antemano… el trabajo consiste ahora en comentar cada disco sin ponerme muy pesadito. Y no adelanto quién está y quién no para mantener la (escasa) emoción o el mínimo interés que pueda tener el asunto. Lo digo con afecto. Cualquiera que me haya observado mínimamente puede imaginarse que Wilco va a estar en la lista: negarlo sería inútil. Sobre lo demás, veremos, pero desde luego Wilco son la banda de MI década, en todos los sentidos. ¿Si es suyo el mejor disco? Eso ya lo veremos… Y sí, Trembling Blue Stars están en mis coordenadas, que por lo demás son coordenadas bien desnortadas. Soy un tipo muy tendente a la música lastimera…

4 01 2010
Anónimo

De acuerdo con el de Jarvis Cocker, es mejor el primero que el segundo; Jarvis es un artista al que se le encuentra más a gusto en su lado melodramático que en el rockero, y por eso no me convence su segundo elepé.

Paul Weller siempre será un grande, como demostró en el concierto de la Expo. “Heliocentric” es muy bueno, pero el disco que más me gusta suyo de esta década es “As is now”, completísimo.

Nick Cave no ha sacado discos tan buenos como en la anterior década, pero el que has elegido está muy bien, tiene mucha energía. Por cierto, mi disco favorito de Nick es “The Boatman Call”, y sin embargo no coincido prácticamente con nadie de sus fans en mi elección…

Totalmente de acuerdo con los Strokes.

El resto no los he escuchado, ni el de los Arctic Monkeys, que les debo tener manía, porque no sé nada sobre ellos.

Muy buena la idea, Mario, a ver los siguientes diez, que ya tengo ganas que los saques.

4 01 2010
ornat

Sí, tenerles manía a los Arctic Monkeys es un ejercicio bastante gustoso y comprensible. De todo el arco de ‘maravillas británicas’ que suelen disparar al aire (e inflar) el New Musical Express, Cut y todas esas revistas, uno tiene dónde elegir: a mí me enferman gravemente los Kasabian, no me preguntes por qué. Y Franz Ferdinand también han terminado por caerme muy gordos. Por no hablar, desde luego, de Coldplay…
Por lo demás, el Paul Weller de la Expo fue monumental, eléctrico y enérgico como no lo esperaba. Me costó mucho tiempo que me gustara Paul Weller, vaya usted a saber por qué, así que me perdono a mí mismo la imprecisión de declarar Heliocentric el mejor si es mejor el que tú nombras. Lo probaré. Para compensar, confesaré que a mí me apasiona The Boatman’s Call.

4 01 2010
Jeremy North

El anónimo anterior soy yo, que no me entero de nada, el desastre del RZ está influyendo negativamente incluso en mis habilidades informáticas…

4 01 2010
Jeremy North

A mí también me pasa algo similar con las bandas británicas, prácticamente no soporto a ninguna; en cuanto les dan cancha en el NME se me van las ganas de escucharles. Tengo manía a los Arctic, a Kasabian y a unos cuántos más que no puedo aguantar ni 5 segundos de sus canciones. En cambio con Franz Ferdinand, que estaba empezando a odiarles, desde el concierto del Príncipe Felipe he recuperado mi fe.

Y pensar que en los 80´no soportaba a las bandas americanas y todo lo que me gustaba era británico…

4 01 2010
ornat

Yo creo que a la música británica, que en realidad es la mejor música (como el cine americano es el mejor cine), le hacemos pagar sin quererlo su carácter mayoritariamente hedonista y su deliberada condición juvenil. Así me explico yo ese proceso, que también he conocido. Los británicos siempre pretenden divertirse con su música; hacen y tocan música por el gusto de hacer y tocar música, que es una pulsión casi cultural en su caso y el modo de expresión juvenil más acabado. Los americanos, mientras tanto, suelen querer decir algo más, de sí mismos, de su país, de la sociedad o de todas las cosas a la vez. Y supongo que es más fácil identificarse con cada una de esas intenciones según la edad (y la acumulación de músicas) de cada cual. Naturalmente, esto es una generalización y, como tal, susceptible de excepciones a uno y otro lado de su relativa verdad.

5 01 2010
Fedra

En cuanto a tu percepciónsobre el cine siento discrepar Don Mario.A lo mejor soy muy amante del,cine Renoir del cine reflexivo sobre la vida,al amistad,la búsqueda del amor no encontrado.me chifló el silencio de tus ojos por cierto por la amalgama de géneros quese superponían desde ela comedia romántica,al thriller.

y volviendo a la músicadisfruté con paul weller en la expo aunque el momento culminante fue con un tema de los Jam.por cierto impresionante interpretar en el karaoke Going underground.,Y emocionante escuchar en vinilo Butterfly collector.Me va la melodía enérgica y las guitarras de la new wave.

5 01 2010
ornat

Todas esas inquietudes están en el cine de John Ford y en muchos otros autores mayores americanos. Ahora, si por americanos queremos entender sólo las palomitas, podemos hacer la misma reducción en el cine europeo y la cosa quedaría más o menos igual. Antes del Secreto de sus Ojos, prefiero El Hijo de la Novia.

5 01 2010
millertime

Los “otros” (tampoco se si hay más de uno) discos de Artic Monkeys no son de mi gusto pero, como dices, por este primero se les puede perdonar todo. Es el mismo fenómeno que ha pasado con otras bandas, no se si por que se les acabó la genialidad o por la entrada de las discográficas… pero que le pregunten a Los Campesinos: un primer disco brutal y un segundo infumable.

Respecto a los grupos ingleses, sí, es fácil tenerles manía… hasta que los ves en directo. Franz Ferdinand, Kasabian, etc. me encantan. Coldplay no tanto, no los he visto.

Gracias por incluir a Editors (una debilidad) y por descubrirme a The postal service (vaya temazo!).

Yo… me bajo aquí.

P.D.: no iré nunca a un concierto de esos pero viene la mala… compraré la entrada (Rap para gafapastas, jejeje)

7 01 2010
davicius

¡Lo que nos faltaba para tenernos enganchados a Somniloquios……!
Yo aprovecho para reivindicar las bandas británicas de aquí a la eternidad. Qué hubiera sido de nosotros sin The Smiths, los primeros Oasis o los Stone Roses, por citar solo tres de las decenas de magníficos grupos de las últimas décadas…..
Y qué gracia encontrarme entre tus gustos con los Editors (es de esos grupos que da un poco de cosa reconocer que a uno le gustan, pero a mi al menos me han llenado una cuantas horas de placer) y a la Mala Rodríguez: grande, grande, grande…….
Abrazos.

7 01 2010
ornat

Qué hubiera sido de nosotros sin Joy Division, New Order, The Clash, The Fall, y de nuestras fiestas nocturnas sin los himnos beodos de Happy Mondays. Dónde estaríamos si un día no hubieran aparecido los Beatles… Espero que, a estas alturas, nadie entendiera mal el comentario sobre las bandas británicas. Si de algo no puedo ni hacerme sospechoso a mí mismo, es de desafecto a su música. A casi nada, en realidad.
(Ahora resulta que nos gustan los Editors: y yo que pensaba que habría de terminar escuchándoles en alguna catacumba o en un sotano mal ventilado).

8 01 2010
tony

pues a mi el aire ochentero de la musica de editors me puede……… meloodias muy sencillitas que te entran superfascil al oido. muy grandes. auqneu yo personalmente me quedo con el disco posterior, con ese temazo que es “fumando fuera de la puerta del hospital”. chapeau

me has sorprendido con la eleccion de la mala. toda una pionera antes de que el hip-hop se masificara.

y como no, como no ibas a incluir algo de jarvis cocker jajajaa…. si es que te puede

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