¡Soy un Puma, soy un Puma, soy un Puma!

7 10 2011

En Argentina siempre hubo grandes jugadores de rugby (Hugo Porta fue, acaso, el más excelso de todos). Aún los hay. Y hasta hace bien poco un medio de melé, Agustín Pichot, que le agregó a su estupenda carrera el corolario de aquel tercer puesto en el último Mundial. Esa inolvidable hazaña arrancó con un triunfo sobre Francia en la fase de grupos, el ensayo de Corleto y la arenga de Pichot al final del encuentro, en el medio del eufórico círculo de los Pumas: “Eh, eh… -les gritó autoritario el capitán-. Recién empieza. No quiero ver a nadie saltar. Esto es una Copa del Mundo y vamos hasta el final”. El documental, hermosísimo, titulado Pumas de Bronce, Corazón de Oro, rememora el trayecto de los Pumas desde la preparación hasta el cierre por el tercer puesto contra Francia, en la Copa del Mundo que iba a cambiar para siempre el rugby argentino y, de manera previsible, el juego en el inaccesible Hemisferio Sur. La inspiradora ascendencia del capitán Pichot se advierte de manera emocionante en los últimos minutos de este vídeo de highlights del estreno puma en la RWC 2007. Y, por supuesto, en esta racial charla de Pichot en el vestuario antes del último encuentro.

La capacidad de inspiración de los Pumas en esas semanas de competición provocó y ha mantenido, desde entonces, una amplísima producción publicitaria a su alrededor, que extiende la idea de valor irreductible del equipo argentino. Anuncios como el célebre “Soy un puma” para Adidas; o los de la firma Medicus de este año, insisten en la capacidad inspiradora del modelo que representa el equipo de rugby; y, por supuesto, aquel emotivo “No hay razón para jugar al rugby”, de Quilmes, que expresa de forma exacta la bendita locura que significa abrazar este juego hasta sus últimas consecuencias. Amor propio, esa es la marca registrada de los Pumas, que se enfrentan este domingo al mayor obstáculo que cabe imaginar: los All Blacks. Esos tipos de negro. Esos 15 hombres sin piedad. Y en su campo, en Eden Park, ante su gente, resueltos como siempre, altivos y retadores, sostenidos por el apoyo innegociado de un país. ¿Un desafío excesivo incluso para los indómitos argentinos? Probablemente. Pero, como recuerda otro anuncio de estos días, a otros equipos los motivan poniéndoles vídeos de gladiadores; a los Pumas los motivan con vídeos de los Pumas…

Nueva Zelanda fue, por números, el incontestable mejor equipo de la primera fase (aunque no el que más nos gustó): ganó todos los partidos y todos con el punto bonus (más de cuatro anotaciones), posó 36 ensayos en total y anotó 270 puntos. Sólo fue por detrás en el marcador apenas unos minutos, como ya contamos, cuando Canadá se puso 3-0. Todos los peros que queramos ponerle al equipo de Graham Henry vienen con una advertencia previa: hablamos de los All Blacks. Es decir… que aun sin alcanzar su mejor versión, están en un nivel de excelencia inabordable para la mayoría de los equipos del mundo. Ahora, pueden perder. Y las copas del Mundo lo demostraron. Sabemos que Argentina puede competir con cualquiera, defender a cualquiera, ganarle las fases estáticas a cualquiera, competir convirtiendo el partido en una batalla de deseos. Sí. Pero la pregunta es: ¿Pueden los All Blacks perder contra Argentina? O sea, ¿puede la argentina de Santiago Phelan comprometer, interrumpir, quebrar, obturar el torrencial juego de Nueva Zelanda, la prodigalidad de sus carreras de ruptura, ese modo inigualable de meterse contra la defensa rival y soltar una descarga del balón para el apoyo, y otra y otra, hasta pasar a a la espalda y reventar todos los espacios? ¿Puede Argentina ser táctica hasta la locura, como lo fue Francia hace cuatro años, cuando mandó a los All Blacks a jugar al ping-pong con la pelota, sin permitirles un solo hueco por el que penetrar? ¿Puede cortarle la corriente de juego durante 80 minutos a un equipo que hace un rugby de ataque con la participación de los quince que están en el campo? Y, después, claro: ¿Puede golpearle, hacerle ensayos, provocarle carreras defensivas en sus zonas descuidadas, preocuparlos con la pelota, comprometer la a veces insuficiente defensa negra, ganarle líneas de ventaja con frecuencia, amenazarla al contraataque, obligarla a cometer errores, castigarlos con el pie? Es verdad que al rugby se juega con el corazón. Pero no conviene confundir un eslogan publicitario con la realidad en el campo de juego: el corazón es básico. Pero lo demás es inteligencia, físico, táctica, ejecución, habilidad y competición. Los Pumas no hicieron lo que hicieron hace cuatro años sólo con el corazón. Pusieron rugby, mucho juego, mucha calidad, muchísimo conocimiento, una vastísima experiencia y un deseo incomensurable. A Hugo Porta le hicieron esas mismas preguntas, de uno u otro modo, en memoria del Pumas-All Blacks de 1985, aquel 21-21 en la cancha de Ferrocarril Oeste, donde Porta anotó todos los puntos argentinos. Su respuesta: “Y bueno… todos los partidos hay que jugarlos”. Para qué responder si el mismo Huguito no lo hizo. Jueguen, entonces…

    • Slade, el 10: Henry deshojó a favor de Corin Slade la margarita del relevo de Dan Carter en la posición de medio de apertura. Cruden queda fuera (fue el último en llegar y era impensable que lo hiciera titular, saltándose su propia jerarquía a la hora de hacer la lista de los 30 que llevó a la RWC), y Piri Weepu comienza como medio de melé. Una elección interesante porque Weepu tiene puntos en el pie por si a Slade le da el baile de San Vito y, sobre todo, carácter y oficio suficientes para un partido que se anticipa muy perro ahí delante, con la gente como Roncero, Ledesma, el Pato Albacete o Leguizamón (añoranza de Fernández-Lobbe), enfrentados a perros de presa como Franks, Woodcock, Mealamu, Brad Thorn, Kieran Read y, last but not least, el señor Richie McCaw.

      Colin Slade, a la izquierda, e Israel Dagg hacen el berraco durante un entrenamiento de los All Blacks: el número 10 jugará hoy, otra vez y el resto del torneo, bajo la oscura y alargada sombra del ausente Dan Carter. Foto: AAP / Patrick Hamilton.

    • González Amorosino no, Muliaina sí: Phelan se decidió por Martín Rodríguez Gurruchaga como zaguero, dejando otra vez fuera al héroe de la victoria contra Escocia: Lucas González Amorosino. Este último tiene más amenaza en ataque con la pelota en la mano, pero por algún motivo Phelan prefiere al zaguero del Stade Français, cuyas dificultades para precisar patadas a palos durante el Mundial le ha ganado muchos recelos en Argentina. Uno no los vio lo suficiente a los dos como para inclinarse con argumentos, pero en estas semanas le llamó mucho más la atención González Amorosino: si alguien tiene un juicio más ajustado, bienvenido sea. La continuidad de Mils Muliaina en el puesto de 15 puede deberse a la baja de Israel Dagg, que no está siquiera en el banquillo. Un jugador con muchos adeptos, magnífico en su mejor versión al contraataque, seguro en el fondo. A mí, sinceramente, Dagg me había impresionado.
    • Sonny Bill Williams: a pesar de los cuatro ensayos de Zac Guildford frente a Canadá, Henry mete más madera a la locomotora negra con la aparición de Sonny Bill Williams en el ala izquierda. La adición del púgil y rugbier compone una línea demoledora, capaz de un rugby de gran potencia física y lleno, también, de sutilezas: en línea a partir de Colin Slade estarán Ma’a Nonu, Conrad Smith y Sonny Bill Williams. Al otro lado, Cory Jane, que también ha desplazado al muy potente Richard Kahui. Veremos como funciona Sonny Bill por afuera (no desconoce el puesto, ni mucho menos): suena a amenaza adicional para los Pumas. Y si se cruza para jugar por dentro, un tercer centro oculto. Por ahí tiene sentido el regreso de Felipe Contepomi al puesto de primer centro, porque en ese medio campo van a hacer falta hombres que no le tengan miedo a nada.
    • Woodcock / Figallo: en la excelente primera línea argentina entró, con perfil bajo dada la personalidad y trayectoria de Roncero y Ledesma, un número 3 de libro: 1,87 y 115 kilogramos. Hasta ahora hizo un torneo excelente. Un joven de 23 años al que este domingo le toca medirse cara a cara con el fiero Tony Woodcock (30). La próxima evolución del rugby televisado deberían ser cámaras personalizadas en la melé, que nos permitieran seguir en detalle la historia subterránea de encuentros como éste. Puede que convenga que no sea así, para tranquilidad general de la población y por el buen nombre del rugby… Pero algunos tendremos un ojo puesto ahí, en el punto exacto del morrillo en el que Juan Figallo impacte en cada scrum con Tony Woodcock.

Figallo, segundo por la derecha, en un momento relajado de entrenamiento de la melé junto a Creevy, Scelzo y Maxi Bustos. La fuerza argentina está delante: hasta tres primeras líneas hay entre los suplentes. Foto: AP Photo / Natacha Pisarenko

Nueva Zelanda: 1 Woodcock, 2 Mealamu, 3 Owen Franks; 4 Brad Thorn, 5 Whitelock; 6 Kaino, 7 McCaw, 8 Read; 9 Weepu, 10 Slade, 11 Sonny Bill Williams, 12 Nonu, 13 Conrad Smith, 14 Cory Jane, 15 Muliaina. Subs: 16 Hore, 17 Ben Franks, 18 Ali Williams, 19 Victor Vito, 20 Jimmy Cowan, 21 Cruden, 22 Toeava.

Argentina: 1 Roncero, 2 Ledesma, 3 Figallo; 4 Carizza, 5 Albacete, 6 Farías Cabello, 7 Leguizamón, 8 Senatore; 9 Vergallo, 10 Santiago Fernández, 11 Agulla, 12 Contepomi, 13 Bosch, 14 Camacho, 15 Rodríguez Gurruchaga. Subs: 16 Creevy, 17 Scelzo, 18 Ayerza, 19 Campos, 20 Lalanne, 21 González Amorosino, 22 Imhoff.

Hora: Domingo, 9 de octubre, 9:30 horas (Canal+ Deportes).

Anuncios




El ejército de papá

7 10 2011

Ya se ha dicho que la derrota de Australia frente a Irlanda en su grupo varió todas las previsiones en los cruces. Tuvo otro efecto. O, en realidad, el mismo efecto sólo que con una lectura diferente: dividir el Mundial por la línea del Ecuador, de forma que los equipos del Hemisferio Norte se eliminan entre sí, mientras por el otro lado del cuadro los del Hemisferio Sur hacen lo propio. Así que la habitual dialéctica mundial entre las dos mitades del planeta habrá de resolverse en la final. El resultado es, para la jornada del domingo, estos cuartos de final que inauguran de facto lo que será a partir del próximo verano el torneo de las Cuatro Naciones (las del Tri Nations, más la incorporada Argentina), sólo que en el escenario superior de una Copa del Mundo. Australia frente a Sudáfrica; Nueva Zelanda contra Argentina.

El síndrome del dinosaurio. Cuando Australia se enfrentó con Inglaterra como anfitrión en la final de la RWC 2003, los medios aussies hicieron longanizas con la edad del equipo que entonces capitaneaba Martin Johnson, para lo que usaron la referencia de una vieja y divertidísima serie de la televisión británica, Dad’s Army: en ella se retrataba con enorme humor los días de la Home Guard en la II Guerra Mundial; voluntarios que ya no eran elegibles para servir en el frente, sobre todo por razón de edad, y que se encargaron de la retaguardia. Aquel equipo inglés tenía ente como Jason Leonard, 35, Neil Back, 34, o Johnson, 33… Pero su media de edad quedaba establecida en 28 años y 288 días. En 2007 llegaron a la final (perdida contra Sudáfrica) con una media de 31 años. Y en 1991 también sucumbieron en el partido por el título, contra Australia, con un equipo por encima de la treintena…  A tal punto que el Sydney Morning Herald, una vez derrotados los australianos en la final de 2003, tuvo que disculparse: “Hemos de admitir lo siguiente: No estábais tan viejos (aunque esperábamos que lo estuviéseis cuando el partido se fue a la prórroga). No érais tan lentos. Metísteis tantos ensayos como nosotros”. El asunto de la edad es muy común cuando se habla de Sudáfrica y sus delanteros, sobre todo. Pero vuelve a ser engañoso, pese a las edades de John Smit (33), Matfield (34), Rossouw (33) o Botha (32). Lo que sí impresiona es la continuidad de los seleccionados: hasta 18 de los 30 jugaron, y ganaron, el último Mundial. Ahora 16, porque el segunda Bakkies Botha y el zaguero Frans Steyn se han tenido que volver a Sudáfrica lesionados. He ahí uno de los puntos calientes de este partido. Rossouw es un relevo natural y experimentado en la segunda. Lambie está a punto de cumplir 21. Australia es lo contrario, un equipo joven, enérgico y de rugby expansivo. La derrota con Irlanda y una interminable serie de lesiones recortaron su vuelo en la primera fase. Ahora ha recuperado a la mayoría a tiempo y falta saber qué queda de su exuberancia en el Tri Nations de hace dos meses, donde presentaron su muy seria candidatura a arrancarles a los All Blacks su número 1 en el ránking global y, de paso, gobernar el mundo con la Copa Webb Ellis en sus manos. Aquí ya ha quedado advertido que los wallabies se enfrentan al síndrome Monterroso, que se formularía así: “Cuando despertaron, el dinosaurio seguía allí”. Hay que añadir: el bicho tenía la cara de Victor Matfield… Con casco y todo. Puntos de encuentro:

  • El señor Johh Smit: el talonador springbok representa la escasa regeneración del equipo de Peter de Villiers. Buena parte de la afición, y la crítica, sudafricana pedía la titularidad para Bismarck du Plessis, pero Smit no ha soltado el puesto. Cumplirá su 17º partido en una Copa del Mundo y dirigirá a un pelotón de desarrapados en el que Victor Matfield ya no tiene la preeminencia de hace cuatro años en la segunda línea, donde faltará su inseparable Bakkies Botha y en la que el otrora sanguinario Burger se mezcla en la tercera con un formidable Brossouw, uno de los argumentos principales de la delantera verde, y el siempre atendible Spies.

    Genia, en un 'plongeon' durante la preparación de lo wallabies: su estado de forma afecta enormemente el juego de ataque de los australianos. Foto: Cameron Spencer / Getty Images.

  • Du Preez / Genya: Fouriez du Preez era uno de los motores de explosión que disparaba al equipo campeón de hace cuatro años. Ha perdido gran parte de aquel impulso mortal que tenía para escaparse por el lado débil de los breakdowns, entre los grandotes rivales que guardaban los lados del agrupamiento, y poner a su equipo a jugar por detrás de la defensa contraria, ahí donde se crean los huecos, las superioridades y, como consecuencia, los ensayos. En ese punto que Du Preez exhibió en el pasado Mundial es en el que encontramos hoy a Genya, fundamento básico en el juego ofensivo de Australia. Su capacidad para reciclar balones rápidos o dispararse hacia delante para ganar la línea de ventaja, e incluso ensayar si se da el caso, constituyen activos básicos en la ofensiva wallabie. Va a necesitar, eso sí, que sus delanteros ganen a los sudafricanos en el contacto o bien sean hábiles como lo fue Gales para no exponer la pelota y liberar con velocidad.
  • Fourie / Ashley-Cooper. Duelo monumental en el puesto de los números 13, los segundos centros, donde el ruido de cacharrería se anuncia ensordecedor. Dos topadoras frente a frente, capaces de fracturar defensas por impacto, de esos psicópatas para los que chocar es la primera y fundamental posibilidad del juego del rugby. Más en serio: dos elementos capaces de colarse por los intervalos defensivos como misiles incendiarios. Grandísimos jugadores -por fin Ashley-Cooper de centro en los partidos decisivos, dándonos la razón tal vez-; grandísimo enfrentamiento.
  • Habana / Ioane: El jugador de mayor impacto en el último Mundial (más de 70 internacionalidades a sus 28 años) y el más excitante del último curso. Habana no atraviesa un momento fino (ha posado dos ensayos en la primera fase) pero su capacidad ofensiva es demasiado conocida como para precisar adjetivos. Ioane vuelve de la fractura del dedo que cercenó su primera fase. Es de esperar que su brutal aceleración no se haya visto afectada, aunque tal vez sí el ritmo de partidos. Explosivo por naturaleza, es un finalizador de primera magnitud. El gran James O’Connor estará al otro lado. Pietersen por Sudáfrica. Por afuera, siendo un magnífico duelo, los wallabies son hoy por hoy superiores.

    Morne Steyn, uno de los mejores pateadores a palos del mundo, y quizás el más fiable en este Mundial neozelandés: su acierto define gran parte de las posibilidades de avanzar de un equipo Springbok que ha mejorado con las semanas de juego. Stu Forster / Getty Images.

  • Morney Steyn / Quade Cooper: Una contraposición espectacular de estilos. El juego flemático, de patada milimétrica de Steyn, contra la habilidad natural y las conductas de riesgo de Cooper en el campo. Sudáfrica tiene en su número 10, como cualquier equipo de juego sobrio, un granero de puntos siempre a mano. No le han afectado ni los balones, ni el viento, ni la lluvia: Steyn se mantiene por encima del 60% en golpes a palos y por encima del 93% en conversiones. Y acredita una media de ocho placajes. Cooper, como siempre, constituye una bonita incógnita. Es un genio y un villano. Los cruces determinarán cuál de esas dos consideraciones prevalece.

Sudáfrica: 1 Steenkamp, 2 John Smit, 3 J. du Plessis; 4 Roussouw, 5 Matfield; 6 Brüsow, 7 Burger, 8 Spies; 9 Du Preez, 10 M. Steyn, 11 Habana, 12 De Villiers, 13 J. Fouriee, 14 Pietersen, 15 Lambie. Subs: 16 B. du Plessis, 17 Van der Linde, 18 Alberts, 19 Louw, 20 Hougaard, 21 Butch James, 22 Aplon.

Australia: 1 Kepu, 2 S. Moore, 3 Ben Alexander; 4 Vickerman, 5 Horwill; 6 Elsom, 7 Pocock, 8 Samo; 9 Genia, 10 Q. Cooper, 11 Ioane, 12 McCabe, 13 Ashley-Cooper, 14 James O’Connor, 15 Beale. Subs: 16 Polota-Nau, 17 Slipper, 18 N. Sharpe, 19 McCalman, 20 Burgess, 21 Berrick Barnes, 22 Anthony Faingaa.

Hora: Domingo, 9 de octubre. 7:00 horas (Canal+ Deportes).





El combate de los jefes

7 10 2011

La primera fase de este larguísimo Mundial no ha dejado satisfecho a casi nadie: a la IRB, la fifa del rugby, la balean desde todas las posiciones. Por los balones -un clásico de cualquier Copa del Mundo, como la meteorología, los alojamientos y otros aspectos organ6izativos-, las desigualdades del calendario -los equipos pequeños jugaban, a veces, cada cuatro días; mientras los grandes, por ineludible imperativo televisivo, sólo lo hacían de fin de semana en fin de semana-, las designaciones arbitrales y los arbitrajes en sí; para culminar con la amenaza de Steve Tew, el jefe de la federación de Nueva Zelanda, quien amenazó con que los All Blacks podrían no asistir al próximo Mundial (que se celebrará en Inglaterra), si la IRB no diseña otro plan de negocio con un reparto más ventajoso de dividendos para los participantes. O sea, que al equipo comercialmente más rentable del mundo, y deportivamente más atrayente, pierde millones de euros yendo a la Copa del Mundo. La IRB se ha apresurado a argumentar contra el boicot All Black con una perogrullada de fondo escaso: “Si no va Nueva Zelanda, la Copa del Mundo se seguirá jugando igual y habrá otros 20 equipos”. Richard Kahui, ala neozelandés, replicó: “Si los mejores no están, eso no será un Mundial, será otra cosa”. La pérdida de credibilidad del torneo y de legitimidad del hipotético campeón, venía a decir Kahui en un directo de izquierda muy bien cruzado…

A pesar de tan inquietante murmullo y de que da la impresión de que la RWC 2011 comenzó “hace 37 semanas”, como decía una hastiada columnista del Guardian londinense, aquí unos cuantos seguimos dispuestos a inyectarnos en vena todos los partidos que se crucen ante nuestros ojos. Somos, como el Alex de La Naranja Mecánica, enfermos sociales; y ni siquiera la sobreexposición oval de estas cuatro últimas semanas puede corregir esta desviación tan evidente. Además, lo bueno empieza ahora: tres fines de semana en los que los grandes del Hemisferio Norte y el Hemisferio Sur van a celebrar su largo combate de jefes, una fase marcada de forma decisiva por la victoria de Irlanda sobre Australia en su grupo, resultado que varió la previsión de los cruces y dejó para los cuartos de final un cuarteto de partidos de esos que los angloparlantes llaman mouth-watering. Para que se nos caiga la baba, en fin…

La rebelión de los celtas. En un torneo en el que ningún equipo ha bailado sobre la tumba del resto, en el que la brillantez ha trabajado a tiempo parcial, en el que todos han dejado preguntas en el aire, incógnitas que se van a resolver ahora que vienen los duelos a un solo disparo, en ese panorama, decimos, tal vez País de Gales e Irlanda sean los únicos en condiciones de reclamar haber sido los mejores hasta ahora; o, por ajustar algo mejor el término, los que han elevado su rendimiento no sólo al nivel esperado sino, de hecho, notablemente más alto. Si exceptuamos la victoria de Tonga sobre Francia, los dos resultados más notables de la fase de grupos fueron la ajustadísima derrota de Gales contra los Springboks (17-16) en un partido memorable del Grupo D; y, por supuesto, la histórica victoria de la inmarchitable Irlanda contra Australia (15-6), en el Grupo C. Esos dos encuentros establecieron las bases de lo que, en retrospectiva, podemos llamar La Rebelión Celta. Ambos protagonistas se miden el sábado en un clásico del 6 Naciones que adquiere aquí la forma de un partido que marcará a una generación: ninguno de los dos rivales estuvo jamás en unas semifinales de la Copa del Mundo. Para Irlanda supondría la coronación definitiva de una hornada de jugadores que le ha dado a Irlanda algunos de los momentos más gloriosos de su extenso rugby, cuando todo el mundo pensaba que su día ya había pasado. Hay que insistir en que Irlanda mostró su lado más lastimoso en los tests preparatorios, de los cuales no ganó ninguno. Su transformación en el torneo ha sido casi faustiana, como si los O’Gara (34 años), O’Connell (a punto de los 32), Flannery (casi 33), Gordon Darcy (31), Murphy (33), O’Callaghan (32), O’Driscoll (32) o Ross (32)… hubieran vendido su alma al demonio a cambio de una última gran campaña. Para Gales, equipo preñado de joven talento, un triunfo supondría el aldabonazo que anunciaba la enésima regeneración de ese paisito de menos de 4 millones de habitantes, en el que los grandes jugadores de rugby crecen en la tierra con el mismo vigor que las sandías en Alfamén. El partido está lleno de duelos interesantísimos.

Cian Healy, el poderoso pilar irlandés, que se merendó crudos a los barbudos italianos. Foto: ©INPHO/Dan Sheridan

  • Cian Healy/Adam Jones: Healy, el número 1 irlandés, jugó un partido memorable contra Italia, dominando a rivales de la talla de los primeras italianos. “Tenemos la mejor delantera del Mundial”, habia dicho en un exceso verbal el entrenador azzurro, Mallett. A continuación, los irlandeses se comieron crudos a los fieros transalpinos en las melés. Buena culpa la tuvo Healy. Rory Best, si su hombro no se lo impide, estará a su lado talonando. Al otro lado, el Oso Jones y Gethin Jenkins, felizmente recuperado, para armar un duelo terrible de primeras líneas.
  • O’Brien / Warburton: dos jóvenes sensaciones en las terceras. O’Brien se ha convertido (bien secundado por Ferris) en uno de los valores decisivos del penetrante juego irlandés. Su impacto en todos los órdenes del juego de un flanker lo subraya en cada partido. Al otro lado, el capitán de Gales, símbolo del espíritu renovador de Warren Gatland a la hora de montar su equipo. El duelo de los flankers anuncia la belleza destructiva de las grandes batallas aéreas, en medio de un partido en el que todos van a salir con las bayonetas caladas, por si acaso.
  • O’Gara / Priestland: nadie encarna mejor el estado evolutivo de ambos equipos que sus números 10. Dos medios de apertura en lados opuestos del camino. Ronan O’Gara, el frío pateador, cerebro de juego trasladado al pie, elegido por Declan Kidney para las fases decisivas por delante sdel joven y más enérgico Jonathan Sexton. Kidney podría seguir un patrón: manejar el tiempo del partido con la sabiduría y la precisión de O’Gara, para en la fase decisiva soltar a un creador de juego más imaginativo, más dispuesto a la sorpresa, la ruptura y el ataque con el balón a la mano. Priestland afronta el primer gran test de su carrera. Ya triunfó contra los sudafricanos, una pieza mayor, pero en las fases de muerte súbita la presión se multiplica. Una de las grandes apuestas de Gatland en este Mundial. Uno de sus grandes aciertos.

    Jamie Roberts, segundo centro galés, ariete fundamental del ataque de los Dragones en el medio campo: su duelo con O'Driscoll reclama uno de los focos del partido.

  • O’Driscoll / Jamie Roberts: el irlandés Brian O’Driscoll representa el ideal de un segundo centro, por su dureza en el placaje y el contacto ofensivo, por su capacidad de finalizar jugadas en ensayo y por la lectura preclara de los movimientos de ataque. Su duelo con el poderosísimo Jamie Roberts, una fuerza de la naturaleza, una bola de cañón disparada medio campo abajo, promete estar entre lo mejor (y lo más decisivo) de este imprevisible encuentro. Roberts, siempre durísimo, ha agregado sutilezas a su rugby, lo que le va haciendo cada día mejor. No lo decimos nosotros, lo ha dicho el propio O’Driscoll, compañero suyo en los British Lions. ¿Cómo pararle? “Hay que ponerse delante de él y chocar, no hay más posibilidad…”. También lo dijo O’Driscoll. Sea, pues…

Irlanda: 1 Healy, 2 Best, 3 Ross; 4 O’Callaghan, 5 O’Connell; 6 Ferries, 7 O’Brien, 8 Heaslip; 9 Murray, 10 O’Gara, 11 Earls, 12 D’Arcy, 13 O’Driscoll, 14 Bowe, 15 Kearney. Subs: 16 Cronin, 17 Court, 18 Ryan, 19 Leamy, 20 Reddan, 21 Sexton, 22 Trimble.

Gales: 1 G. Jenkins, 2 Bennett, 3 Adam Jones; 4 Charteris, 5 Alun Wynn-Jones; 6 Lydiate, 7 Warburton, 8 Faletau; M. Phillips, 10 Priestland, 11 Shane Williams, 12 Jonathan Davies, 13 J. Roberts, 14 North, 15 Halfpenny. Subs: 16 Burns, 17 Paul James, 18 Bradley Davies, 19 Ryan Jones, 20 Lloyd Williams, 21 Hook, 22 Scott Williams.

Hora: Sábado, 8 de octubre, a las 7:00 horas de España (Canal+ Deportes).

 

Le Big Crunch. A los Inglaterra-Francia siempre se les ha conocido, sobre todo desde el lado insular, como Le Crunch. Según lo definió Phil Blakeway, “el partido entre los inventores de la isla y los advenedizos del continente. Pocas naciones se han guardado un mayor recelo histórico que estas dos. Basta recordar aquel célebre titular (tal vez apócrifo, pero tan bien inventado…) en un diario inglés: “Niebla en el Canal de la Mancha: el Continente queda aislado”. O la declaración, esta sí leída por uno mismo, de un ciudadano inglés a propósito de la construcción del túnel bajo el canal: “No me parece buena idea: por ahí pueden llegar muchas enfermedades”. A lo que un francés respondió: “Yo tampoco lo hubiera hecho: no nos fiamos de los obreros ingleses”. A día de hoy, en esta RWC 2011, Inglaterra y Francia vienen unidos por las enormes suspicacias y críticas que ha despertado su juego. Son los dos equipos más atacados del Mundial. La combustión interna del equipo francés ha provocado un incendio casi diario en la concentración, con el entrenador Lievremont en permanente esgrima dialéctica con la prensa, ex internacionales que se quedaron en casa, como Chabal, criticando su forma de airear trapos sucios del vestuario; y otros como el apertura Trihn-Duc reconociendo que está desconcertado, hundido y superado por el modo en que Lievremont lo ha apartado del número 10 para dárselo a un medio de melé como Morgan Parra. Cosa que, el sábado, va a ocurrir de nuevo. En Inglaterra todo ha sido aún más público: la noche de juerga en el bar de los enanos, la rubia misteriosa que cruzó la noche colgada del cuello del capitán Tindall, la incipiente cornamenta con la que viajó a NZ su esposa Zara Phillips, a la sazón nieta de la reina; más el lío de los balones con Wilkinson de fondo y la ya clásica acusación de abusos verbales o lenguaje inapropiado de una camarera del hotel contra varios jóvenes jugadores del equipo inglés. A Martin Johnson, el entrenador, se le ha quedado ya para siempre el ceño fruncido que define su expresión más habitual. No se le recuerda una sonrisa pública. Su equipo no le ha dado motivos: en ningún partido ha estado convincente… pero los ha ganado los cuatro. Francia, por el contrario, ha perdido dos en su grupo: el segundo equipo en la historia de los Mundiales de rugby en acceder a la segunda fase con dos derrotas. Frente a Nueva Zelanda su resistencia duró apenas 10 minutos: “Gracias por la lección”, tituló con mucha mala baba L’Equipe. Frente a Tonga, la hecatombe. Y ahora, Inglaterra. Hay quien sigue apelando al carácter mercurial de los franceses, a su genio oculto para el rugby. Todo eso es cierto, pero esta vez más irreal que nunca… Inglaterra ya ganó este mismo cruce en 2007. Si vuelve a hacerlo, el denostado equipo de Martin Johnson firmará su tercera semifinal consecutiva en las RWC. Las otras fueron finales. Aquí ya advertimos de su inquebrantable capacidad para competir en los grandes escenarios. Algunos nombres:

  • Maxime Medard: el talentoso francés de las patillas setentonas pasa del ala al puesto de zaguero en relevo de Cedric Heymans. Lievremont quiere afilar su contraataque, esa capacidad de progresar por callejones estrechos que ha definido siempre a Medard. Pero el francés encarna, hasta ahora, el recortado nivel de todo su equipo. Sus estadísticas reflejan su discreto paso por el Mundial: apenas una ruptura, ningún ensayo, escasos metros… Un Medard menor. La ocasión lo llama.

    Toby Flood y Jonny Wilkinson dialogan durante un entrenamiento: ambos harán una prueba de pateo a puerta cerrada antes del choque para decidir quién será la primera opcion contra Francia. Foto: David Rogers / Getty Images

  • Jonny Wilkinson: Julian Bonnaire, el flanker galo, ha dicho: “Wilkinson sufre bajo presión: vamos a ir a por él”. Esa frase, dicha por un tercera, es una amenaza de mayor dimensión de la ya evidente. E identifica hasta qué punto Wilko aún personifica el biorritmo del equipo inglés, pese a su ya mil veces comentada ausencia de precisión con el pie en este Mundial. El 10 de Inglaterra, desde luego, no va a rehuir los contactos, aunque su juego no está tanto en la mano como en el reparto de balones con el pie por las zonas muertas del campo. Y, desde luego, su maravilloso placaje en defensa.
  • Morgan Parra: otra vez bajo el escrutinio general. Igual que Piri Weepu en Nueva Zelanda, aunque éste de forma ocasional, un medio de melé haciendo de apertura. A Lievremont le ha convencido lo suficiente para cargarse a Trihn-Duc a la primera de cambio. Parra, hasta ahora, no ha estado mejor ni peor que el resto de su equipo. Quizás haya sido de lo más defendible en medio de un desierto. Su equipo necesita mover a los ingleses y eso depende, casi siempre, del apertura. Con él más Yachvili en el campo, Francia asegura un altisimo porcentaje de acierto a palos en golpes de castigo y conversiones. En previsión de un partido de marcador bajo y apretado, supone un factor esencial.
  • Toby Flood: Martin Johnson ha resuelto la constante duda del medio de apertura juntando finalmente a los dos en el campo. Wilkinson será el 10 y Flood, el primer centro. La alternativa la posibilita la baja de Mike Tindall por lesion, pero a Martin Johnson le viene bien porque, juntando a esos dos, más el excelente Manu Tuilagi en el segundo centro, Inglaterra suma defensa con Wilko y Tuilagi, creatividad con Flood, y amenaza directa en las continuaciones con el anterior. Un medio campo al que atender. Y dos pateadores de primera línea, por si hace falta rotar…
  • Cueto / Ashton: el primero vuelve tras su ausencia contra Escocia y lo hace para afilar todavía más unas alas en las que reside el mayor peligro de ataque de los ingleses. El equipo de Martin Johnson expone poco en la fase ofensiva, pero cuando se trata de acabar las jugadas (y muy a menudo los partidos) estos dos jugadores suelen estar al final del hilo, para poner la puntilla. No tienen enemigos menores (Pallison y Clercq), pero en esta RWC el estilete de la Rosa han sido, a menudo, sus dos exteriores.

    Maxime Medard, ala y zaguero francés, con un saco de percusión. Su presencia en el fondo puede mejorar a los franceses... y a sí mismo. Foto: REUTERS/Jacky Naegelen

  • Haskell / Picamoles: dos ausencias notables en las terceras líneas de cada equipo. Ambos empezarán en el banquillo. Dado el nivel de ambas escuadras hasta ahora, al que se queda fuera se le pone cara de culpable. Perfeccionando su marcadísima tendencia de apostar por la experiencia, lo seguro y hasta lo rácano cuando se trata de jugarse los cuartos (metafórica y literalmente hablando), Martin Johnson ha llamado a filas al veterano Nick Easter para ocupar el número 8. Enfrente, como en un espejo, Lievremont ha puesto a otro ilustre, Harinordoquy. Bonnaire, Dusatoir y Lewis Moody completan el refrán: no te acuestes con niños si no quieres… En fin.

Inglaterra: 1 Stevens, 2 Thompson, 3 Cole; 4 Deacon, 5 Palmer; 6 Croft, 7 Moody, 8 Easter; 9 Youngs, 10 Wilkinson, 11 Cueto, 12 Flood, 13 Manu Tuilagi, 14 Ashton, 15 Fodden. Subs: 16 Hartley, 17 Corbisiero, 18 Lawes, 19 Shaw, 20 Haskell, 21 Wigglesworth, 22 Banahan.

Francia: 1 Poux, 2 Servat, 3 Mas; 4 Pape, 5 Nallet, 6 Dusatoir, 7 Bonnaire, 8 Harinordoquy; 9 Yachvili, 10 Parra, 11 Pallison, 12 Mermoz, 13 Rougerie, 14 Clercq, 15 Medard. Subs: 16 Szarzewski, 17 Barcella, 18 Pierre, 19 Picamoles, 20 Trihn-Duc, 21 Marty, 22 Heymans.

Hora: Sábado, 8 de octubre, a las 9:30 horas de España (Canal+ Deportes).