Mi tío Oscar

24 02 2011

Ahora los voy a entretener con un esfuerzo analítico por fascículos. De forma torrencial les hablaré de las películas candidatas a los Oscars. Si yo tuviera eso que se llama Twitter, igual hasta se lo retransmitía en directo, pero sucede (como pronto sabrán) que algo así no es posible en mi caso. Si lo hago no es por enseñarles cuánto (no) sé de cine ni por jugar a adivinar lo que decidirán los que saben, sino por aprovechar y celebrar estas semanas en las que se reúnen en la cartelera algunas (no siempre lo son) de las mejores películas del año. Yo las he visto todas. Sólo me falta Winter’s Bone, pero va a caer en cualquier momento. Agrego al final de cada comentario lo que creo que pasará el día de los premios, con lo que no estoy necesariamente de acuerdo; y a continuación lo que a Somniloquios, o sea a mí en tercera persona digital, me gustaría que ocurriese. Totalmente arbitrario y sin argumentos cinematográficos, por otro lado. Como debe ser. Dejo las primeras consideraciones. Irán viniendo más conforme el tiempo y la autoridad lo permitan. Digan lo que quieran. Como si no quieren decir nada. Aquí no hacemos crítica de cine ni proselitismo intelectual. Aquí hablamos de cine mientras nos tomamos una cerveza, como el que habla de si le gusta más Elsa Pataky o Natalia Verbeke, Pintér o N’Daw… Por hablar de algo.

La Red Social, de David Fincher

Yo quiero tener un millón de amigos...

La vida de los otros. Mi mayor problema con La Red Social es, precisamente, la red social. No soy ciudadano de facebook, twitter o tuenti, mi perfil profesional (¡espanto de sintagma!) no aparece asociado a LinkedIn ni participo en ningún foro temático. Podría adoptar una postura teórica y razonar mi desafecto en la deshumanización de las relaciones sociales; o por la aprensión que me produce pensar que un tipo con rasgos asociales tan marcados como Mark Zuckerberg (hablo del personaje de la película, no puedo juzgar al auténtico) haya definido la fórmula post moderna de socialización. No diré, al modo del sibarita progre, que lo mío es el roce humano, la cañita y la tapa, los modos tradicionales de encontrarnos: una figura que me incomoda mucho es el vermut de domingo con gafas de sol y diario bajo el brazo. Pero sí, todos nos vemos en los bares, incluidos los 500 millones de personas que participan de facebook y sus ramificaciones. De una forma torpe e indefinida, yo he aspirado siempre a la invisibilidad o a la discreción. Detesto que hablen de mí, que opinen de mí, que sepan de mí, que me juzguen y, sobre todo, que cuenten de mí. Tengo la indiscreción por uno de los peores defectos, y acaso el que menor indulgencia me provoca. Así que el personaje Zuckerberg no me inspira ninguna piedad y casi ningún interés. La película, sin embargo, es modernamente brillante. Aunque Aaron Sorkin, su guionista, haga trampas con la ficción y la realidad (¿se parecía el ciudadano Kane de Orson Welles al verdadero?), la agudeza de los diálogos, su agilidad, el manejo de los tiempos variables y la precisa dispersión de los puntos de vista (Zuckerberg, su socio Eduardo Saverin y los gemelos Winklevoss) conforman una historia construida de modo casi perfecto, como una extensa operación matemática. ¿Cómo contar la historia de un escritor y su gran obra si el protagonista pasa el tiempo escribiendo? ¿Cómo dibujar en imágenes la construcción y el desarrollo de una idea informática que adquiere dimensiones monstruosas? Eso hace La Red Social. Es una película fría y quirúrgica como el tiempo moderno, como la propia red social, como los afectos del Me Gusta. Y es, por encima de cualquier otra cosa, un relato cinematográfico extraordinario, cortesía de David Fincher y Aaron Sorkin.
Pronóstico: Oscar a la Mejor Película, Director y Guión Adaptado.
Somniloquios: Mejor Director y Guión Original… aunque el Aaron Sorkin ese me cae como un dolor de barriga.

"Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro paredes de la alcoba hay un espejo, ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo que arma en el alba un sigiloso teatro", (Jorge Luis Borges).

Cisne Negro, de Darren Aronofsky

El lado oscuro. Para que un artista sea grande de verdad, necesitamos que asome su Mr. Hyde, que no es sino la debilidad obsesiva. Por fortuna, el tiempo y las películas sucesivas van aproximando a Natalie Portman a su verdadera dimensión como actriz, por ese camino. Corrió el peligro de haber rozado el lado oscuro sólo en su relación con Annakin Skywalker, aquel paniaguado, pero resulta que todo estaba en el principio: en su personaje de niña en Leon, el profesional. Luego ha surgido poco a poco. En Closer su personaje expuso con mayor claridad la delicadeza perturbadora del otro yo. My Blueberry Nights ahondó en la imagen fatal que guardaba oculta la angelical Marty de Beautiful Girls. Darren Aronofski ha culminado la exploración en Cisne Negro. En manos de cualquier actriz, y de otro director, esta historia de hilada previsible tal vez no sería casi nada. Con Aronofsky, el abuso del cuerpo y la mente de la bailarina, la demencial inseguridad del personaje, el estorbo opresivo de una madre sola que proyecta en su hija la reverberación de sus frustraciones y el juego artístico de la interpretación de El Lago de los Cisnes conforman un relato de heridas que se abren, esquizofrenias perfeccionistas, enferma confusión, conflicto insondable entre el ideal y la realidad, el sueño loco y la vida. En un ejercicio actoral de dimensiones formidables, Natalie Portman asimila todas esas tensiones, las obligaciones melodramáticas del personaje, la exigencia física y mental y la dolorosa hermosura de la tragedia y las conduce al éxtasis de una actuación fantástica que revienta en el tercer acto del filme y de la representación del ballet. Es, de todas, la única película que me perturbó emocionalmente. Me resultará, por eso, la más memorable.
Pronóstico: Oscar a la Mejor Actriz para Natalie Portman.
Somniloquios: Venga ya el premio para Nat… Y el Oscar a Mejor Película, ahí andaría. Porque yo ya lo pensé con The Wrestler y este Aronofsky hace cosas diferentes, que no son necesariamente mejores, pero sí necesariamente necesarias. Además, ¿no lo ganaron Shakespeare In Love y En Tierra Hostil? ¿No lo ganó Pe? Entonces de qué estamos hablando… Se trataría de que no ganase facebook.

127 horas, de Danny Boyle

La Naturaleza (in)humana. Aaron Ralston se fue un fin de semana a hacer cañones en el desierto de Utah.

Uuupssss, creo que me olvidé algo...

Cometió dos errores: olvidar su navaja suiza en el altillo del armario (pocas veces un plano que parece de relleno alcanza tan dramático significado más tarde) y no decirle a nadie dónde iba. Estuvo a punto de no volver. Lo hizo, pero no entero. Ralston pasó 127 horas atrapado y para salir vivo tuvo que tomar una decisión extrema y ejecutarla. La historia real la cuenta en ficción el siempre estimulante (salvo en La Playa) Danny Boyle, y la interpreta un vigoroso James Franco. En los primeros minutos del relato vemos las aristas de su personalidad que le conducirán al atolladero: la trivialidad con la que uno puede llegar a tomarse decisiones con indudable trascendencia. Un poco el fenómeno de la inmortalidad autoinducida: jamás nos va a ocurrir nada. ¿O sí? El resto del filme muestra a otro hombre, apoyado en ensoñaciones temerosas, en la alucinación del abandono y el paso del tiempo y la ausencia de alimento y la distancia inabordable a la que queda situada la normalidad. La película contrapone el lado depredador de la Naturaleza (su peligrosa belleza) frente a los límites por arriba y por abajo de la naturaleza humana, tanto o más insondable. Yo me fui una vez a bajar el barranco de La Peonera y regresé sin huellas digitales ni cuádriceps. Pero con una idea muy cierta de mis límites: el pasatiempo me pareció una temeridad sólo admisible para especialistas que, sin embargo, familias enteras afrontaban con la mayor ligereza, con chancletas y los niños incluidos, como el que pasa un día en el campo. El personaje atrapado de Boyle no se hace héroe en su lucha por la supervivencia, aunque la resolución de su drama precisa una voluntad sobrehumana; más bien ajusta cuentas consigo mismo a un alto precio. Esa diferenciación, la rebaja del énfasis, eleva al personaje y enmarca la hazaña del hombre que la protagonizó en la realidad. La película lo retrata en sus matices de inconsciencia y determinación: la primera lo mete en un lío mortal; la segunda lo rescata. Si Hitchcock filmó un apuñalamiento sin una sola puñalada concreta en Psicosis, Danny Boyle muestra una amputación sin enseñar un solo detalle del brutal proceso. Apenas un estridente sonido que todos creemos conocer, aun cuando no lo hayamos oído nunca. Así trabaja el cine. La dificultad de Ralston fue escapar. La de Boyle, sostener vivo y en movimiento un relato inmóvil, de unidad de acción, lugar y personaje. Sin desmerecer todo ese innegable mérito, y por asociación de ideas narrativas, prefiero sin embargo las menos sugerentes pero más despiadadas resoluciones de Rodrigo Cortés en Buried. Esa película cuyo título se empeña todo el mundo en pronunciar mal, con lo fácil que es decir Enterrado.
Pronóstico: tal vez Oscar a la Cinematografía… Un tal vez leve a la fuerza.
Somniloquios: en el viejo orden de cinco películas nominadas, 127 horas no hubiera aparecido entre las candidatas. Digo yo, vamos. Eso sí: yo le daba el Oscar al Montaje sólo por cómo está filmado el cortecito liberador.

(continuará)

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5 responses

22 02 2011
lorena

Buah, qué gusto, ya llegan los Oscar de Mario.

Vamos, vamos, vamooooooos!

23 02 2011
Jeremy North

Espero la segunda parte de tus “Óscars”, porque de la primera sólo he visto “La red social”, que me pareció una película fría por los personajes pero enorme por el talento que despliegan guionista y director.

A Aranofsky le temo, sólo me ha gustado hasta ahora “El Luchador”, eso sí, me gustó muchísimo. El resto de su cine me parece una salida de tiesto de alguien que quiere decirnos a todos que es muy bueno.

Danny Boyle fue el creador de una de las películas con un Óscar más injusto que conozco, la tomadura de pelo de “Slumdog Millionaire”. Además, ¿cómo coño puede ser la última pregunta de un concurso en el que se puede ganar tanta pasta, la del mosquetero que falta?. Eso sí, Boyle es el creador de una de mis películas favoritas de siempre, “Transpoitting”.

A ver qué opinas de “El discurso del rey”.

23 02 2011
ornat

Entonces estamos de acuerdo en casi todo… Ahora: ¿Leerán los indios a Alejandro Dumas?

23 02 2011
nikki ramonne

No he visto ninguna, hace tiempo que otras obligaciones me impiden ir al cine.

Les recomiendo de Aranofsky la magnífica “Pí”. A mi gusto una obra maestra.

23 02 2011
ornat

¿Ir al cine? ¿Quién ha hablado aquí de ir al cine?

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