Mi tío Oscar (y ya)

28 02 2011

Y esto es todo. Los muchachos y sus chicas, ellas y sus individuos ya pisan la alfombra roja. Llego justo a tiempo para dejar mis leves pronósticos con dos películas antónimas si es que tal término es válido para el cine. Origen (que se traduce por Inception) y Winter’s Bone, que quiere decir cualquier cosa menos Hueso de Invierno, aunque lo parezca, ni mucho menos Lazos de Sangre, como la han titulado en Sudamérica. Si acaso yo me quedaría con esta versión propia: algo entre Crudo Invierno y, sobre todo, El Invierno Desnudo, que recuerda un poco a Kerouac. Como pensé en un momento que no viene a cuento hace algo así como tres años, que ustedes disfruten de lo votado.

Origen, de Christopher Nolan

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

The dream is over. 

Había visto hace tanto tiempo Origen que he debido reincidir y volver a mirarla. Con dos objetivos: refrescar las impresiones y, si acaso, revisarlas. Porque ésta es la segunda película de Christopher Nolan (la otra fue El Caballero Oscuro) que se me cruza en la garganta sin que pueda digerirla del todo, en ambos casos con idénticos síntomas: lo que a todo el mundo le parecía una excelente película a mí se me hacía bolo de grandilocuencia. Pero no sería eso, pienso ahora. Quiero decir, la grandilocuencia. Porque la hay en muchas películas que me han gustado, por ejemplo en Cisne Negro, así que debe tratarse de algo personal: por algún motivo ese señor Nolan y yo no nos entendemos. Debí sospecharlo ya en Memento, claro, donde para peor estaba aquel palo de mujer y de actriz llamada Carrie-Ann Moss, quien por cierto aparecía en otra enorme grandilocuencia vacía, la impagable Matrix (porque me dolió el dinero que me gasté en ella). Al lado de Keanu Reeves, otro taco de madera. En fin, Origen… Tengo pocos argumentos salvo que yo no entro en el juego; y que en la sucesión de niveles oníricos en los que se manejan Leo di Caprio y sus asistentes termino por perderme, sin poder evitar pensar en otra cosa. Por ejemplo y sobre todo, en esto: ¿Qué se les ha perdido a toda esa gente, sobre todo a la muchachita estudiante de arquitectura, en ese abigarrado submundo de los sueños dentro de otros sueños al que los arrastra Di Caprio? El japonés Salto es el único con un objetivo real (destruir a la empresa de su competencia implantándole la idea de la autodisolución por despecho fraterno, toma ahí McGuffin plano y directo); y Di Caprio también tiene el suyo, por intermedio del otro: lograr la reentrada en Estados Unidos y poder encontrarse de nuevo con sus hijos. Pero, ¿y los demás? Entiendo, insisto, que las mías son dudas poco razonables, de persona aburrida y poco justa, mientras frente a nosotros se despliega semejante hecatombe de efectos especiales y espaciales (esas peleas sin gravedad en los pasillos del hotel no tienen desperdicio, como el instante en el que las calles de París se pliegan sobre sí mismas…), así que no haré juicios absolutos. O los haré, pero con absoluta subjetividad. Alguien definió este filme con una frase algo efectista, pero muy efectiva: es una película con mucho cerebro pero ningún corazón. Y yo pensé: ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?
Pronóstico: algún Oscar a los Efectos Especiales (o como se llamen), tal vez al Montaje y quién sabe si algún otro técnico del tipo Edición de Sonido… Y muchos aplausos para los demás.
Somniloquios: Sigan participando. Otro año será.

Winter’s Bone, de Debra Granik

Una casita en el bosque. Si tomáramos Little Miss Sunshine como la cara del cine independiente americano,

Ree: "No voy a separarme de vosotros: no podría caminar por la vida sin sentir vuestro peso sobre mi espalda".

Winter’s Bone constituiría su reverso. La luminosidad de aquella delirante road movie contrasta de plano con la pálida aridez de este noir de familias destruidas y maldad incontenible en la trastienda de la profunda América. Es decir, el penúltimo escalón del lumpen rural. Casitas en el bosque, pero no de las de cuento, sino dramáticos exilios de la civilización metropolitana, patios de chatarra, cocineros de crack, tratantes de ganado humano. Algo de Fargo (la escena de la picadora de carne) pero llevado al extremo y sin el humor, ni blanco ni negro. Ree, una muchacha de 17 años, aguanta sobre sus espaldas a una madre catatónica y dos hermanos pequeños. Si su padre, carne de cañón carcelario por cocinar droga, no se presenta ante la ley para una vista, la garantía que presentó para su condicional será ejecutada: la casa en la que sobrevive ese amago de familia que Ree trata de sacar adelante, apoyada en la asistencia social, en su propia dignidad para la supervivencia y en la generosidad de algunos vecinos del bosque algo menos enfangados que ellos. La película tiene una validez imperecedera en su presentación del ambiente y de todos y cada uno de los personajes, definidos en rasgos mínimos, visuales, bien defendidos por sus actores. Sobre todo Jennifer Lawrence en el papel de Ree, la inquebrantable heroína de la historia, obligada a la dolorosa y sórdida búsqueda de su padre, que puede haber desaparecido para siempre a manos de alguna cuenta pendiente. Pero también John Hawkes como Teardrop (hermano adicto y amenazante del padre desaparecido) y Dale Dickey (lugarteniente perra de uno de los más villanos de cuantos pueblan el bosque de Missouri, una amplia zona agreste entre varios estados que se conoce por los Orzaks): Hawkes y Dickey fueron galardonados anoche mismo con los Independent Spirit Awards. No así la película. Las debilidades de Winter’s Bone tienen que ver con su dificultad para definir los hilos conductores de su narración. Por momentos el espectador está a punto de extraviarse en mínimos vericuetos para los que hubiera bastado una exposición más nítida. Winter’s Bone conmueve sin dificultad: es incómoda y llega al hueso, literalmente hablando. Sus protagonistas, la fotografía, la ambientación, la terrible credibilidad de un grupo increíble de personajes la sustentan. Pero una película independiente, por más valores que comporte su honestidad conceptual y estética, no siempre es una película intachable.
Pronóstico: muchos aplausos y ningún premio.
Somniloquios: Su única nominación a Mejor Película delata el brindis al sol de su presencia. Ganó el premio mayor en el Festival de Sundance: esa debe ser la lógica de su presencia entre las diez nominadas, a las que no desmerece ni tampoco amenaza.

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9 responses

28 02 2011
davicius

Personalmente Origen me pareció un pestiño insoportable con ínfulas de gran película…. Supongo que tan poco ayudó mucho la bronca previa a película que mantuve con mi acompañante y que creo que ayudo a ir un poco predispuesto al desastre. Eso sí, no volveré a verla no vaya a ser que entonces me guste….
En lo que no puedo estar de acuerdo es en lo de Carrie Ann Moss… Y es que sin entrar en sus capacidades para la interpretación, ¡cómo me gusta esa señora!
Saludos

28 02 2011
davicius

El “tan poco” es, obviamente, fruto de mi envejecida neurona, que todavía no ha despertado del fin de semana….

28 02 2011
ornat

Tal y como escribe la gente por ahí, se trata de un error venial corregido a tiempo. Respecto a la señorita Moss, puede que si la sacas una tarde al cine y luego a cenar al Timple, digamos, se ponga de lo más dicharachera, pero como ese dato no lo tenemos, nos regimos por la imagen en pantalla. De ahí sabemos dos cosas: que el negro le queda bien, que tiene los ojos grises y que ante la cámara padece un pasmo constante, como si no se acordase de dónde está o cuál es su siguiente frase.
Por lo demás, gracias por la compañía con respecto a Origen.

28 02 2011
Sr. Guerra

The Fighter=”Callejeros” con final feliz
He dicho.

1 03 2011
Merson

“Origen” me pareció (creo que la vi para el verano) una película fuera de temporada. No sé si la comparación vale, imagino que no, pero me daba la sensación de estar comiendo fresas en septiembre. Seguro que eran fresas, y seguro que estaban buenas. Pero no es la época para ellas. No sabía que Nolan había hecho “Memento”, y si “El caballero oscuro”. De las tres es esta última la que tiene, para mi, un tiempo más constante, menos vertical. Y aún así, y como dijo Scorsese, es una película de un tipo con capa y que vuela…

1 03 2011
Sr. Guerra

Habrá que ilustrar al Sr. Scorsese: Batman volar, lo que se dice volar, en avión y gracias. Espero que esté más acertado en el documental sobre George Harrison… ¡¡¡A ver si me lo pone de batería!!!

1 03 2011
ornat

Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¡enorme sr. Guerra! Ese Marty nos ha tocado dos fibras: Batman y los Beatles. Que se ande con ojo que lo estaremos vigilando.

1 03 2011
ornat

Al final lograrán que vuelva a ver El Caballero Oscuro. Con lo impermeables que eran antes mis convicciones y ahora, ya se ve: dispuesto a revisar mis principios al primer empujón.

1 03 2011
Merson

Y sí “El caballero oscuro”, perdón.

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