Grupo C: Los chicos de oro

9 09 2011

Australia, Irlanda, Italia, Estados Unidos y Rusia

El insumiso James O'Connor, Cooper, Beale y Genia: cuatro de los cinco balines que Australia tiene entre sus backs, y que constituyen el argumento principal para combatir la condición de favoritos de los All Blacks.

La victoria de Australia en el Tri Nations de agosto escenificó los dos perfiles de un equipo en ebullición. Por un lado, hacía tiempo que uno no veía a nadie jugar un rugby tan abierto, tan mortal a la contra, tan veloz a la mano, corriendo ángulos y explotando intervalos entre defensas como el que Australia puso en este reciente torneo. A pesar de que Nueva Zelanda arrancó las series al paso de la oca, como suele, uno tuvo la impresión de que Australia estaba llamada a lo más alto esta vez, por obra y gracia de una reunión de jugadores de los que marcan época. Son, sobre todo, cinco: el medio de melé Will Genia (en mi opinión, el mejor medio de melé del momento en el mundo… o al menos aquél cuyo juego más me gusta), el apertura Quade Cooper, los alas James O’Connor y Digby Ioane, más el zaguero Kurtley Beale. Esos cinco tipos tienen algo diferencial, cada uno a su manera. Su combinación con la pelota sobre el campo (en especial la de Cooper y Beale, que sale al contraataque como una bala de cañón), resulta en un equipo muy difícil, pero muy difícil de parar. Ioanne y O’Connor son finalizadores por afuera, rápidos y duros en la carrera y el contacto. O’Connor, además, tiene un pie privilegiado y da puntos con él. Cooper es un medio apertura heterodoxo, amigo de la frivolidad, un sátiro del pase, un funambulista de la 22, lo que a veces debe controlar (y no hace). En él bulle una creatividad que precisa embridar. Es más brillante que pensador; decide los partidos pero tal vez no siempre los maneja. Un jugador diferente, de los que oponen opiniones. Su perfil oculto (el de todo el equipo) está en la tendencia al pleito (son ya tradición las que sostiene con el All Black Richie McCall),  que parecen extenderse al resto del equipo. O’Connor también es un jovencísimo talento rebelde. Y a todo el equipo lo atrapa un hervor interno que no acaba de apagarse. La testosterona que ha llevado (reconocido estos últimos días por Fainga’a) a más de un puñetazo entre compañeros en los entrenamientos. Más tranquilo parece Will Genia, quien ha salido de la alargadísima sombra del inolvidable Gregan y se ha quedado la número 9 para mucho tiempo. Uno de esos medios de melé que rompen junto al agrupamiento con una aceleración mortal. Que interpreta de maravilla la debilidad defensiva de los hombres pesados que guardan los lados de las montoneras, un ave de rapiña del breakdown… Peligrosísimo si esa jugada se produce cerca de los palos rivales. Un medio de melé que, como Fourie du Preez hace cuatro años, lleva a su equipo adelante constantemente. Esos chicos de oro son el gran poder de Australia. No el único. Estamos ante mi primera línea preferida del torneo, y esto es un parecer muy personal. Es cierto que los australianos no tienen su fuerte en el set-piece, pero el pilar Ben Alexander y el talonador Stephen Jones son de esos pilares que llenan el ojo, dos muchachos pesados con un dinamismo envidiable, integrados en la punta de muchos avances, hábiles en el off-load, ensayadores.  Kepu es el camión que los completa. Entre los de atrás, son clásicos Adam Ashley-Cooper (que arrancará de ala por el castigo a O’Connor en el primer partido, pero al que veo de centro con Anthony Fainga’a o McCabe), clásicos como Rocky Elsom, Pocock o Samo en la tercera, y una segunda que ha de levantar su nivel (Horwill y Vickerman son los titulares) para resistir la comparación con el ya veterano Nathan Sharpe o el recuerdo de un John Eales. Pronóstico: veo a Australia campeona, si consigue mantenerse como equipo frente a la presión del torneo y la hormonal. Y si sabe responder a los periodos de juego en los que su brillantez no constituya el argumento fundamental del partido y haya que batirse en peleas cerradas, sobre todo ahí delante donde la vida no vale nada.

In BOD we trust... han repetido estos años como un mantra los aficionados irlandeses, jugando con la condición 'divina' de su número 13: en este torneo, más que nunca, el de despedida de una generación formidable, O'Driscoll dirigirá a su equipo, rodeado de incertidumbres después de una fase preparatoria de lástima.

A Irlanda la definió el mismo Ronan O’Gara, su veterano número 10, que disputará la última Copa del Mundo: “Podemos ser magníficos o dar pena”. Se trata exactamente de esa disyuntiva. De Irlanda se sabe todo: es un equipo a punto de despedir a una generación portentosa, capitaneada todavía por el centro Brian O’Driscoll, jugador que ha subrayado su presencia para dejarla unida a una época en su país y, por qué no, en el mundo entero. Tras él, los sobresalientes O’Connell y O’Callaghan en la segunda; el mismo O’Gara por detrás, ordenando con la mano y el pie (uno de esos aperturas de aspecto frágil, con toda la potencia táctica en la cabeza). Ahora le ha tomado el relevo Sexton, al que hemos visto algo detenido, quizás, en la excelente evolución que apuntaba. Desde luego aún está también el rotundo Gordon D’Arcy, el brazo derecho de O’Driscoll a la hora de esas rupturas brutales en el medio campo, provocando el efecto manada. En sus partidos de preparación, Irlanda ha dejado una impresión tan plana que uno llega a dudar de su capacidad de pasar el corte del grupo. La acecha Italia. Una primera línea correcta, pero sin alharacas (Best, Court, Healy, Ross, un Flannery que ha visto pasar su mejor día…), una tercera en la que me gusta mucho Ferrys, con Heaslip de ariete para la carga y O’Brien, por ahora, recuperándose de una lesión. Y un problema: el bajo nivel de O’Leary en la preparación lo ha dejado fuera del Mundial, con lo que Declan Kidney le ha abierto la puerta del número 9 a un joven Conor Murray. Atrás, nombres clásicos: Keith Earls y Tommy Bowe por afuera, Geordan Murphy en el fondo. En fin… que lo dijo O’Gara. Para qué decirlo nosotros. Pronóstico: pese a todo, aguardo un último rapto de orgullo verde en la despedida de algunos genios de la última década y los espero en cuartos como segundos de grupo. Y a partir de ahí, so long my friends!!!

Canale, Castrogiovanni y Parise, tres de las columnas de un equipo italiano que se tiene fe: quiere arrancarle el corazón a Irlanda y despedir a Nick Mallet de su puesto con un avance por delantera hasta cuartos de final.

Para el asalto a la segunda plaza del grupo, Italia va a ponerse en manos de la experiencia. En el arranque contra Australia, Nick Mallet alineará el segundo equipo con más internacionalidades que jamás ha armado la azzurra: 677 caps entre los 15 iniciales. Sólo la supera (con 704) la escuadra que Mallett dispuso el día que Italia le ganó a Francia en el último Seis Naciones. Repiten 13 de aquellos 15 jugadores. La evidencia del razonamiento es absoluta: agarrémonos a lo que sabemos. Es decir, la melé (con los incomensurables Castrogiovanni y Lo Cicero en los pilares, con Ghiraldini y Ongaro de talonadores, con el totémico Sergio Parise en el octavo…). Italia tiene en el punto de mira voltear a los irlandeses, a los que pusieron contra las cuerdas no hace mucho, y rebasar la etiqueta de equipo al que cuesta tanto ganarle como a ellos les cuesta ganar. Para eso hace falta velocidad y penetración atrás, donde viven los imprescindibles Bergamasco, Masi, Gonzalo Canale… Más un pie fiable. Por más que se quiera privar el ataque, el rugby aún es manos y pies, táctica y decisión. Veremos si el punto de mira de Mirco Bergamasco ha ganado credibilidad. Pero hay muchas dudas alrededor de sus medios, por inexperiencia y por errores, en el caso de Orquera. Nick Mallet se despide como seleccionador, veremos cómo… Pronóstico: sigo viéndola tercera de grupo, haciendo partidos interesantes y apretando en todas las fases estáticas del juego al rival que se ponga por delante. Pero algún día Italia va a negar su propio arquetipo. ¿Por qué no ahora?

Estados Unidos y Rusia se jugarán su particular final a un partido, el que los enfrente. En cualquier otro deporte, en cualquier otro tiempo, sería un choque mayor; en el Mundial de rugby es una cita pintoresca que tiene algunos puntos de interés para iniciados. Los Eagles son uno de esos equipos con margen de evolución, pero lastrados por la falta de encuentros internacionales que les permitan evolucionar. Unos cuantos jugadores del Pacífico Sur militan en sus filas, su estandarte es el tercer Todd Clever y amenaza por fuera con la sideral velocidad de Ngwenya. En el ranking mundial son el equipo número 18. El 19 es, precisamente, Rusia, que cumple su primera participación en un Mundial y exhibe al jugador más veterano del torneo: Vyacheslav Vachev, de 38 años, que ostenta también el récord de ensayos anotados de un jugador ruso. El choque entre Estados Unidos y Rusia es el primero para ambos, así que los Osos tienen la notable oportunidad de ser el primer equipo debutante que gana el primer encuentro de un Mundial. Demasiado bonito para ser verdad. Pronóstico: Estados Unidos debe ganar su choque contra los rusos, ser cuarto de grupo y aprovechar el resto de partidos para animar evoluciones. El calendario (cuatro partidos en 16 días) no les va a hacer ningún favor.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: