Se casó Danielito…

21 06 2010

Los italianos le empataron a Nueva Zelanda (1-1) con uno de aquellos goles discutibles de los que han hecho tradición, y el empate supone otro capítulo en lo que el Doctor llama la road movie italiana. Es decir, el estilo agónico de las primeras fases, punteado con la desconfianza general por el juego y los resultados, la distante tranquilidad de Lippi, el entrenador, y la aparición repentina de actores secundarios con un historial que los convierte en personajes protagonistas: véase el caso de Federico Marchetti, el portero que ha relevado a Buffon tras la lesión del meta de la Juventus.

Federico Marchetti, el portero del Cagliari que le jugó una partida de ajedrez a la Muerte y ganó.

 

Ya era llamativo que Lippi armase una citación con el portero del Cagliari en ella, pero ese tipo de actuaciones contienen en el caso de Italia, casi siempre, una prefiguración dramática. De niño, Marchetti jugaba de delantero grandote, como tantos otros. Lo hicieron portero un día que llovía demasiado y el entrenador lo reclamó, a falta de alguien a quien poner en la meta. La estatura y una fisonomía que ya se anunciaba cuadrada hicieron el resto. Lo formaron en el Torino, donde uno aprende el fútbol y un cierto sentido trágico de la vida, como sabe cualquiera que haya escuchado la historia de Superga o la de Gigi La Mariposa Meroni. Jamás convenció lo suficiente para alcanzar la portería del primer equipo. Acabó en el Pro Vercelli, una escuadra que había que buscar en la tercera división italiana. 

Cierto día, a la vuelta de un entrenamiento hace cinco años, un camión se cruzó en la trayectoria de su vehículo. El volantazo estrelló a Federico Marchetti y sus dos acompañanantes contra el metal rígido de los guarda-raíles. La macchina prendió en llamas y los tres escaparon de la tragedia por una luna del automóvil. Conmocionado –“todo cambia cuando te encuentras a la muerte de frente”, – el portero se tatuó la imagen de una madonna sobre el pecho. Puede que en el fútbol la suerte no le hubiera sido propicia -en 2006 pasó al Albinoleffe, de la Serie B, después de dar tumbos por varios clubes menores-, pero un ángel lo había zafado de la pálida. Y en algún lado debía de andar. Apareció en la forma del Cagliari. A partir de ahí, lo demás se torna relativamente convencional: las paradas, el modesto éxito, la llamada de Lippi, la lesión del portero titular en el primer partido en Sudáfrica: “Quiero llegar a la final para que la juegue Buffon”, ha dicho Marchetti, con enorme sentido actoral. 

El partido con Nueva Zelanda fue aburrido en términos coloquiales, y clásico si lo miramos desde el punto de vista italiano. Inflamado por el tono desesperado que había tomado el guión, al término del choque el Doctor me hizo una oferta que no puedo rechazar: “El jueves a las 4 quedamos para ver a Italia. Puede llegar a clasificarse por sorteo, alimentando su leyenda: apunta a segunda de grupo y asoman Holanda y Brasil hasta semifinales. Me falta un gen italiano para acabar de creerme semejante heroicidad”. Por suerte, yo agarré el partido por Torneos y Competencias, la cadena argentina. Abundando en la conjetura del anterior somniloquio, el relator y los comentaristas argentinos juzgaron a Nueva Zelanda con interés entomológico, asombrados de sus primitivos comportamientos con la pelota y con una indisimulada simpatía de fondo. Pasado el rato, cuando ya los ganaba el aburrimiento, derivaron hacia un modo de contar clásicamente criollo. Transcribo a continuación algunos pasajes de su relato, que me convirtieron el arduo espectáculo en una diversión sin límites.  

*Escena 1: Los neozelandeses mueven el balón en tres cuartos de la cancha, para enfriar la ocasional presión italiana. En un momento, de forma inopinada, van retrasando con pases hacia atrás, sin mayor necesidad, hasta dársela a Paxton, su portero, que larga un pelotazo a cualquier lado. 

Relator: La estaban cuidando… y, de repente, se la dan al arquero para que la revolee. ¡No entiendo!
Comentarista 1: Increíble. 

*Escena 2: Tiene la pelota Bertos, lateral derecho de Nueva Zelanda. Un momento antes, Di Natale ha rematado de media vuelta contra el portero oceánico. 

Relator: Aparece en escena Bertos… Ya la tiró largaaaaa…. ¡para el hombre invisible!
Comentarista 2:
¿Cuánto hace que no veo esa serie?
Comentarista 1: ¿El Hombre Invisible? Ah, no estaba mal aquélla…
Comentarista 2: De bien chiquito la veía.
Comentarista 1: Es que el hombre invisible se perdió y ya no lo encontraron más. Por eso es el hombre invisible… 

(Tenso silencio de los otros. Ponen la repetición del remate de Di Natale) 

Relator: ¡Mirá la que intentó Di Natale!
Comentarista 2: (Con tono recompuesto, solemne) La media vuelta y el remate de derecha que tapó Paxton. 

 *Escena 3: Ataca sin mucha convicción Italia, que va a sacar un córner. 

Relator: Tiro de esquina para Italia.
Comentarista 1: Dispone de un nuevo tiro de esquina Italia, que tuvo varios en el primer tiempo. No ganó de arriba pero generó situaciones de riesgo.
Relator: ¿Ha bajado la temperatura, no?
Comentarista 1: Sí, bastante… Inclusive en este estudio.
Relator: Se me enfriaron las manitos.
Comentarista 1: Ah, mire usted… 

Lochead, a la derecha, y Russ Tamblyn, que hacía el personaje de Riff -líder de los Jets- en el musical 'West Side Story'.

*Escena 4: El lateral Lochead arrolla a un italiano sobre el lateral del campo. 

Relator: Lochead… ¡hay empujón de Lochead! Claro.
Comentarista 1: Sí.
(Enfocan a Lochead, que protesta al árbitro).
Relator: (Como si le hablara al jugador de Nueva Zelanda) Sí, sí… fue empujón. (Pausa) ¿Se parece a Russ Tamblyn éste, no?
Comentarista 1: ¿A quién?
Relator: A Russ Tamblyn, el actor aquél de Amor sin Barreras.
(Nota: ‘Amor Sin Barreras’ fue el título argentino de ‘West Side Story’)
Comentarista 1: Ah, no sé, no la vi. ¿De qué año era esa película?
Relator: (Con tono de estar diciendo una obviedad). Década del 60.
Comentarista 1: Ah, noooo… yo era chico.
Relator: ¿Pero cómo no la vio, che? Amor Sin Barreras
Comentarista 1: Nunca la escuché en mi vida.
Relator: ¿Cómo no? ¿Qué está diciendo? Averigüe, maestro…

 

 (Una pausa en silencio, los futbolistas quietos a la espera de un balón parado).  

Relator: Hay tiro libreeee… ¡Amor Sin Barreras es una película muy conocida! Natalie Wood, George Chakyris…
Comentarista 1: (Lo interrumpe con tono de fastidio) En la barrera hay dos.
Relator: ¡El centro de Camoranesi, va Di Nataleeeeee…! ¡Sacó Smith! 

 Escena 5: No precisa introducción. 

Comentarista 1: ¿Sabés quién nos está viendo?
Relator: (Con entusiasmo) ¡¿Quién?!
Comentarista 1: Dani Vega, en Buenos Aires… que se casó ayer.
Relator: ¡¿Danielito Vega?! ¿El Contador?
Comentarista 1: Claro.
Relator: ¿El jugador de San Martín de Tucumán y de Platense…?
Comentarista 1: Claro…
Relator: …entre otros.
Comentarista 1: Y ahora de Godoy Cruz…
Relator: De Godoy Cruz, claro.
Comentarista 1: Un gran abrazo para Danielito y su mujer.
Relator: ¡Montolivooo… Montolivoooo y Criscitoooooo, se viene el centroooooooooo…! (Pausa). Que la pasen bien.

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4 responses

22 06 2010
Nikki Ramonne

Al menos estos comentaristas saben amenizar un partido de “fútbol”. En España desde Héctor del Mar (¿alguién recuerda aquellas retransmisiones dónde Héctor del Mar daba paso a PACO ORTIZ con su frase: “¡Habla la voz de la esperiensiaaa, la voz de Paco OOOOOrtisssss!”?) no ha habido un comentarista deportivo que me emocione. Tengo que ver en “el youtube” el gol de Maradona (ta,ta,ta,ta, genio, genio….) narrado por Víctor Hugo Morales para conseguir sentir el fútbol por mis oídos.

También he de reconocer que no creo que en una TV española triunfara este estilo.

¿Soy el único que cree (o que no quiere creer) que Chile nos va a mandar para casa? Preveo ración de chupete y llorando como niños nos vendremos “pa España”.

Saludos desde el tedio mundialista.

p.s. ¿Por qué no juega en Camerún Roger Milla? Al menos metía algún gol, ¿verdad Samuel?

22 06 2010
ornat

Muy al principio de los 80, yo escuchaba SIEMPRE a Héctor del Mar, con sus sobrenombres, sus excesos y sus gloriosas, divertidas, eficaces frases hechas. Estaba tan por encima de lo actual que fue capaz, muchos años después, de relatar la lucha libre americana en Tele 5 y hacerla igual de divertida que si nos interesara de verdad. Luego, sólo Gaspar Rosety (antes de empezar a escucharse demasiado a sí mismo) fue una referencia. El estilo desenfadado de Montes en la NBA, las noches de Canal+, con Segurola primero (y con Luis Gómez a veces, aunque casi nadie lo recuerda) y sobre todo con Antoni Daimiel después, fueron para mí otra cumbre de diversión, entretenimiento y deporte. Era una pareja perfecta de la que no aprendieron nada en La Sexta. La clave era ésta, que Julio Salinas, Kiko y demás debieron aplicar (pero no podían, claro) en La Sexta: Daimiel le hacía de contrapunto al estilo excesivo de Montes. No pretendía ser más gracioso que Montes, sino que entendía la necesidad del contraste. La pareja era casi perfecta. En La Sexta, Montes se volvió demasiado manierista y sufrió un problema fundamental: sus comentaristas y, sobre todo, que el fútbol es un juego más reposado que el baloncesto, y su tempo iba cruzado con el de Montes. A pesar de todo, para mí seguía siendo genial, adorable a su manera, un tipo al que conocí muy de refilón, con el que hablé dos veces en mi vida y del que guardo un recuerdo imborrable de cariño y admiración personal.
Víctor Hugo Morales, desde luego, juega en otra dimensión. Es insuperable porque es culto, es inteligente, es respetuoso, es emocionante sin ser engolado, tiene lo mejor de la escuela argentina y una personalidad arrolladora, y una velocidad y eficacia de lenguaje que le permiten recrear el partido de una forma aún mejor que la propia realidad. Si será bueno Víctor Hugo que hizo una hija como Paula Morales, que es lo que se dice un avión a reacción…

22 06 2010
Sr. Guerra

A mí siempre me ha gustado la radio, más que la televisión o la prensa escrita. Supongo que era más fácil escucharla haciendo otra cosa y te la llevabas a todas partes. Y esta afición viene de cuando sólo existía la onda media, antes de la explosión de la FM con Antena 3. Y desde siempre he preferido los programas que cuentan cosas, no aquéllos en que la palabra es un mero relleno entre canción y canción. Los fines de semana, la radio se vaciaba de estos grandes programas, y sólo quedaban los deportivos. De este modo, aunque nunca he sido un gran aficionado, siempre he escuchado estos programas deportivos.
Y desde que me harté de la “seriedad” de José María García, siempre he buscado aquellos programas que eran deportivos, sí, pero tenían una importante componente desenfadada. Vamos, que ahora escucho Onda Cero, con el gran Javier Ares y Ruiz Taboada y demás equipo para dar ese toque. Y no, nunca me gustó “El larguero”: yo era de “El Penalty” de Onda Cero (antes de que se lo cargase J. J. Santos)

P.D.: No haber visto “Amor sin barreras” es imperdonable.

24 06 2010
ornat

La verdad, sí que lo es.

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