La rebelión de las máquinas

11 10 2010

Massive Attack y el desastre mundial en cifras.

La realidad construye metáforas precisas: en medio de su concierto en el FIZ 2010, a Massive Attack se les fue la luz. Me recordó al afán de la abuela Pilar, la tía Enriqueta y mi madre apurando fogones y hornos en las tardes de cena navideña, cuando enchufaban todos los cacharros al mismo tiempo y reventaban el diferencial. Los hombres, que miraban la televisión, debían conformarse con el apagón y volver a sus tradicionales conversaciones acerca de la creciente inseguridad ciudadana. Diríamos que Massive Attack hicieron algo parecido en su recital del sábado en el FIZ10: enchufaron a la máxima potencia la lavadora, el friegaplatos, el horno, la turmix y la vitrocerámica, y el viejo Horace Andy hubo de finalizar a oscuras su vibrante interpretación de Angel, una de las más brillantes tribulaciones atmosféricas que construyó la inolvidable banda de Bristol.

En realidad, mi única esperanza declarada en este FIZ consistía en pegarle una buena patada en los huevos a Pete Doherty. Todo esto es una cuestión de gustos, de fobias arbitrarias. Su conversión ahora en pretendido poeta maldito con actuaciones acústicas es un traje desastrado. La música de sus bandas no me interesa, pero tampoco me molesta tanto como el aspecto de niño afiebrado y la ejecutoria del personaje en los medios, un conjunto cuya ruina culminan esos sombreritos que tanto mal le han hecho a la ciudadanía. Pete(r) Doherty (se añadió la erre para esta gira y su primer solo album, llamado Grace/Wastelands) podría habernos entretenido si hubiera venido acompañado de algún músico en lugar de las dos ridículas bailarinas de porcelana que hacían posturitas coreográficas de caja de musica en el escenario. O bien si Tim Robbins le hubiese prestado a sus competentes instrumentistas de la Rogues Gallery Band. De igual forma, Tim Robbins nos habría llegado a interesar si en lugar de facturarnos un cóctel sin armazón de las tradiciones musicales americanas (eché de menos el blue-grass, por decir algo) nos hubiera recitado unas cuantas frases de su personaje de policía capullo en Short Cuts o del Andy Dufresne de The Shawshank Redemption. La banda de Robbins es buena, más vale. En Estados Unidos pegas un disparo al aire y se presentan no menos de cinco músicos de primera línea. Pero ni el lugar ni el contexto parecieron los más adecuados para una tentativa como la que lidera el actor. Andy Dufresne, ex marido de la mejor actriz que ha dado la modernidad de Hollywood, habrá de aclarar su repertorio, aquilatar los tiempos y darle una forma coherente a un conjunto agradable, pero indeciso: que por momentos quiere ser Neil Young y escupir sobre las tumbas de Irak, otras veces propone un viraje intimista del rubro Leonard Cohen, o la canción de mensaje de Bob Dylan, o el blues del Delta o tal vez Johnny Cash. Si logra ordenar tan lustrosas referencias y encontrar una voz propia, serán un grupo interesante. Convendría también que los ideólogos del FIZ hicieran algo parecido, un trabajo de aclaraciones conceptuales. Aunque yo a esta gente no voy a afearles ni un poco su esfuerzo porque, la verdad, son el único oasis que nos queda en la Inmortal.

Peter Doherty ha recuperado la erre final para su etapa como solista, después de Babyshambles y The Libertines: ahora toca solo, con una guitarra acústica, una botella y la Union Jack al fondo. Al parecer, tras su sobrio concierto, se encerró a cara de perro en los camerinos de la Multiusos y no lo pudieron sacar hasta las ocho de la mañana.

Por lo demás, y volviendo al principio, Massive Attack juegan en su regreso precisamente al deporte que proclama su nombre: el ataque gigantesco. Disfrutarlos precisa una actitud de origen verdaderamente paradójica: dejar a un lado lo que fueron para celebrar que lo fueron. Trataré de explicarlo. Haría como diez años que no ponía a girar un elepé de Massive Attack en mis oídos. Pero cuando salieron quedé atrapado por la presencia mayúscula de una de esas bandas grandes de verdad, en todos los sentidos. Para empezar, cualquiera que haya inventado un sonido, como lo inventaron ellos y los chicos y chicas de The Wild Bunch, merece una inequívoca reverencia. Y además, están esas tres obras en curva creciente que fueron Blue Lines, Protection Mezzanine, seguramente la cumbre de su mensaje en forma y fondo. Olvidemos 100th Window y miremos con escepticismo su último trabajo, Heligoland, que tanto ha gustado en las alambicadas críticas de los medios británicos. Cómo no querer verlos, disfrutarlos y permitir que nos apabullaran con la grave delicadeza de su despliegue. La escenografía anunciaba bombardeo severo. Massive Attack armaron un escenario con muro luminoso de fondo, donde desgranarían un insistente mensaje antisistema acerca de los desequilibrios entre el primer mundo y los otros, más la aguda reflexión sobre la bazofia de personajes con los que la cultura audiovisual alimenta al monstruo de la audiencia; dos baterías en los flancos, una acústica, otra electrónica… que mataría yo por cualquiera de ellas y sobre todo por la primera, que no logró hacerse oír en toda la noche con lo bonita que era; el par de mesitas de mezclas, juegos, efectos y cacharritos varios; y no menos de cinco micrófonos alineados en el frente: dos para las antitéticas vocalistas: Martina Topley, la beldad sibilante que conquistó en su día a Tricky, embutida en un traje como una serpiente, con su antifaz anaranjado; y una excesiva matrona negra de esas que cantan como sílfides y que tanto le habrán gustado, queremos suponer, al pobre Solomon Burke. Los otros tres micros eran para Horace Andy, Daddy-G Marshall y Robert 3D Del Naja, que fueron turnándose para desgranar 20 años de lo que dieron en llamar trip-hop, etiqueta que a los inventores no les convenció nunca. Naturalmente. Les hubiera gustado que nadie pudiera acotar en una denominación lo que ellos se habían sacado de dentro.

Martina Topley, una de las 'voces' de Massive Attack en Heligoland y en esta gira: su lenguaje gestual y el antifaz alrededor de la mirada le confiere un aspecto de replicante, imposiblemente humano como la música del dúo de Bristol.

Massive Attack constituyen, desde luego, una presencia demoledora. Todo depende de que uno quiera verles el truco o celebrarlo. Su arranque fue incontestable, en todos los sentidos, con una poderosísima invasión de graves rítmicos que fue su mejor arma y la mayor debilidad a lo largo de toda la noche. La vibración sónica alcanzó tales niveles que por momentos temimos que el techo de la Sala Multiusos saliera por los aires o que las pantallas circulares suspendidas en lo alto del recinto comenzasen a girar enloquecidas como cuchillas asesinas.  Escuchar a esos Massive Attack de expansiva electrónica era como enterrarse tres metros bajo tierra en la arena de una playa y pedir al ejército mundial que a continuación la bombardease. La vibración nos hacía temblar los pantalones y debió llegar al Miguel Servet, donde a uno no le extrañaría que enloqueciesen los monitores cardíacos. A La Romareda se le debió abrir otra grieta, con lo que no se extrañe nadie que cualquier día revienten los muros y se extienda por la ciudad el lodo blanquiazul de la putrefacción que anida en el estadio. A lo nuestro… Fue a la vuelta del apagón, cuando hacían Mezzanine, cuando la propuesta alcanzó su éxtasis y temimos que las máquinas decidieran rebelarse y tomar el mundo por asalto. En cierto modo, lo hicieron. Ganó el artificio; perdió la música. Massive Attack debieron aligerar sonido en más de una ocasión. El error tuvo su manifestación más corrosiva en Teardrop, pieza cristalina de la que se apoderó fatalmente la excesiva densidad de los bajos. A la voz le faltó entonces nitidez y no pudo imponer la fiera sutileza que vertebra uno de los temas más grandes de Massive Attack.

Cuando se hizo la luz, Massive Attack anudaron desganados el concierto, lo cual parece comprensible, y tras su desabrida marcha del escenario nos dedicamos a valorar si valía más la potencia del ruido o la impotencia de los matices. A considerar que hace 15 años, como apuntó alguien que los había visto entonces, sonaban mucho mejor sin tanta prosopopeya; o a recordar que nos dormíamos en el sofá en noches solitarias con Inertia CreepsRisingson y Unfinished Simpathy de fondo en una habitación a media luz, con tanta (des)esperanza como la adorable dipsómana del vídeo de Live With MeConclusión: la inseguridad ciudadana está cada día peor. Pero esas gambas, la sopita de pescado y el asado bien valían un apagón.

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5 responses

15 10 2010
millertime

Massive Attac, como bien has dicho… masivos, gigantescos. Te elevaban y te aplastaban. Me encantaron.

Dicen que el sonido estuvo muy mal, pero como procuro cogerme una buena caraja antes de ir… pues no me doy cuenta.

Respecto a Pete(r). Tras leer tu opinión me deja cierto poso de admiración el chico. Puede gustar más o menos pero hace lo que le quiere y como le quiere. Para qué compartir las drogas y las mujeres con otros cuando, por un esfuerzo mínimo, puedes tener las dos cosas para ti en un camerino hasta las 8 de la mañana. Porque tú las llamas “bailarinas de porcelana” pero para mi que son putas.

Saludos!

P.D.: del resto de grupos hablarás o no despertaron tu atención?

15 10 2010
ornat

Tenía pensado hablar del resto… Pero he llegado a pensar, dado el silencio, que lo que no despertaba atención eran mis comentarios sobre el FIZ.
Ay, si la realidad pudiera ser así, como la describe usted (y como dice Alvy Singer en la fila del cine en ‘Annie Hall’): entonces comentaríamos en directo los conciertos en una emisora de radio (y aun de televisión) y dialogaríamos. “A Pete(r) Doherty lo acompañan dos bailarinas de porcelana…”. Y usted replicaría: “¿Bailarinas de porcelana? Para mí que son putas”. Y se dispararía la audiencia y nuestros ingresos…

16 10 2010
Alberto(andy cuñao)

Si señor. Justo lo que hablamos el sábado. Y de que forma!!!!
Enorme.
No dices nada de We have Band o de We are standar? los primeros me parecieros por lo menos divertidos. Los segundos, de oidas dicen que estuvieron muyyyyyy bien. Ya contarás algo.

Saludetes.

16 10 2010
ornat

¡Coño, el cuñao de Horace Andy!
Que sí, señores, que voy a hablar de We Have Band, de We Are Standard, de Addictive TV, Anni B. Sweet y hasta Bigott… Pero no se hacen cargo de lo dolorosísimo que es el proceso creativo. Ahora, yo por ustedes sufro lo que haga falta. Que sí, que sufro.
Abrazos

16 10 2010
Alberto(andy cuñao)

jajajajajajaj, eres la pera!!!

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