El Mundial, de espaldas

14 06 2010

El Diego y su barba encanecida hacen un busto interesante. Un consejo: guárdese al Pipita y ponga a Milito de una pinche vez.

Después de veinte años de ejercicio profesional y cuarenta de existencia, uno casi ha vencido el tormento por la naturaleza elusiva de los Mundiales. Durante años resolví consolarme con una ley de proporcionalidades convenientemente arbitraria: yo tenía las mismas opciones de ir como enviado especial a un Mundial que España de ganarlo. No hace falta decir que pervivía bajo tal formulación una fina rabia de ambición traicionada. Casi infantil, como demuestra esta pataleta. Estamos de acuerdo. Pero no vengamos ahora con objeciones: muchos de ustedes acostumbran a afearme la ausencia de una ilusión concreta, de ambiciones vitales definidas, la consabida meta existencial. Ahí va ésta, ya confesa en alguna comparecencia anterior: el único interés que me fue quedando por el periodismo con el paso de los años fue el de contar unos Mundiales o unos Juegos Olímpicos. No ha ocurrido. Acepto que no no ocurra nunca, ahora ya sí. Y para completar la derrota, si hemos de ponernos dramáticos con el término, a esta hora parece haberse operado una modificación decisiva:  pasan los campeonatos y yo sigo del mismo lado del televisor, mientras que España cobra verdadera naturaleza de candidata al triunfo. Lo cual indica que nuestra amargura podría, por primera vez desde que yo empecé a ver copas del mundo en 1978, presentar una concluyente divergencia.

Tal cosa habrá de confirmarse en estas próximas semanas. En lo que se refiere a mí, vuelvo a parapetarme y disparar con espuma de jabón desde el Somniloquios mundialista, ahora que los diarios arden con bitácoras de cualquier tenor referidas al campeonato. Al Mundial ya va cualquiera, así que el día que me llamen no pienso acudir; y del Mundial habla hasta el gato, de modo que aquí no vamos a ser menos. Como ya ocurrió en la anterior edición, advierto de que la incoherencia y heterogeneidad (ésta muy mal entendida, por cierto) animarán los comentarios que aquí dejemos. Conviene también avisar de que la serie empieza hoy y podría acabar también hoy mismo: todo dependerá de la capacidad de apelación y divertimento que sea capaz de generar el campeonato en alguien de atenciones tan dispersas como el hombre somniloquio. Del primer fin de semana puedo inferir ya una conclusión que he de compartir: el fútbol cada día me aburre más. ¿Soy yo o de verdad los partidos, todos los partidos que he mirado -muy de soslayo por cierto- han resultado una severa castaña? Debo de ser yo. Antes de nada, declaro en honor a la verdad que he pasado semanas de radical desintoxicación de fútbol, desde que terminó la Liga esa que juega el Zaragoza. No vi ni uno solo de los encuentros de preparación de la España, porque terminé el campeonato doméstico harto, abatido, desinteresado por la suerte de unos y otros, con un rampante hastío de balón y portería. Todo cruzado por la nítida impresión de que no sería capaz de mirar un partido del Mundial hasta, al menos, los cuartos de final. Y la verdad, no se puede decir que haya visto ninguno. Así que éste bien podría ser el primer blog sobre el Mundial en el que el autor no ve el Mundial. En otros lo parece. En éste será verdad: el Mundial, de espaldas.

Ese señor de rojo que señala con muy poca educación es el seleccionador de Alemania: hasta que no leí hoy el nombre en los diarios, fui incapaz de saberlo. En cuanto no se llaman Vöeller, Klinsmann, Vogts o Beckenbauer, me pierdo... Lo mismo con los futbolistas.

Hagamos números. Me dormí antes de que empezara el partido inaugural y luego bajé a montar la flamante batería acústica que me he hecho instalar en el búnker del trastero, por si viene una guerra mundial y puedo hacer ruido sin que nadie se preocupe de mis patadas al bombo. Cuando regresé a casa, México y Sudáfrica seguían en lo suyo. La taba esa que metió Thasabalala me agarró mirando a otro lado, desde luego; para el de Márquez ya me había ido a hacer algo más interesante, que desde luego no era trabajar. Lo de la noche, que fue Francia con no sé quién, me dejó de interesar en cuanto cantaron La Marsellesa, lo que más me llama la atención del hecho francés. Perdonen ustedes pero yo no puedo interesarme por un equipo que, a estas alturas del siglo, presenta a Anelka por delantero. El sábado andaba este cronista resfriado, a resultas de lo cual visité la farmacia y le dije a la chica del otro lado del mostrador: “Dame el producto más potente que haya en el mercado para un catarro bien común”. Sin decir palabra, la muchacha ingresó en esos cristalinos pasillos interiores de la botica y salió con una caja de apariencia mundana. Pero anunció: “Prueba esto, lleva doble de todo”. El doble de todo hizo su trabajo: me tomé el ácido sobrecito después de comer y sólo me desperté a diez minutos del final del partido de Argentina contra Nigeria, que agarré (y ahora hablaremos de eso) por un stream de internet en el que lo mismo relataban en lunfardo que en metálico alemán. Disculpen que no emita aún juicios de valor sobre la Argentina. Sólo advierto esto: si el Diego hace algo grande con Samuel, Heinze, Higuaín y Verón en el equipo titular, doy la vuelta olímpica al Obelisco de la 9 de julio este mismo verano. Respecto a Inglaterra, lo sé todo. La tengo por una selección mediocre con un futbolista por encima de la media pero físicamente tocado (Rooney),  jugadores en franca caída respecto a sus mejores días (Gerrard, Lampard, Terry), y un prestigio indefendible. Conjunto del que sólo podría animarme un milagro Capello. Yo no soy nada del entrenador Capello, pero sí mucho del personaje Capello, que me parece fantástico. Visto lo poco que vi, creo que ni siquiera Fabio puede hacer andar tal armatoste: no tiene portero (hace siglos), no tiene centrales, no tiene centrojás ni delantero respetable. A estas horas uno no puede ir a ningún lado con Heskey y Crouch: Lineker en pantuflas les da cien vueltas a esos dos…

El domingo, a la hora de los serbios y los ghaneses me fui de vermú; no ver a Eslovenia me pareció una cuestión de principios; para cuando llegué a Alemania, ya ganaban 3-0. Yo quería verlos, lo prometo, pero me fui a dar un paseo crepuscular y cuando me di cuenta me había quedado dormido al borde del Ebro, sobre la fresca hierba ribereña, en alegre estampa dominical de una implacable decadencia. Leo crónicas muy entusiastas acerca de la transformación alemana, posibilidad que me intriga bastante: ¿Pueden transformarse los alemanes? A simple vista valdría la presencia del moreno Cacau o el filoturco Mesut Özil para sancionar la conjetura, pero con los germanos las apariencias nunca fueron

Ya sabemos que el Jabulani es un experimento científico, no un balón, pero basta ya con el verso de la pelotita en cada Mundial, siempre lo mismo. El porterito inglés se hubiera comido igual un Tango del 78, que era el balón perfecto.

un indicador fiable. Suele decirse de manera muy ligera que los equipos alemanes son eficaces pero mediocres. Los ha habido de ese tipo, por supuesto, pero la mediocridad alemana (como la brasileña, aun de otro modo) tiene muy poco que ver con la mediocridad del resto. La eficacia, también. Entre la mediocridad alemana y el brillo holandés (que fue Cruyff y sus alrededores, nada más, por más que se empeñen), prefiero lo germano. Por ahí alguien ha subrayado que su mejor equipo fue el del 74, excluyendo todo lo demás. Pero no olvidemos el del 82, que me parece bastante formidable, ni desde luego los del 86 y el 90, por nombrar alguno. Y de paso, recordemos que golearon a Australia, y tal: o sea que, por ahora, lo que ha logrado Alemania es parecerse a España en eso de golear en la primera fase. No me culpen de la ironía: son muchos años de costumbre como para incurrir ahora en el entusiasmo. Y sin embargo, estamos rodeados…

Por lo demás, el verso del balón de playa que detestan los porteros por su engañoso vuelo ya ha hecho tradición en estas competiciones. Es parte del paisaje, de la rutina, de la liturgia. Ahora se llama Jabulani como antes tuvo otros nombres. Desde que murió el Tango, sobre todo la versión original, no ha habido otra pelota igual. De hecho, esto último no son pelotas, son artificios ideados para jugar con ellos al fútbol, pero no balones de fútbol. Yo tuve uno de esos Jabulani en la mano hace no mucho tiempo, cuando fui a comprarle a mi sobrino un balón de reglamento, y juro que tocarlo me produjo la misma aprensión que acariciar una serpiente. No tenía el tacto de una pelota. Ni siquiera el de una pelota moderna, porque hace años que las pelotas ya no observan el tacto del que guardan memoria nuestros dedos: el cuero, los pentágonos, los cosidos y demás… No sé, son livianas, sin costuras, perfectamente redondas, no presentan errores ni discontinuidades geométricas. Son esferas científicas, ideadas por ingenieros y matemáticos. Yo me pregunto: si ponen uno de estos balones en el Mundial del 70, ¿cuántos goles hubiera hecho Rivelino? No menos de veinte, me atrevo a calcular…

Por lo demás, sabido es que los Mundiales sólo sirven de verdad para hacer avanzar la ciencia en dos campos vitales para la supervivencia de la especie: el de la elaboración de pelotas de fútbol, ya glosado, y el de los aparatos de televisión. Puede que en Argentina, Alemania o Italia recuerden cada Copa del Mundo por sus equipos, pero en España cada edición tiene que ver con un televisor, o casi. Ahora que la única alternativa son las 3D y la Alta Definición, yo no tengo ni siquiera canal de pago. Cuando los gurús de la Comunicación anunciaban hace años que los Mundiales acabarían emitiéndose en canales pay per view, me parecía una monstruosidad, un sacrilegio, desde luego un drama del que habría que huir abonándose a lo que fuera, a cualquier precio. Ha ocurrido y aquí estamos, tranquilamente. Sin imágenes. Cuando las hay, sin sonido, no sea que nos azote el trompeteo sudafricano o los comentarios de JJ Carbonero. Y así nos pilla el Mundial, mirando para otro lado. Por lógica inversa no sería raro que, mientras aquí miramos hacia otro lado, España saliera campeona. Confirmaría que no estoy hecho para esto, se pongan como se pongan.

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11 responses

15 06 2010
El aceitero

AMEN.. cuanta razón en estas lineas y si yo tambien doy cabezadas, cabezadas sobre el sofa con almohada y mantita…
Como en las campanadas de noche vieja, solo los cuartos despertaran la atencion del personal.
Un saludo,
PD: Mario en Sudafrica, tambien hay rugby del bueno test match Sudafrica-Francia….

15 06 2010
ornat

Por supuesto que hay rugby. De hecho, sólo hay rugby… Lo del Mundial es una fanfarria sin importancia comparado con eso. El sábado estuve viendo el Sudáfrica-Francia, desde luego. En riguroso directo. Demasiados bokkes para los franceses. Por cierto que cada vez que oigo a algún comentarista decir que las vuvuzelas son típicas en Sudáfrica, me pregunto dónde estuvieron todos estos años que llevo yo viendo rugby de ahí abajo…

15 06 2010
millertime

todos vemos el fútbol de espaldas… qué remedio. Aunque es mejor verlo de cara de vez en cuando no vaya a ser que por llevar la contraria aparezca Manolo Lama a meterte un AS por el culo.
Me voy a ver el basket de cara… seguro que dicen algo del mundial de fútbol.

Yo… me bajo aquí.

16 06 2010
Jeremy North

Por ahora el Mundial está siendo un coñazo. Soportar el Italia-Paraguay me resultó tan duro como cualquier partido del RZ de esta temporada, y sin el componente emocional de éstos.

Me paso esperando el Mundial todo un año, para ver algo de fútbol y sin presión, y lo único que saco en claro es que el sofá de mi casa está fenomenal para las cabezadas. A ver si con “La Roja”, ese eufemismo que tan poco le gusta a Camacho, cambia un poco el panorama.

16 06 2010
nikki ramonne

Me uno al tedio futbolístico.

Creo que a un Mundial al que acuden selecciones como Nueva Zelanda o Corea del Norte es un mundial muerto (futbolísticamente hablando). 32 equipos para exprimir más la gallina de los huevos de oro.

Es un poco como el mercado nacional. Cada vez hay más equipos, más retransmisiones por TV, internet, radio… y cada día me aburre más el fútbol.

Hoy debuta “la roja”. ¡Qué miedo me da! Otro año que somos campeones sin bajarnos del autobús.

Menos mal que a las 20:30 h podemos ver a Bob Esponja…

16 06 2010
ornat

Iré aún más allá: el problema no son tanto esos equipos menores, que se van a marchar enseguidita, sino la flojera de Portugal, la inanidad de Francia, la persistente equivocación inglesa, la vacía exhibición muscular de Costa de Marfil, el lugar común de la promesa naranja, la preeminencia de un Robinho en un Brasil o, aún diré más, de un Verón en Argentina, la mentira de Camerún y hasta el entusiasmo general por los alemanes… Son síntomas que conspiran contra cualquier campeonato.
Pd: el sueño de la razón produce monstruos. Esta noche he soñado que Marcelino, el entrenador, jugaba de delantero centro en el Real Zaragoza, anotaba un gol metiendo el pie a última hora a una pelota enredada en el área y sonreía furtivamente a los periodistas amigos que miraban en la banda. Así está mi cabeza…

16 06 2010
Paul

A ver si tiene suerte Marcelino en su futurible destino.Aquí no le concedieron muchos deseos exceprto a Uche o Jorge López.por cierto Fabio Coentrao no fue tratado de manera un tanto injusta cuando ahora es un aclamado lateral izquierdo?

16 06 2010
ornat

¿Deseos? Yo creo precisamente que le concedieron demasiados deseos… Precisamente Coentrao acabó como acabó porque no fue deseo suyo, en buena parte, y un poco también por su cabecita loca. Pero eso son otras historias: prefiero no meternos en un jardín así.
Gracias, saludos

17 06 2010
Jeremy North

A mí, después de ver el desplome de la cosa esa de “La Roja”, un grupo de jugadores amanerados, que se creen que haciendo rondos se ganan los partidos, ya se me han quitado las ganas de ver el Mundial. Jugar como el Barcelona está muy bien, pero desgraciadamente Messi es argentino, y es el que ofrece la profundidad a los “tiki-takas”.

19 06 2010
bsalberto

Discrepo en lo de que se trata de “un grupo de jugadores amanerados, que se creen que haciendo rondos se ganan los partidos”, de hecho creo que estos jugadores son de los pocos que han tenido, y tienen, los pies en el suelo.

Y el famoso “tiki-taka” es lo que hay en estos momentos por los jugadores que tenemos, o cambias a los seleccionados y te llevas a otros que aporten otro tipo de juego o, con estos, pocas alternativas hay. No me veo jugando a la italiana con Xavi, Iniesta y compañía.

Y sin Messi se ganó una Eurocopa en la que, si bien es cierto que no es un Mundial, se compitió con selecciones con igual o mayor nivel que Suiza.

Un saludo.

19 06 2010
bsalberto

“Perdonen ustedes pero yo no puedo interesarme por un equipo que, a estas alturas del siglo, presenta a Anelka por delantero.” (Ornat dixit)

Por lo menos ya no hay excusa para ver a Francia en su tercer (¿Y último?) partido de este Mundial, jeje.

Un saludo.

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