No le disparen al pianista… aún

17 06 2010

El fútbol es un asunto muy viejo, de modo que la mayoría de la gente ha tenido tiempo de aprender bastante acerca de cómo opera este juego. Qué cosas sí y qué cosas no. En España, país contumaz donde los haya, la miopía raya lo patológico. El asunto del Mundial expone hasta qué punto no aprendimos casi nada de lo necesario para jugarlos. De acuerdo que la experiencia de un ganador no la tenemos, pero sí la del fracaso, que enseña tanto o más; y otra cosa: basta mirar alrededor. Todos vimos del orden de cuatro o cinco mundiales. Algunos contamos ya hasta una decena o más… Entonces, ¿cómo es que aún no entendimos en qué consiste la primera fase de una Copa del Mundo? ¿A qué viene eso de andar calculando los cruces de octavos y cuartos antes del primer partido? ¿Nadie se dio cuenta todavía que la primera fase no es el arranque de la Liga, no son tres partiditos para ir estirando las piernas, no es un calentamiento para las grandes ocasiones, no es una cuchipanda de trompeteros a los que golear? La primera fase es la madriguera de los supervivientes, es el torneo de los pobres, es el camino de los salteadores. La primera fase es EL MUNDIAL, amigos… El Mundial. Es decir, que si no pasas, se terminó. Que en la primera fase lo que hay que hacer, o sea, es sobre todo no perder. No perder. Simple. No perder contra Suiza, por ejemplo.

Andrés Iniesta, que venía rodeado por las dudas, fue con Xabi Alonso el mejor del equipo hasta que agotó el físico. Extrañó más ayuda de Silva por el otro lado, para equilibrar la amenaza, y de un tímido Capdevila por el suyo para generar espacios en la asociación.

A alguien le oí ayer subrayar algo que no me he molestado en comprobar: jamás un campeón del mundo perdió el primer partido. Si fuera cierto, el adagio convocaría un tanto de razón y otro de casualidad. Pero merece la pena atenderlo. Tanto denostar a los italianos cuando son los italianos quienes más enseñan acerca de los mecanismos que intervienen en asuntos como el que nos ocupa. Porque los italianos, grandes armadores de lo ficticio, se comportan en ocasiones así sin asomo de impostura. Salen y no pierden. De acuerdo, tampoco ganan, tal vez eso lo dejan para el último día o para alguno de los días, a menudo los importantes, pero sobre todo no pierden. Si los agarran en un despiste (léase Paraguay) empatan por lo civil o lo criminal. Y mientras los españoles nos ponemos huecos al mirarlos hacer esas cosas tan italianas (hasta criticamos a Argentina por vencer sólo por 1-0 a Nigeria), los azules recogen su punto y se van a cebarlo cinco o seis días hasta el segundo partido. Y así sucesivamente. El argentino Marlo, un amigo, vio no menos de diez mundiales. El argentino Marlo aprendió que las rachas triunfales de entreguerras -eliminatorias y cositas así- anticipan un equivocado triunfalismo. El argentino recuerda el equipazo de 1994 y su fracaso a manos del dopaje de Maradona y del pie incorrupto de Hagi con Rumanía; recuerda el paso marcial de la albiceleste dirigida por Marcelo Bielsa durante los años anteriores a Corea y Japón… y el regreso en la primera fase del Mundial de 2002. Aquí no aprendimos nada, aunque tuvimos mil ocasiones. Los análisis vuelven a incurrir en la vanidad y obvian lo más obvio. Es habitual: la última oportunidad que tuvimos de aprender algo fue la derrota con Estados Unidos en la Copa Confederaciones. Nadie tomó en serio aquello. Y sin embargo, aquel partido prefiguraba éste…

Dicho lo cual, todo esto tiene poco que ver con la Selección en sí. Tampoco aprendimos que no se le dispara al pianista mientras interpreta una de sus piezas, porque no hace ni un rato que al pianista lo estábamos revoleando en el aire después de cada tema que nos regalaba, vitoreándole la fragilidad de los dedos, la alegría ligera del tiempo, la belleza esencial de la armonía, las improvisaciones caballerosas, el puntillismo virtuosista. Bajemos la metáfora. España jugó como siempre, y basta. No le busquen pelos a la calavera. Tampoco aprendimos algo básico ya no sobre el Mundial, sino apenas sobre el fútbol: no todo ha de tener explicación. Es decir, la tiene pero no por razonamiento dominó. España jugó como siempre y lo que le faltó fue lo que le puede faltar a cualquiera en cualquier partido cualquier tarde. En mi opinión: espacios a la espalda de una defensa algo más que meritoria, velocidad en los últimos metros para remover a un equipo al que ni siquiera el tiempo descompuso y que se apelmazó todavía más alrededor de la ventaja, laterales con más precisión en las llegadas, y algunos ajustes a la hora de mezclar pase y remate. Sobre todo le faltó atención atrás en el gol de Suiza. Un equipo que quiere ganar ha de ser sobre todo un equipo difícil de vencer. España cayó abatida por dos contras que agarraron a Puyol fuera de sitio o presto a un error de cálculo. Ahora, hasta eso puede suceder. De hecho sucede. Como sucede que los suizos se lleven los tres rebotes de la jugada y Piqué, una patada en la cabeza.

Xavi, la pieza maestra que hace rular todo el fútbol a las velocidades y con la precisión adecuada: sin esa aceleración, España amansa su juego en una más previsible horizontalidad. No se trata de un problema de estilo, sino de ejecución. Cualquier rival sabe que Xavi es el hombre; Hitzfeld, desde luego, lo sabía.

No se trata de si jugó con dos medios (Xabi Alonso es mucho más que un medio defensivo, además de que con Iniesta estuvo en el mejor nivel de todo el equipo), no se trata de que se extraviase en la retórica, ni de que tenga que jugar con uno o dos puntas, ni de que la chica de Casillas esté detrás de la portería con un micrófono. Se trata de que faltó más de Silva, mucho más de Villa, bastante de los laterales, los dos centrales y el portero, retratados en la jugada del gol y la del poste. Y Xavi, por encima de todo: el secreto al aire de todo el entramado, se quiera o no.Y que Ottmar Hitzfeld, el preparador de los suizos, es un señor que ganó dos copas de Europa con dos equipos diferentes. Es decir, que no se levantó de la cama ayer por la mañana para dirigir a un equipo de fútbol. Como no lo había hecho, hace un año, el seleccionador americano. Como no lo ha hecho, desde luego, Marcelo Bielsa, el DT de Chile. Su biografía se tituló así: “Lo suficientemente loco”. Si tienen cerca a algún aficionado conspicuo del Espanyol o a algún argentino, pregúntenle por Bielsa y a lo mejor entendemos a qué nos enfrentamos ahora…

Conclusión: con Suiza no se pierde. Así no más.

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9 responses

17 06 2010
Titurel

Su análisis es muy brillante y lo comparto. De este bendito país que nos duele tanto y que padecemos en el deporte, en la economía, en la política, me fastidia ese simplismo del titular que todo lo inunda. El “ahora nos toca”, el ” este es nuestro mundial”, “somos favoritos”. Nunca, nadie en los medios, en los titulares hizo un análisis pedagógico. Entre otras cosas porque la pedagogía no interesa y sí el titular inflamado que reporta ventas y beneficios.

Este bendito país que posee una cultura deportiva muy taurina, es decir de impresiones, de sentimientos, de emociones y de poco rigor, nunca baja al detalle, al rigor, al análisis. Vamos a lo global y eso en el deporte, distrae, descoloca. Guardiola por ejemplo es un modelo contrario a nuestra tradición que pensamos extirpada en Austria, o hace cuatro años los gigantes en Japón. Los deportes colectivos, se nutre de muchos pequeños detalles que han de conjuntarse con armonía y lejos, en el mundo mediático, del brillo del titular. Y la decepción viene por ese foco tan tremendo sobre la nada del titular. Por eso no disparemos al pianista, la idea es buena, la idea es la mejor, pero la ejecución no fue la más precisa. Es un mal día de Rubinstein. Analícese la ejecución y no vendamos la moto del día 11 de Julio. Cuando el periodismo inmediatista habla de tres partidos más allá, o del cruce con Brasil o Portugal me da la erisipela.

Cuánta razón tiene amigo mío.

17 06 2010
Per

Cuánta razón, Mario. Lo peor es que seguimos transmitiendo una imagen de país de nuevos ricos: en la economía, en la política, en el deporte… No nos hemos enterado de nada todavía y vamos muy sobrados. Antes del Mundial, la única duda era con quién jugábamos la final, y ayer, en qué minuto metíamos el primer gol de los 4 o 5 que les iban a caer a los suizos.
Paciencia.

17 06 2010
ornat

Usted mejor que yo sabe que lo escribió hace mucho The Economist en aquel gran titular, cuando aún nos quedaba orgullo: The Party is Over…
Y tal.

17 06 2010
Raúl

Sr. Ornat, me temo que esta selección se nos morirá de autocomplacencia, alentada por una prensa completamente entregada, pero que sospecho ya afila sus cuchillos (los invictos, los llamaba Passarella). Si damos por hecho que ganar jugando bien es una feliz excepción, limitémonos a intentar ganar (creo que Maradona y Dunga se han pasado a ese bando, con ejército y armas). ¿O acaso nuestra ingenua pose estética, esa que nos hace aborrecer del estilo italiano, nos llevará a conseguir lo que ellos han logrado? A estas alturas de la pelicula, me he entregado a la causa de los llamados “resultadistas” (¿acaso no se trataba de eso, del resultado?).
Un saludo y mi admiración, Sr. Ornat.

18 06 2010
nikki ramonne

Señores, el fútbol es un JUEGO. De masas, profesionalizado y muy bien pagado…pero sigue siendo un JUEGO. En los juegos se gana y se pierde y el pasado miércoles tocó perder. Béndita derrota si nos sirve para darnos cuenta de una vez que para ganar hay que meter un gol más que el rival.

Por cierto, resumen de todo esto: “Fútbol e fútbol, e gol e gol”.

p.s.: A Honduras 4-0 y sin bajar del autobús…¿alguién da más?

18 06 2010
bsalberto

Yo me lo planteo como que estamos en treintaidosavos de final del Mundial y así soy algo optimista.

Respecto a su artículo, como siempre, para leerlo y releerlo y disfrutarlo en cada pasada.

Un abrazo.

18 06 2010
ornat

Veo que en este país no tenemos ni problemas de cicatrización ni de olvido: pasados los dos días de derrumbe y destrucción, vuelve a aflorar el espíritu despreocupado que siempre caracterizó lo mejor de nosotros mismos. La voz de la calle y la prensa, a viernes, a sólo tres días del partido con Honduras, se resumiría así: “Les metemos cinco y listo… ganamos el Mundial”.
Apártense que vamos.

18 06 2010
bsalberto

Y si por casualidad, ójala, ganamos a Honduras, volveremos a ver otra vez las típicas encuestas online de “¿Con qué selección prefieres que nos crucemos en octavos?”

Tiempo al tiempo.

20 06 2010
Conchita Casales

Soy madre de un hijo que juega y ama el fútbol pero…..¡ A Dios pongo por testigo que HAY UNA VIDA ANTES , A PESAR, POR ENCIMA , ADEMÁS Y DESPUÉS DEL FÚTBOL !…. de verdad que sí aunque no lo parezca …..esa vida (como decían los de expediente X) está ahí fuera….

Un Saludo Mario, genial tu artículo.
Conchita.

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