Yo lo dije antes…

30 04 2010

No es por nada ni por señalar, pero un 2 de mayo de 2007 (!), en el viejo Somniloquios, el incesante velocista publicó esto:

Todos los caballos son del Barça

Tengo dicho hace tiempo que si verdaderamente el Real Madrid quiere desmontar el garito azulgrana durante unos años, al modo en que lo hizo Florentino con el fichaje de Luiz Figo, debería fichar a Mourinho. Otra cosa es si la crítica soportaría la colección de tractores que el portugués despliega en cada partido, al menos en el Chelsea, donde unos jugadores se parecen mucho a otros y todos se hacen borrosos en el conjunto de un equipo que suele comportarse como un agujero negro: se traga todo el fútbol del contrario y lo reduce a polvo cósmico. No sé si eso funcionaría en un lugar en el que Capello ya es anatema; ignoro si Mourinho tiene más registros como entrenador. Pero su mezcla de agitación, enfrentamiento, denuncia, sospecha, psicología, ansiedad, competitividad, ambición y talento convertiría la rivalidad de estos cien últimos años entre Madrid y Barcelona en un juego de niños. Yo creo que el Barcelona no podría superar el martillo que supone Mourinho y se derrumbaría a la mínima. Pese al evidente dominio de las dos últimas décadas, de Cruyff aquí, a la imposición de un estilo que ha mejorado el fútbol español, a las victorias y a los jugadores, el Barcelona aún se siente menor, vulnerable, agraviado y, por qué no decirlo, perdedor. Es el peso de la historia. ¿Por qué los caballos son desconfiados y tienen los ojos en los lados de la cabeza? Porque durante miles de años de evolución natural fueron presa de otros bichos nada equitativos (precisamente), y permanece en ellos ese acollono atávico tan barcelonista. Conclusión: todos los caballos son del Barça.

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N. del A.: Cuando Maicon protagonizó su escenita del hombro, apenas al cuarto de hora de partido, y todos los barcelonistas exhibieron su ansiosa indignación, le dije al cuello de mi camisa: “Ruina”. Y ruina fue.

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Canción de amor que se aleja

27 04 2010

Puede que tenga que ser con música, que llena de principio a fin los días. Puede ser que así volvamos. Me prometí hace mucho que el día que muriera Samaranch contaría la comida en la que participé con él cierta mañana lluviosa de 1999 en Lausana. Lo prometí y he de cumplirlo… Mientras, la música y los libros, sustancia decisiva en la supervivencia. Martin Amis (ahora) y Onetti (ahora y siempre…); y el último, denso, intenso cancionero de Enrique Bunbury, quien sigue escribiendo piezas que muy pocos (en mi modesta opinión) podrían escribir en este país. Después del trallazo de ‘Helville de Luxe’, el perfil íntimo, serenamente desgarrado de ‘Las Consecuencias’, más cerca del inolvidable ‘Pequeño’, pero sin ser ‘Pequeño’. Y esta revisión de Jeanette, que vibra dentro y remueve el edificio entero. El vídeo oficial está requisado (!); la voz femenina es Miren Iza, de Tulsa.

Queda, qué poco queda / de nuestro amor apenas queda nada
apenas ni palabras / quedan…

Queda sólo el silencio / que hace estallar la noche fría y larga / la noche que no acaba / Sólo eso queda… /

Sólo quedan las ganas de llorar / al ver que nuestro amor se aleja
Frente a frente bajamos la mirada /pues ya no queda nada de que hablar
nada…

Queda poca ternura que  alguna vez haciendo / una locura un beso y a la fuerza
Quedan… 

Queda un gesto amable / para no hacer la vida insoportable / y así ahogar las penas  / Sólo eso queda…

Sólo quedan las ganas de llorar / al ver que nuestro amor se aleja
Frente a frente bajamos la mirada / pues ya no queda nada de que hablar
nada…

[Frente a Frente, por Enrique Bunbury]





Canción de amor del ausente

13 04 2010

En mi ausencia, agradezco las atenciones… que recibo como enfermo imaginario. Dejo una canción (‘Manchild’, pequeña nana desesperada de la banda de Mr. E.)  para que quede constancia de que sigo vivo o al menos eso parece, convaleciente si acaso de la patología del silencio: no siento que haya nada que decir o tal vez sea que ya lo haya dicho todo. Que no era tanto, claro. En algún momento pensé que escribir me hacía falta para vivir, pero aparte de servir como titular empalagoso para una entrevista imaginada, a esa frase ya no le queda casi nada de verdad. Según como se mire, es una liberación. Uno no puede depender decisivamente de nada. Desde luego, no debería depender de las palabras.

Cada vez que te mueras por mí / estaré ahí
y todo lo que ansíes / lo compartiré
Me quedaré a tu lado / en silencio
Mientras, muy despacio, / muero por dentro

Tómame en tus brazos
y déjame ser el único /
el que se siente como un niño enamorado

Cada vez que hablo contigo / estás hundida
y siempre que necesitas reírte / me tienes cerca
y cuando olvidas que sigo aquí / es que no estoy
No soy en realidad a quien has olvidado

Tómame en tus brazos
y déjame ser el único /
el que se siente como un niño enamorado

Susúrrame ahora / y cuéntame cómo
vas a cuidar de mí / y a decirme
que, de alguna forma, estaré bien…

[Manchild, de The Eels]