En el nombre de Richie McCaw

24 09 2011

En el rugby el lenguaje corporal tiene una importancia básica, como en el tenis (por presentar un ejemplo sutil) o en la vida animal (para hacernos una idea más aproximada). La totémica prestancia con la que Richie McCaw caminó el espacio desde el vestuario hasta el césped del Eden Park, al frente de su equipo, subrayó su sobresaliente figura en la noche en la que cumplía un centenar de partidos con los All Blacks. Pero no sólo eso. Había en las expresiones de los neozelandeses una negrura abismal, ese cierto extravío de las miradas cuando se quedan fijas en ninguna parte, porque están en realidad mirando al interior, recabando hasta el último gramo de determinación para transmitirlo de dentro afuera, y licuarlo en cada acción del partido. Esa aproximación anticipatoria, rabiosa, se extendió a la grada y a la interpretación del himno: Dios Defienda a Nueva Zelanda. Era el aroma de la fría venganza contra una obsesión nacional (las derrotas de 1999 y 2003 ante Francia), la anticipación del combate, el olor a napalm por las mañanas, que diría el coronel Kilgore en Apocalypse Now. Los franceses arremolinaron su espíritu jacobino alrededor de La Marsellesa y, conforme la cámara barría los rostros de los jugadores y llegaba a los delanteros, ese “¡A las armas, ciudadanos / Montad los batallones!” tronaba como un aviso de que durante las dos horas siguientes nadie iba a rendir un solo metro ni a hacer prisioneros. Uno tuvo ganas de gritar. De excitación, de miedo, de emoción… Por si quedaba alguna duda de nuestra hipótesis (hay que empezar a ganar un partido desde el mismo momento en el que se sale del vestuario y resuenan los tacos en el terrazo del pasillo), los All Blacks interpretaron Kapa o Pango, la segunda de sus retadoras danzas, y no se ahorraron el gesto del cuchillo que raja las gargantas del enemigo en su final. Ese detalle provocó en su día, cuando la estrenaron en 2005 contra Sudáfrica, todo un debate mundial acerca de los valores del deporte y el significado de una tradición folklórica que derivaba hacia el exhibicionismo. Ayer no hubo lugar para opiniones ajenas. La dramatización de Ali Williams fue memorable. Hasta puso los ojos en blanco y sacó la lengua simulando la pérdida de conciencia de una cabeza separada de su cuerpo.

Poco dispuestos a las impresiones gestuales, los franceses se pasaron el desafío negro por el Arc de Triomphe parisino. Y en cuanto la pelota echó a volar la agarraron, avanzaron con ella y sus cuerpos hasta el fondo rival y encerraron a los All Blacks en su mazmorra durante diez larguísimos minutos. Mientras la pelota iba y venía mecida entre el flair y la brutalidad,  el planeta oval contuvo la respiración y se preguntó admirado si los franceses iban a hacerlo une autre fois. En la transmisión de la ITV inglesa, Andy Gomarshall —ex medio de melé inglés, hoy comentarista—, no pudo evitar varias veces una risita nerviosa que delataba el general asombro. John Fitzpatrick, All Black legendario, había afirmado en el debate previo al encuentro, yendo más allá que sus contertulios Pienaar y Dallaglio: “Quiero ver a los All Blacks manejarse bajo la presión francesa”. Y lo vio. Porque, si los franceses parecían convencidos de que esa formidable campaña napoleónica en el crudo invierno neozelandés tenía posibilidades de éxito bajo el dictado del factor sorpresa, los All Blacks se encargaron de convencerlos de lo contrario: rechazaron cada embestida con fiereza redoblada, metieron los cuerpos abajo, los hombros delante, pusieron inteligencia, energía, técnica y arrojo en cada disputa, y establecieron las bases de la preeminencia física en el breakdown, factor que iba a marcar a fuego el partido. En esa fase tremenda de la noche, Francia no pudo hacer ni un solo punto: Morgan Parra mandó un drop contra los palos y reclamó una obstrucción en una ruptura en la que quizás no le faltó razón. Pero toda las quejas resultaron fútiles. Cuando el equipo de Lievremont quiso darse cuenta, encontró que en Nueva Zelanda las nubes de una tormenta se disipan tan rápidamente como llegaron. El sol entró en eclipse en Eden Park y todo se volvió negro.

Richie McCaw, capitán de Nueva Zelanda, celebró sus 100 partidos con una victoria prestigiosa frente a Francia, que no pudo con la máquina trilladora de los All Blacks.

Un movimiento portentoso de Ma’a Nonu, el centro All Black, viniendo del lado cerrado hacia el abierto a la salida de un relanzamiento de los kiwis, permitió el primer ensayo negro. La acción de Nonu —poderoso, inteligente, veloz— estuvo hecha para la memoria: tomó el balón que venía de izquierda a derecha y aceleró contra el muro blanco, abrió un intervalo con un par de pasos laterales entre Bonnaire y Picamoles (los terceras están para eso, para placar como animales en campo abierto), escapó de la cobertura del zaguero Traille y sólo fue frenado a dos metros de la marca. También lo siguiente lo hizo Nonu de libro: liberar de inmediato en la caída para el relanzamiento, eso que ahora se llama bola rápida. La pelota salió otra vez hacia el flanco, subida en la línea neozelandesa y, con un truco mágico de Dan Carter, llegó hasta la esquina para que allí la posara uno de esos actores secundarios que casi nunca reclaman los focos: Adam Thompson, en su primer ensayo con la camiseta negra. De ahí hasta el final del primer tiempo, los All Blacks ensayaron tres veces más, desanudando por completa una tibia defensa francesa, que abrió huecos para permitir otra marca de Cory Jane (después de otro pase formidable, esta vez de Piri Weepu, que jugó 50 minutos fantásticos como medio de melé) y una escapada del irrefrenable Carter. Los All Blacks habían entrado en estampida. Weepu le daba a la pelota un ritmo excelente (gran trabajo de los gordos en los agrupamientos para permitir reciclajes inmediatos), Nonu partía por la mitad a los rivales, Dagg se sumaba haciendo superioridades magníficamente medidas y terminadas, mientras Conrad Smith y Kaino, más la ineludible aportación del capitán McCaw, se encargaban de sacar la basura en cada jugada, placando en defensa como si les fuera la vida en ello. Los franceses se dolieron de cada impacto, al punto de que Parra se puso futbolero cuando Kaino le cruzó un brazo en una jugada cotidiana en la que el respetable francés pidió un castigo mayor que el tiro a palos. “Un francés acaba de caerse al suelo como si le hubieran pegado un tiro”, resumió el comentarista. Y era así.

El encuentro se disputó, a partir de ahí, en una sola dirección. Francia rebajó el impacto con un golpe de castigo para el 19-3 del descanso, pero otro juego de pies de bailarín de claqué del punzante Dagg en el arranque de la segunda mitad estiró la ventaja local hasta un 26-3 que se hacía ya incontestable. Aquello eran los All Blacks en estado puro, todos atacando y defendiendo, durísimos en cada colisión, inapelables en las disputas y sin piedad en ataque, corriendo, chocando y descargando con una rapidez de vértigo y el máximo rigor técnico. Al mando de todos ellos, el señor Dan Carter, que puso toda su clase en el asador. Su capacidad para cambiar de dirección con la pelota en las manos e implicar en la carrera a los tres del fondo permitió a Nueva Zelanda rajarle el cuello a la defensa gala con dos ensayos más, de Dagg y Sonny Bill Williams, que había relevado pronto en el ala al tocado Cory Jane. Si Carter no fue el Hombre del Partido fue por aquel pase errado que Mermoz robó para posar el único ensayo francés, mediado el segundo tiempo. Pero su manejo del choque fue impresionante de todo punto. Puede que en la prensa hubiera mucho debate por ese presunto equipo B que puso Lievremont, con Parra de apertura, con Trihn-Duc y Servat en el banco. Es relativo. Szarszewski tuvo, en efecto, un día terrible en el puesto de talonador. Sufrió como un perro en las melés ante la implacable primera negra: Franks, Mealamu y Woodcock. Servat debió jugar. Pero respecto al cambio de posición de Parra hay que decir que los mejores momentos de Francia ante Japón ocurrieron con él en ese puesto, después de constatar la preocupante irregularidad del 10 titular. Desde luego, para los All Blacks Francia mereció tratamiento de enemigo mayúsculo. Desde el Kapa o Pango, fueron a degüello. El croissant se lo zamparon de un mordisco y, después, acabaron asándole las tripas al gallo. Ganaron 37-17 sin parecer jamás amenazados… salvo por esos primeros minutos. Los negros aún no han alcanzado el cénit de su potencial, como reconoció Graham Henry, pero en el primer encuentro verdaderamente exigente del Mundial dejaron sentado que tienen argumentos, rugby, motivación y apoyo para andar todo el camino. Un ataque sensacional y una defensa, su gran interrogante, capaz de resistir los mayores sitios.

En el otro partido del día, Inglaterra se deshizo con un par de manotazos enguantados de una Rumanía que reservó jugadores para la riña de berracos que le aguarda contra Georgia. Fue 67-3, con diez ensayos en total, tres de cada uno de sus alas Ashton y Cueto. Un excelente encuentro de Tindall en las labores de choque y de Tuilagi en las rupturas, jugando muy buen rugby, matizando esa idea generalizada de que su único camino suele ser la línea recta y llevarse por delante a los rivales: “Parece que el muchacho sabe jugar”, ironizó Martin Johnson. La impresión de mejora inglesa fue casi más importante que la superioridad, ejercida sin contestación enfrente: ese era el partido número 24 de los 48 que tendrá el torneo. A la mitad del camino, Inglaterra empieza a parecer de verdad un aspirante con posibilidades. Por si a alguno de los agentes de su Majestad se le ocurría celebrar de manera excesiva la rotunda victoria, el agrio Johnson advirtió: “El partido nos exigió poco: Escocia será otra cosa”. Uno, que la mira con tanto cariño, se pregunta qué será Escocia… Por ejemplo, esta mañana contra los Pumas de Argentina.

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2 responses

25 09 2011
tony

sigue sin convencerme nueva zelanda. su delantera sufre más de la cuenta y su juego, hasta ahora, carece, a mi juicio, de la fluidez necesaria. y no me gusta williams, portento físico, pero fuera de lugar en muchas acciones.me hace daño a la vista. a pesar de el buen papel de dagg o jane, echo de menos a rokocoko y sivivatu.muliaina está lesionado??? le echo en falta demasiado en esta selección. me está sorprendiendo gratamente nonu, al que no le tenía en mucho aprecio(tácticamente flojo, malas manos). a estos all blacks les sigue faltando algo para encandilarme…..

10 04 2013
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Hey very nice blog!

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