Furia y Fútbol: instrucciones para ser español

8 07 2010

Al poco de acabar el partido, anoche, nos subimos dos hombres ya grandes en una misma bicicleta, como si tuviéramos ocho años, y pedaleamos por aceras y calzadas hasta la Plaza de España. ¿Qué estábamos haciendo? Escépticos como siempre fuimos, habíamos ingresado de lleno en la pura incredulidad. Díganme, de verdad: ¿Qué hacemos los españoles en una final de la Copa del Mundo? ¿Todo esto va en serio? A nosotros no nos corresponden este tipo de cosas; se diría que no nos corresponden. Que no forma parte de nuestro ser. Que ser español es muchas cosas de las que sentirse orgulloso si uno quiere pararse a pensarlas. Algunas que lamentar, para qué ocultarlo, pero los países se hicieron imperfectos por definición, a pesar de lo que los argentinos piensen de sí mismos. O sea, que siempre vamos a tener ahí la gloria perdurable de Cervantes, el descubrimiento de América, que sólo los yanquis nos pueden discutir si es que en verdad llegaron a la Luna. Este sol que es vitamina, los versos con anteojos de Quevedo, los maestros del Barroco pictórico, la tortilla de patata y el jamón ibérico… qué sé yo. Incluso los chicos del basket, desde luego Rafa Nadal… Sin embargo, todo esto no servía de nada. A ver, ¿cómo va a salir uno a la plaza de España a festejar las Meninas de Velázquez, un triunfo de Ferrari, no digamos el Caballero de la Mano en el Pecho? ¿Le importa de verdad al pueblo si Espargaró hizo la pole en Assen? ¿Arderían banderas en nombre de Domenico Theotocopulos? ¿Sirve de algo plantarse en un bar y enfrentar a cuatro tanques germanos con el argumento de que nadie pintó vírgenes como las de Zurbarán ni los metafísicos relojes blandos de Dalí? No. Que no.

Ahora es cuando tenemos el arma definitiva, hermanos. Ahora sí. Y espera que todavía queda una el domingo, lo de los Tercios de Flandes. Pero ya vamos bien puestos. Ahora sí que podemos ir al G-20 en camiseta. Porque si el teutón, digamos, reúne fuerzas y trata de defenderse de la ofensiva sociocultural, estamos preparados: un Goethe, un Hermann Hesse, no digamos un Gunther Grass… bah, son pistolas de agua en situaciones como ésta. ¿Heine? ¿Pero quién leyó a Heine? ¿Usted piensa que en Colonia leyeron a Heine? No, hombre no. No hay que temer esos nombres. Ni siquiera los de sus filósofos, que los tienen. No corra usted el riesgo innecesario de pensar en Ortega y Gasset, no es el momento. Desestime ese ataque con indiferencia, como que no llega al nivel. Y sólo cuando el nibelungo se venga con un Wagner por delante, ahí sí, ahí hay que disponer con entereza la contraofensiva: cuando entone el alemán los primeros y rotundos compases de La Carga de las Valkyrias, se saca usted del bolsillo la foto de la Carbonero y, después, una tamaño poster de Puyol con los brazos abiertos al aire de Durban. He ahí una combinación demoledora. Prepárese para verlos caer. Hacen un ruido que usted no va a creer. No dude. Ese uno-dos anímico contiene en sí mismo todas las superioridades de las que ahora mismo podemos presumir. Resumido, viene a decir: somos más guapos, más fuertes, jugamos mejor al fútbol y además ganamos. ¿Schweinsteiger? Bah, no vamos a soltar el secreto del gazpacho, o sea. Frente a tal ofensiva esa gente, que jamás concedió un paso atrás en toda su historia, está rendida. Si en su condición germánica aún tratasen de resistir agitando las tres estrellas del escudo, usted no vacile: sin miramiento alguno, reproduzca con gran locuacidad de gestos el imperial salto de cabeza del Puyi, haya o no balón por el medio. El fúbol no tiene memoria, por eso hay que avivarla. Si tiene un amigo que se la toque templadita desde el baño, vale, pero aquí recomendamos que todo esto se haga mejor sin pelota, porque evita errores y centra la potencia escenográfica del acto en el hombre, que de eso se trata. No se detenga por nada, tampoco por el cartel del Reservado el Derecho de Admisión: si pudiera, derribe una o varias banquetas mientras marca los tres tiempos bien arriba, y caiga al final del vuelo con el estrépito de un Hindenburg en llamas, aplastando si fuera posible algún concurrente nativo de la localidad de Heidelberg, Bielefeld o Baden-Baden. Una vez en el suelo, proporcione severos empujones a los asistentes neutrales del local. Esos son los peores. Si lo increpan, ignórelos: son gente sin memoria ni conciencia. Indignos de ser tenidos en cuenta.

Una vez comprobado que Neuer vuelve a estar batido y que, una vez más, nos hemos clasificado, inicie una carrera enloquecida hacia la puerta con las manos de par en par y acompañe con un poderoso rugido su racial salida del establecimiento. No se detenga hasta el próximo local ocupado por alemanes (el término no quiere tener doble sentido)… Ahí, recompóngase (dejar la camiseta por fuera) y repita la escena paso por paso.

Pd: A la manera de la hinchada de Rosario Central con la ‘palomita’ de Aldo Pedro Poy los 19 de diciembre, el Gobierno de España debería obligar por decreto a Puyol a repetir su cabezazo victorioso cada 7 de julio, en una cancha ambulatoria que iría de gira por las capitales de provincia y localidades mayores de 25.000 habitantes, para solaz de la chavalería y emoción de sus mayores. Convendría que participasen ciudadanos royos y de ojos claros, bien plantados y con gesto pétreo, con el fin de que ejerzan de defensas germanos, para darle mayor realismo a la escena. A pesar de la evolución racial de la esencia alemana, respétese el arquetipo, para no confundir a la gente con opiniones encontradas acerca de la multiculturalidad. Además, la ficción es otra cosa, más simbólica, téngase en cuenta. Sólo en caso de que algún mesache tenga de natural ojicos saltones y cara de asustao, se le dará el papel de Özil. Si se puede invitar al Piquenbauer de pareja de Carles, mejor, ellas lo agradecerán. Acompáñense los festejos con montaje de noria, tiovivos y látigo de Valencia. Se autorizan carreras de camello con rifle de agua, perritos piloto y cucañas, siempre que no contengan en su interior animales completamente vivos.

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4 responses

8 07 2010
javier p.

pero diganos Ornat: esto que le esta pasando al equipo de Espana, es normal? estas cosas que leo hoy jueves en el Équipe, qué origen tienen? cuando empezo todo esto?
y sobre todo: qué haciamos Vd. y yo en el momento exacto en que esta increible historia empezo?

Me hago todas estas preguntas mientras el TGV me lleva de Marsella a Paris y no lo veo claro.

un abrazo fuerte.
j.

8 07 2010
ornat

Fíjese que en un momento dado de mi (inmóvil) festejo en la Plaza de España anoche, me sentí como si estuviera mirando una película en la que aficionados españoles celebraban el acceso a la final del Mundial. Yo era un espectador asombrado de la muchedumbre, que saltaba y bailaba y se hacía fotos con unas rollizas alemanas que se pasaron por el lugar a ver si alguien amortiguaba sus penas. O a lo que fuera… De camino al lugar un joven al que le debí parecer demasiado teutón de aspecto pese a mi camiseta roja, me gritó: “Eh, Schweinsteiger…!”.
Y todo esto sólo fue un ensayo. Si volvemos el domingo, sí que vamos a sentirnos raros de verdad. Deberíamos hacernos alguna foto para no pensar que alguien nos está embromando. ¿Cuándo empezó? ¿Qué hacíamos? Sí, yo también me lo pregunto. También me pregunto, si ganamos, qué haremos: ¿Seguiremos mirando partidos o ya no merecerá la pena ver nunca ninguno más? ¿O es que esto no se acaba nunca?

11 07 2010
javier p.

Asi es Ornat: qué haremos si hoy domingo se gana este partido? Dejaremos de pensar en futbol? Se habran agotado las alegrias?

Este domingo 11 puede ser la primera piedra de un “lieu de mémoire” muy potente.

Un abrazo.
j.

9 07 2010
Jeremy North

Genial.

No es una broma, y si no preguntáselo al ministro Sebastián, que ha calculado el crecimiento del PIB español por el éxito en el Mundial y las repercusiones que va a tener en las exportaciones de todo tipo de productos a países como China, que están embobados con el poder de la Roja.

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