El capitán América y la guerra fría

15 09 2011

Frente a Irlanda, el equipo de Estados Unidos entró al campo afectado por un evidente caso de inflamación patriótica: el partido se jugó el pasado domingo, 11 de septiembre, precedido por un servicio funerario en memoria de las víctimas del atentado del World Trade Center. Bastó ver al capitán de las Águilas americanas, Todd Clever, enjugarse las lágrimas en el homenaje para saber que al seleccionador americano no le haría falta enfatizar en la charla táctica: los muchachos saldrían a entregar su sangre si fuera necesario frente al confundido equipo irlandés. Y así fue: en el rugby la  victoria y la derrota son circunstancias volubles, pero el orgullo no se negocia.

Así de bien placaron los americanos: Todd Clever, de espaldas, interrumpe el avance de Keith Earls con un topetazo al pecho que busca arrancarle la pelota; simultáneamente, otro americano caza al zaguero irlandés abajo. Fue una constante que convirtió en el partido en un espectáculo defensivo casi circense por parte yanqui.

Al frente del arrojado ejercicio de resistencia americano apareció el hombre al que llaman, previsiblemente, Capitán América. Estados Unidos hizo 101 placajes en ese partido: muchos de ellos (15) los protagonizó el granítico Clever. Fue digno de verse: el también tercera Louis Stanfills sumó 14; y el primera línea Shawn Pittman, nada menos que 13. Esto da idea del tipo de escuadra de la que hablamos. La inferioridad de los yanquis en la melé era tan patética que cada golpe de empuje irlandés los arrastraba hacia atrás de forma grosera, como si en lugar de botas calzaran patines. La melé no les interesa gran cosa; su primera línea, su paquete en general, están concebidos para el juego dinámico. Sin embargo,  y de manera bastante incomprensible, Irlanda decidió ignorar ese factor o bien no supo jugar el partido a partir de él, ni sacar rédito a su superioridad insistiendo delante, para erosionar la impresionante energía defensiva de Estados Unidos. Siguió empeñado en ir a jugadas abiertas, obsesionado con imponer su mayor calidad con la pelota a la mano. Jugó con aire de superioridad, pero sin pensar, corriendo en abanico con el balón. La mayoría de las veces acabado estrellando de manera violenta sus tentativas en la maraña de tackles voladores de los americanos, que no hacían prisioneros. Irlanda acabó ganando (10-22), pero los chicos de Todd Clever no se sintieron perdedores.

Estados Unidos juega esta mañana con Rusia, su archinémesis política a lo largo de tantas décadas. El rugby no es una guerra fría; es más bien una batalla acalorada. Y en esta disciplina el encuentro no hubiera tenido jamás el peso de los grandes enfrentamientos entre ambos bloques. Estados Unidos y Rusia son potencias menores, pero emergentes, en el mundo ovalado. Tienen difícil ir más allá de la primera fase y su objetivo aparece tan antagónico como pueda serlo: los dos están en el Mundial para derrotar al otro. Y poco más. Todd Clever, el Capitán América, es el rostro más reconocible de un equipo americano que exhibe una mayoría de jugadores amateurs, llegados de las ciudades más diversas de Estados Unidos. Lugares con muchas y variadas referencias culturales y deportivas, pero difícilmente asociadas al rugby: San Francisco, Nueva York, Denver, Chicago, Boston, Las Vegas… o Idaho. Estados Unidos no celebró concentración previa al Mundial. Diez jugadores abandonaron sus trabajos para reunirse y entrenar en una casa en Denver, pagada por la federación, con los preparadores físicos de la selección. La mayoría de ellos dejarán el rugby después de estas semanas en Nueva Zelanda, para desarrollar su verdadero medio de vida: sus carreras profesionales.

En esas condiciones, sin otra competición en el calendario que la Churchill Cup -que jugaba con Canadá y los England Saxons, una suerte de equipo B inglés, más invitados ocasionales como Italia, Rusia o Tonga- y en un país en el que el deporte está profesionalizado al nivel más alto de todo el planeta y no existen las subvenciones públicas, el rugby norteamericano no sólo ha logrado sobrevivir, sino que progresa y abre sucursales en las primeras plazas del mundo. La Churchill Cup ya no se celebrará más y Estados Unidos será a partir de ahora incluido en el circuito de test matches de la IRB, el cuerpo que gobierna el rugby mundial.

Todd Clever carga con la caballería ligera por encima de O'Driscoll, que inútilmente intenta derribarlo yendo abajo. El Capitán América predica liderazgo con la acción.

Algunos nombres sobresalen en esta selección y han logrado vivir del rugby. Todd Clever, que acaba de fichar por el Suntory Sungoliath japonés, después de jugar en los Golden Lions de Johannesburgo.  El zaguero Chris Wyles, del Saracens inglés. En País de Gales encontramos al medio de melé Mike Petri con los Newport Gwent Dragons, y antes en Inglaterra con Sale Sharks. Y el centro Junior Tolomau Sifa, nacido en la Samoa americana, milita en el Notthingham. Además, el segunda línea Scott Lavalla acaba de dejar la Universidad de Dublín para fichar por el Stade Français. Sin embargo, es el ala Takudzwa Ngwenya, natural de Zimbabwe y conocido por sus compañeros como Zee, el que reclama todos los focos. Uno de esos jugadores que provocan expectación, como si su aparición anticipase algo grande. La culpa la tiene su casco con la bandera americana, sí, pero también una jugada memorable de la Copa del Mundo de hace cuatro años. En ella, Sudáfrica asalta la 22 de Estados Unidos con una carga feroz de sus delanteros. Cuando Fourie du Preez abre juego para buscar un ensayo en la punta derecha, el pase con triple salto lo intercepta Todd Clever. El Capitán América lanza el contraataque de Estados Unidos y por el camino larga un hand-off cuya fiereza derriba al mismísimo Butch James. Tras una veloz combinación de lado a lado del campo, aparece Ngwenya como un cañón, para medirse en carrera con el que hasta ese momento era considerado un velocista inabordable de la banda: Bryan Habana. Y desde ese momento Ngwenya pasó a ser el hombre que mató a Bryan Habana.

Mientras, en la jornada de ayer Escocia ganó a Georgia (15-6) sin posar un ensayo. Los 15 puntos los sumó el apertura Dan Parks, en un equipo escocés con nueve cambios con respecto al debut frente a Rumanía. El calendario le ha permitido al bloque de Andy Robinson estos dos encuentros de calentamiento antes de medirse con los gallos del grupo, Argentina e Inglaterra, con los que se va a jugar la clasificación. Escocia se concentró ayer en no permitir que el poderío de los georgianos en las fases estáticas y el juego de melé y delantera marcase la pauta del choque. Y no le importó “ganar feo”, como dijo su entrenador, con tal de sumar el segundo triunfo del torneo. El encuentro fue pródigo en escenas de cotidiana brutalidad, asperezas tradicionales en el juego pesado. Al punto que un cronista escocés escribió: “Los padres con niños que se portan mal tienen ahora ya una alternativa al hombre del saco para cuando necesiten imponer disciplina en casa. Pueden advertirles: ‘Niños, os portáis bien u os pongo el partido contra Georgia”. Así fue la cosa. En ningún momento tuvo Escocia ni la ligereza, ni el espacio, ni la habilidad para encontrarlo, ni la precisión necesaria para imponer el juego abierto. Así que se conformó con horadar el muro a patadas de Parks (que falló otras tres) y miró adelante: en 11 días afrontará a los Pumas. Ahí ya no valdrá con jugar medio partido.

En el grupo A, Canadá mandó a casa a Tonga con un triunfo (25-20) que corrobora la impresión de crecimiento del rugby norteamericano. Por fin en partido del grupo D, Samoa también abusó de Namibia, el equipo más flojo del torneo por ahora, y le metió los mismos puntos que ya le había hecho Fiji (49-12).

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18 09 2011
tony

joder, ha llegado irlanda, ha cerrado el juego y ha ganado a una de las dos superfavoritas….. no sé como tomármelo, si por el lado bueno(igualdad, sorpresas) o por el malo(partidos lentos y trabados para frenar el rodillo aussie…

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