Rapid Eye Movement

20 01 2011

Imagínate a ti mismo en una barca en el río / con árboles de mandarina / y cielos de mermelada...

He vuelto a hablar en sueños… Otra vez ocurre con frecuencia: frases sin significado, pero muy vehementes, como si establecieran una verdad incontrovertible. Escribo poco, pero soy más que nunca el hombre somniloquio, que perora en la altura de las madrugadas, cuando la grisalla matinal acosa ya las ventanas. Tengo sueños. A veces los recuerdo, como cualquiera. A veces los olvido. Otras, atraviesan la cortina de la vigilia, se cuelan en la lucidez falsa de los días y no me los puedo sacar hasta que me meto bajo la ducha, frotando duro con la esponja. Leyendo acerca de los sueños acabé en una discusión foral acerca de los efectos del hachís y la marihuana en la inhibición de los sueños. Mi información establecía que tales sustancias impiden el acceso a la fase de Movimiento Rápido del Ojo (RapidEyeMovement, REM) en la que se concentra la mayor parte de los sueños más vívidos. O sea, que los fumetas no sueñan… Pero no hay acuerdo en la ciencia ocupada del particular (la ciencia se ocupa de todo, coño) y tampoco en las experiencias compartidas de los ávidos fumadores de sustancias. Los hay que han llegado a experimentar, incluso, sueños lúcidos: aquéllos en los que el protagonista sueña con plena conciencia de que lo está haciendo. El ácido lisérgico, Lucy in the Sky with Diamonds, garantiza sueños lúcidos. Quizás mi mente incorpore el ácido de serie, porque yo practico el lucid dreaming con frecuencia. Creo haberlo contado ya aquí…

McCartney dice haber soñado la melodía de Yesterday. Yo soñé un relato entero que luego transcribí línea por línea sobre el blanco eléctrico del ordenador y que nunca será publicado. De hecho, la sombra de la piqueta, el delete, acosa ya a aquel engendro nacido en días oscuros. Al contrario de Paul McCartney, que soñó una canción imperecedera, yo apenas ideé un relato onírico de baja estatura cuyo argumento resultaba previsible; y su ejecución, molesta y modesta. Éste es el orden interno del universo: McCartney creó los Beatles y yo escribo en un periódico de deportes. AC me interrogó hace algún tiempo, en un casual encuentro nocturno, acerca de mis (presuntos) papeles ocultos. Diríamos… lo que habría de ser mi inédita producción literaria: le confesé que no existe tal cosa. Apenas algunas ideas esbozadas que no merecen, ni han tenido, mayor atención. Como dijo aquel vanidoso: “¿Publicar una novela? Pero de qué obscenidad me habla usted… ¡yo soy escritor!”. Y un cretino.

Escribir un libro de sueños siempre me llamó la atención. La literatura onírica, sin embargo, no es fácil. Los bueños sueñan mejor. No. Los buenos lo cuentan mejor. De entre mis últimos sueños me divirtió uno en el que recreaba la novedad del viaje turístico en catapulta. La necesaria supresión de los aviones, el azaroso intermedio de los aeropuertos, los cacheos ventajosos de seguridad a cargo de fornidas teutonas y la bolsita transparente para los líquidos. Aquí el proceso era bien sencillo: te subías en el cucharón de la catapulta con tu equipaje de mano, a la manera de RyanAir, y un propio te disparaba al lugar del mundo que hubieras elegido. Después de atravesar el cielo como una centella desaforada, caías en el lugar exacto que habías elegido como destino. Lo que se dice una lanzadera, pero en la versión literal del término. Yo desconfié: “¿Y si caigo en el agua, en medio del océano?”. “No ocurre. El cálculo del disparo incorpora las últimas tecnologías aeroespaciales en cuestión de puntería. Es como disparar un misil: fijo que acierta en la diana”, me razonó la señorita. “Pero esto es una catapulta…”, protesté débilmente. Menos fiable que un carro de combate, que mata al bulto. En ese momento, en la pantalla agregada que incorporan todos los sueños, vi en escenas paralelas o superpuestas el lanzamiento de varios viajantes, que alegremente ascendían al rudo habitáculo del artilugio para dejarse disparar a la esquina opuesta del continente. Una cayó en la Capadocia, otro aterrizó en las mismísimas tapias del Kremlin, donde aguardaba Brezhnev para hacerle los honores. Yo quería ir a África, a ver la migración de los herbívoros en el Serengeti y el tumultuoso cruce del río Mara. No sé si al final hice el viaje y lo he olvidado. No sé si tuve miedo de caer en la selva y que me mordiera un serpentín.

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5 responses

20 01 2011
Susana

Muy buenos días, los sueños… casi sueños… casi pesadillas… casi no me acuerdo qué he soñado, pero quiero quitarme esta sensación que ha amanecido pegada a mi cuerpo aunque sea a base de frotar con la esponja. Uff.
Freud decía que a lo largo de la historia, hubo tres grandes humillaciones:
– El descubrimiento de Galileo (no somos el centro del Universo)
– El descubrimiento de Darwin (no somos la corona de la creación)
– Su propio descubrimiento: que no controlamos nuestra propia mente.
Dicho esto te contaré una anécdota sobre mí. Yo era sonámbula, lo que obligó a mis padres a cerrar con llave la puerta de casa para evitar, en la medida de lo posible, que me escapara de casa en sueños… a explorar el Universo.
El psicólogo, dijo, esta niña es completamente normal, incluso dijo algo que me llenó de orgullo (y muy inteligente), quizás el problema sea su imaginación.
Querido Ormat, los sueños, son lo único de lo que somos realmente los dueños sin querer serlo, y lo que nos permite viajar libremente y hacer cosas, que en la vida real, nos llevarían inevitablemente a la muerte. Tan resbaladizas son nuestras fantasías y tan persistentes nuestros miedos, que en los sueños, escapan a nuestro control. Benditos sean, por qué si no… quedarían atrapados para siempre en nuestra mente.

Me encantaría leer tu libro de sueños, el mundo onírico de un escritor tiene que ser algo más que un viaje en catapulta, estoy segura… y mucho más arriesgado.

Un besito (onírico).

21 01 2011
ornat

Yo soy noctámbulo y (a mi manera) sonámbulo: con una particularidad… soy un sonámbulo tan vago que no llego a salir de la cama.

¿Un libro de sueños? Me llama la atención, pero dudo que pase de eso. Sueño con catapultas y cosas así, como el ocelote del que hablé en otra ocasión. Uno ya querría soñar mundos completos, pero es lo que hay. No sueño escenas, sueño apenas sketches.

20 01 2011
woodyalle

Advierto con comedido alborozo y reconfortante complacencia que su amago de abandonar el barco no fue más que uno de esos deseos que formulamos en fechas navideñas y que jamás llevamos a buen puerto. Y me congratulo por ello señor Ornat. No abandone nunca su senda…

21 01 2011
ornat

Déjeme que con toda cordialidad le aclare algo: yo no he tenido una senda definida nunca. Camino y camino y si acaso, camino. Ignoro a dónde voy, no tengo un para qué ni lo necesito, me basta con ir porque entiendo que no hay nada más que hacer. No sé trazar planes y menos aún definir estrategias. Así me va, por otro lado… A resultas de todo lo cual puedo detenerme en cualquier momento sin poner intermitentes o bien no parar jamás.
Agradecido.

23 01 2011
Black Paw Down

No sé si su libro de sueños tomará alguna vez forma, igual no es necesario: el comienzo de esta entrada es tan potente, tan abierto y misterioso que sugiere una historia. Se publican tantos libros sin historia que esto es un hallazgo, me ha encantado. ¡Gracias!

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