Esfinges en El Cairo

5 06 2010

The Charlatans, siempre iluminados por su música prístina, lúcida, de sonido y aroma fragante como agua de colonia.

Sin haber ido jamás a Egipto, uno pasó noches inolvidables en El Cairo. Las mil y una noches, tal vez. Sometidos al poderoso influjo de la luna, escuchábamos el canto de juglares que desenredaban relatos con los que sentirnos inmortales y escapar de la mañana, cuando la luz nos decapitaría. El Cairo tenía, como las pirámides, una antesala oscura de doble puerta, pero adentro guardaba un secreto confesable de música y luz, el tesoro de Manchester: en la cámara principal pinchaba The Crayola Kid (aka Juan Carlos) la mejor música de aquella ciudad, que era la mejor de ésta y todas. E íbamos a abandonarnos en el ritmo trascendental de los Stone Roses, en la poesía declarada juerga (diría Tony Wilson) de los Happy Mondays, en la clase juvenil de hermoso desenfado de los Charlatans. Había muchos otros, claro, pero esos tres resumen el sonido de aquellas noches. Las noches de El Cairo, tantas noches y los días angostos que las enmarcaban. Las pinturas egipcias de las columnas, los perfiles bifrontales, el laberinto rubio de Marina,  las esfinges agitadas al ritmo de la luz, el sudor en vaso de cristal y el alcohol tranquilo licuado en la sangre para alimento de las pasiones. Nada de esto pude dejar de recordarlo mientras veía a los Charlatans en el Primavera Sound. Ese era el sonido, así se movían, a eso olían las esfinges de El Cairo.

No fui consciente de la dimensión emocional que iba a tener el concierto de los Charlatans hasta que empezó la música. Sabía que interpretarían Some Friendly completo, su primer disco, que cumple 20 años. Enseguida me di cuenta de algo: no se puede sonar tan bien como sonaron los Charlatans sin ser responsable de alguna culpa mayor. Tal vez si las tienen las hayan purgado ya a lo largo de una trayectoria de vigencia incontestable, en la que siguen ocupando el lugar secundario que siempre pareció corresponderles en la escena mancuniana. Quizás ese haya sido el secreto de la longevidad, de la eterna juventud que transmiten Tim Burgess y los demás. Hubo en su actuación una clase hors categorie, que dirían en el Tour. Recuerdo haber visto a pocos grupos con un sonido tan prístino, limpio, hecho de fundamental nitidez, cálido, sinceramente hermoso. Y no hablo de virtudes técnicas, que también, sino de una esencia interna que va más allá de todo eso. Los Charlatans siempre sonaron limpios y frescos como un suave perfume juvenil. Como agua de colonia. Inmaculados.

Yo tenía pensado acabar el Primavera cruzando la madrugada de la mano de los Pet Shop Boys hasta subirme en los haces de luz de Orbital y desde allí contemplar el último amanecer del Mediterráneo. Y sé que me perdí una portentosa actuación de los primeros, exhibicionistas brillantes de graciosas obsesiones. Pero ya había decidido que la regresión propuesta por los Charlatans me era suficiente. Y tan difícil regresar de ella… Y que nada podía sonar mejor ni acabar mejor que como lo hicieron, con una portentosa exhibición de su baterista, que consiguió hacerme acordar de aquella burda frase dicha por una fan incondicional (en el más amplio sentido de la palabra) acerca del rapero gangsta llamado Ice-T: “I’m totally and completely ON-HIS-DICK!”.

Así que reuní en una bolsa lo que quedaba de mi cuerpo y salí despacio. Y así acabó el Primavera. Y aquí termina su recreación.

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5 responses

7 06 2010
davicius

Qué grande, “El Cairo”. Es verdad que era el lugar donde mejor música escuchar (junto con el Central). Por otro lado, era también el de las chicas más guapas de la ciudad, lo que lo convertía en visita obligada todos y cada uno de los fines de semana de aquellos estupendos años….

7 06 2010
ornat

Era la ruta triangular: Central, Cairo, Sacher… Y si la cosa se ponía muy brava, lo cual no era raro, agotar todo lo que quedase (literalmente) en una de las sesiones de la En Bruto. Puede que haya idealizado aquel recuerdo, pero la realidad no debe alejarse demasiado de lo que me dice la memoria.

8 06 2010
davicius

Es es, el Sacher. Lo había olvidado por completo. En mi particular itinerario zaragozano la sala En Bruto no era lo más frecuentado. A cambio, con los años descubrí un garito, antro por antonomasia, que me encantaba: el Hendrix, ubicado en una callejuela sin salida de Tenor Fleta…..

31 10 2011
Anónimo

Hola, soy crayola kid, gracias por la mención. Me alegra saber que puse banda sonora a vuestra noches…

1 11 2011
ornat

A sus pies, señor. Siempre.
Y un gran abrazo.

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