Música vigoréxica

19 10 2010

Ninja, la enérgica vocalista de The Go! Team: o se tomó un filete con clenbuterol o bien llegó al FIZ en su pico máximo de forma, lo que la capacita para dar botes como un muelle enloquecido todo el concierto o bien fichar como receptora en los Denver Broncos.

Hay gente que tiene culo y hay otra que lo que tiene son glúteos. La diferencia está en el tratamiento de la materia. En el culo predomina la carne que oficialmente llámase nalga, esa ternura redondeada a la que tanto bien le hacían los Levi’s 501 de toda la vida, unos tejanos concebidos para embolsar traseros, modelo que ahora ha perdido su reinado para escarnio general de la ciudadanía. El 501 hacía de forma tan precisa su trabajo que las chicas tenían que atarse jerseys de lana a la cintura para que no les auscultaramos la pieza de atrás con la vista, sinestesia en la que siempre pensé mientras leía Plan de Evasión, de Bioy Casares. Manipular el cerebro para entrelazar sentidos y así ser capaz de tocar con los ojos o de oler con la yema de los dedos… De esas cosas se ocupaba Bioy entre partido y partido de tenis con sus amantes. Ahora, los tiros bajos han hecho de los culos una ausencia volátil y todo se reduce a fugaces expresiones nada sugerentes entre el área meridional de la cadera y el pronunciado loop perineal, que es donde apuntan los toros de San Fermín cuando se cruzan en la calle con un americano. La distancia entre el culo y el glúteo es la diferencia entre la carne y el músculo definido por nervios, fibras, extensores, roturadores y tensores, esas tiras bien duras que recuerdan a la carne envasada del Eroski, donde finas carreteras blancas cruzan los ejes en aspas y espirales. Ahí no vale ni el cuchillo de sierra. Envasado al vacío queda todo muy terso. Pero le quitas la malla y hablamos de lo que el Pele llama carne de perro o carnuza. Le conté que había estado en la Carpa del Ternasco y él se representó de inmediato un bocadillo de carnuza. Y no, estaba tierna; era nalga, que no glúteo. Lo que le faltaba era algo de sal y mucha brasa, para que sudara la grasa con goterones marrones que hacen jugo.

Yo quería hablar de música. Quería hablar de The Go! Team, que nos alegró la primera noche del FIZ después del muermo Doherty. Son chicos y chicas de Brighton, no confundir con Bristol ni Brixton. The Go! Team son seis jóvenes con dos baterías, dos orientales con aspecto de O-Ren Ishii medianamente reformada, tres ingleses muy salerosos, tres elepés y un par de glúteos que cantan. Un crisol de razas, que diríamos con cursilería: la morena canora, para mejor confusión, se hace llamar Ninja. A veces deja que cante una de las otras chicas, la de la batería, y se va ella a sostener la pulsación rítmica en el timbal. Todos saltan y se mueven mucho, al punto de que en el último guitarrazo se treparon a los tambores y brincaron desde allá en jubilosa coreografía. Pero el peso de la interpretación lo lleva Ninja. Los vídeos de hasta hace dos años enseñan que antes se movía menos que ahora. La gestualidad era la misma, pero contenida. La chica una vez tuvo culo, pero ahora presume de glúteos. El grupo se lo inventó Ian Parton, quien agitó en su cabeza influencias tan variadas que uno no puede disociarlas del conjunto ni conciliarlas en el global. Los estudiosos nombran mucho “las guitarras distorsionadas de Sonic Youth”, ante lo que enarco una ceja con asombro nada vanidoso. El grupo, en fin, no merece una enciclopedia, pero tiene su momento en medio de una noche tan tediosa. El ramalazo vigoréxico de la Ninja ha coronado el mejunje. La chica abandonó la faldita corta con calcetín rodillero de animadora de instituto, se encerró en algún gimnasio just for girls y ha salido fuerte como el vinagre. Transformada en una bomba aeróbica cuyas posibilidades anaeróbicas en el cuerpo a cuerpo no nos atrevemos a considerar. En escena aparece preta como usted no pueda imaginar, con mallas de gym, camiseta de tirantes entallada y piramidales bien definidos. Su interpretación de cada tema viene acompañada por violentas rutinas aeróbicas, sin echar el bofe ni siquiera jadear una vez. A su lado, la Madonna que más se movía parecería tan quieta como un palo de la luz. Alguien nombró a Eva Nasarre, pero Eva Nasarre tenía, comparada con Ninja, el mismo ritmo que Betty Misiego. El conjunto resulta agotadoramente asombroso, aunque hipnótico. Uno quiere imaginar una pelea entre Ninja y sus amigotas contra las bailarinas de Pete(r) Doherty. Sin saber bien si atender al ritmo, a las canciones o a la exhibición muscular, me vino a la cabeza aquella mañana en que el profesor de Latín sacó a una muchacha al encerado y, simultáneamente, tuvo que advertir a alguien de la primera fila: “Fulanito… la pizarra está arriba”.  Eran los 501.

Los chicos de Dorian, elegante sincronía de pop y electrónica, una variedad en la que el FIZ dejó lo más generoso de su última edición.

La sesión de spinning rítmico nos dejó exhaustos. Y además, carecíamos del combustible festivalero por excelencia: el jaggabeer. Una chica contorsionista nos había proporcionado una dosis del jarabe en probeta, a cuenta de la casa, pero no era suficiente para levantar el ánimo. Otra compañera suya en el equipo de promoción nos hizo una polaroid mientras la primera nos engatusaba pasándonos el tubo de ensayo de boca a boca. “A veces las fotos me salen movidas, no me lo tengáis en cuenta”, se disculpó de antemano la artista. Visto el disparo, se quedó corta. Yo creía que por movida se refería a borrosa, desenfocada. Pero no, su concepto de movida era otro: al encuadrar, la tía nos acertó de milagro. Yo creo que en la foto salía toda la sala menos nosotros. Si acaso una esquina del cogote, en posición muy poco favorecedora. El documento resultante tenían tan poco definición que alimentaba cualquier sospecha. Lo mismo podía estar probando el jagga que practicando la colombofilia, así que resolví deshacerme de él. No fue sencillo. El papel de la placa resistía el rasgado tradicional, de modo que tuve que fijarlo con cuchillo jamonero y atacar con unas tijeras de podar. Temí que me explotara en las manos y acabar cantando la del hombre sin brazos del circo como Gurruchaga.

Mientras todo esto ocurría Dorian, unos chicos notables en lo suyo, pagaron el derrumbe anímico. Merecía la pena, pero yo llegué a su momento ya muy baqueteado anímicamente. Me pasé un segundo por el espacio de dee-jays por ver si encontraba la motivación que me venía faltando, pero no pudo ser. De vuelta al lugar del crimen, vacié un rato acostado contra la valla del mixer, observando a dos muchachas que trataban de llamar la atención del técnico con ojitos estroboscópicos. Consideré si estarían interesadas en aprender los secretos de la electrónica o si bien abrigaban alguna espúrea intención para combatir el aburrimiento de tres en tres. El chico no se dio por enterado. Entre liar tabaco y no liar los botones, bastante tenía. Cuando reparé en que llevaba ya un rato de casposo voyeurismo sociomental, mirando a las gentes en lugar de escuchar la música, supe que debía abandonar la sala o las asistencias me sacarían con los pies por delante y un hilo de baba en el carrillo. Sonaban Dorian. Sonaban bien. Con elegancia electrónica y una actitud adorable. Sentí irme. Sentí no haber comprado la entrada de madrugada. Pero entonces tal vez no hubiera apreciado el trabajo aeróbico de Ninja. De camino a casa, el taxista lloró sobre mi hombro por lo lento que había empezado el Pilar, mientras corría el reloj. Me dieron ganas de pedirle que me llevara de vuelta a ver a los Zombie Kids. Por si alguno le sajaba las entrañas con un vinilo y le devoraba el piloro…


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4 responses

20 10 2010
millertime

una pelea entre una muñeca de porcelana de Pete(r) y la negra de The Go! Team la gana la muñequita de largo… las putas tienen más calle.

respecto a Dorian no me acuerdo de ellos pero estarían igual de bien que las otras 5 veces que los he visto. Con Zombie kids recuerdo que recuperé la consciencia y no me gustaron… no creo que te perdieras gran cosa.

Saludos!

20 10 2010
ornat

Cree usted? Yo a la Ninja la veo que lleva el barrio escrito en la cara?

20 10 2010
millertime

y yo creo que las bailarinas llevaban navaja

22 10 2010
Jeremy North

Lo más destacado de The Go Team! es que despertaron al personal, que estaba muy amodorrado tras la supuesta actuación de Pete (r) Doherty, y el sonido de noséqué de Tim Robbins. Y, por supuesto, los glúteos de la cantante, más propios de profesora de aerobic o de compañera de la bici de al lado de spinning, que de cantante de hiphoprock.

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