A mí no me gusta The Artist…

27 02 2012

Cinco Oscars después ya podemos hablar de The Artist a calzón quitado, con la certeza de que caminamos definitivamente contracorriente y que tal cosa no puede anunciar nada bueno. Dicho en pocas palabras, aunque acabaré gastando muchas, The Artist me resultó tan llana, tan simple, con una línea narrativa tan previsible y escasa de giros que no me provocó ninguna emoción salvo un creciente aburrimiento. El aburrimiento es libre, empecemos por ahí. Como la diversión. Lo que invalida de facto y hace perfectamente prescindible el resto del razonamiento, pero aun así lo haremos (no hace falta que usted lo lea y todavía menos que esté de acuerdo). Lo primero que me llama la atención de The Artist es el riesgo de su apuesta. Tal y como lo entiendo yo, uno puede aceptar el desafío que supone hacer una película muda (aunque el peligro terminó en el momento en que la productora Weinstein decidió hacerse cargo de ella a partir de su éxito en Cannes, porque los Weinstein acostumbran a ganar los Oscars). Pero bien, demos por bueno el silogismo de película muda es igual a pelicula arriesgada. Aceptado. Ahora digamos que la película no va más allá de tal singularidad. Como la película es muda y eso ya resulta muy frontal en sí mismo, casi un siglo después de la desaparición del cine mudo, parece que deba bastar (y de hecho ha bastado) con una narración repleta de convenciones, dado que la particularidad del efecto del silencio y la música de fondo van a rellenar todos los huecos. El espectador se somete a una experiencia sensorial diferente y eso juega a favor de la película. He de decir que en mi caso no funcionó. Yo sigo pidiendo una historia suficiente, no me basta con eso que considero, en 2012, un artificio. The Artist no funciona, para mí, en ninguno de los aspectos en los que pretende o en los que debería funcionar: ni como historia de amor, ni como historia de redención de sus protagonistas, ni como comedia, ni como recreación, reflexión o ensayo acerca de un momento muy relevante de la historia del cine, ni como retrato de las estrellas del cine mudo, ni (lo que considero más importante, lo más importante) como trabajo de narración visual sin palabras.

Los dos protagonistas de The Artist, en su momento de definitiva gloria.

En 1927, el año en el que está situado el film de Michel Hazanavicius, se estrenó El Cantor de Jazz, la primera película sonora de la historia. En 1929 se entregaron por primera vez los Oscars, a las películas filmadas entre 1927 y 1928. Competía El Cantor de Jazz contra todas las producciones mudas y la Academia decidió que no era justo mezclarlas. Le dio un Oscar honorífico a la película hablada, en reconocimiento anticipatorio a su condición pionera. Pero el premio a la Mejor Película se lo llevó Wings, historia sobre batallas aéreas en la Primera Guerra Mundial cuya enérgica filmación significó, para el espectador de entonces, lo que tal vez significó para nosotros el desembarco de Normandía contado por Spielberg en Salvar al Soldado Ryan. Wings era, hasta anoche, la única película muda de la historia en tener un Oscar. The Artist es la segunda: no hubiera sido posible darle un premio honorífico como pionera porque su truco es exactamente el contrario, la nostalgia, el pretendido homenaje. Ya sabemos cómo ha calificado The Artist con respecto a la producción de 2011. Mi pregunta fundamental viene a ser: ¿Cómo calificaría The Artist con respecto a las mejores películas mudas de 1927? Es decir: la propia Wings (de William Wellman por cierto), o The Kid Brother (uno de los mejores trabajos de Harold Lloyd), o Metropolis de Fritz Lang (ejem…) o El Maquinista de la General (otra vez ejem) con aquel señor tan serio llamado Buster Keaton.

¿Amor mudo? A mí me emociona esto: el hombre que acaba de perder su amor por no vestirse de soldado.

¿Acción muda? A cualquiera le fascina esto:

¿Diversión, gestualidad muda? A mí me maravilla el Chaplin que escapa de un burro y se mete en la jaula de un león. Y esto:

Todo eso, la proeza de la narración sin palabras, sólo lo encontré en The Artist en dos momentos que acaban siendo muy leves. El arranque de la película, con los actores mirando entre bambalinas, al otro lado de la pantalla, su propio film, que se está proyectando en un gran teatro. Y sobre todo la escena en la que Peppy se abraza al chaqué colgado de una percha de George Valentin, único instante en el que siento algo de lo que la película quiere que sienta. Esos breves minutos anuncian o sintetizan lo que para mí pudo o debió ser The Artist. Y lo que, por contraste posterior, no es.

Más allá de todo esto mi otra pregunta es: ¿Cuánta gente ha visto esas u otras películas mudas y le han emocionado de la forma que dice que le ha emocionado The Artist? ¿Y cuánta gente seguiría yendo al cine si cundiera de pronto el ejemplo -y la maquinaria publicitaria- de Hazanavicius/Weinstein y las películas pasaran a ser todas mudas, ya que al público le gustan tanto y le hacen sentirse, probablemente, tan cinéfilo, tan sensible, tan capaz de ver algo aparentemente inaccesible? Puede que sean preguntas falaces, sí, pero uno no tiene la inteligencia suficiente para quedar a salvo de esa posibilidad. No sé si en los despachos de las grandes multinacionales del entretenimiento no estarán haciéndose esas mismas u otras preguntas similares: “Tanto con el 3-D y el 3-D… ¡Una puta película muda y en blanco y negro debimos hacer!”. Yo no soy un gran especialista en cine mudo pero, dado el entusiasmo general, propongo que saquen en los multicines ya mismo, aprovechando el tirón, Intolerance y El Nacimiento de una Nación de Griffith, lo mejor de Fritz Lang, lo mejor de Murnau, que Chaplin, Keaton y Harold Lloyd copen las pantallas de las salas, que en la sobremesa de las televisiones sustituyan los western clásicos por las decenas de películas del oeste mudas de John Ford, o que en lugar de los thrillers de hoy los programadores de Antena 3 sustituyan los telefilmes de domingo por la producción muda de Hitchcock… El mercado está que revienta. Es el momento.

A muchísima gente, The Artist les ha resultado maravillosa y emocionante. Incluso, yo  lo sé, a gente que sí ha visto y disfrutado y considerado todas esas otras películas mudas a las que yo aludo con, tal vez, torpe ventajismo. Yo puedo aceptar mi confusión, pero no algunas exageraciones, como esa de un lector que ayer, en un diario nacional, proclamaba que The Artist está, “seguramente”, entre las 20 mejores películas de la historia (!) Yo no pretendo decirle a nadie qué ha de gustarle y qué no. Pero mi sensación con este tipo de fenómenos es la misma que tengo con Buñuel. Todo el mundo en nuestra tierra se llena la boca cuando hay que hablar de la genialidad de Buñuel; y a todo el mundo le parece maravilloso, lógico, merecido y enorgullecedor que le dediquen un parque ahora que ya no existen los cines, que su nombre sea reclamado como parte de nuestra historia y que las instituciones y los medios de comunicación hagan patria con él. Sí, Buñuel es un genio. Desde luego. Que no nos toquen a Buñuel que salimos a las calles. Pero yo he estado en dos ciclos antológicos de Buñuel en la Filmoteca y ahí, viendo las películas, estábamos cuatro. Contados. Cuatro.

Anuncios

Acciones

Information

8 responses

27 02 2012
Carlos custodia

Excelente post, 100%

Es más tú citas como escena original y te cito ”
el arranque de la película, con los actores mirando entre bambalinas, al otro lado de la pantalla, su propio film” y eso ya lo veíamos en un film como “Singing in the rain” aunque en dicha ocasión era a la inversa, cine sonoro sobre cine mudo.

Atentamente.

27 02 2012
Anónimo

totalmente de acuerdo contigo mr ornat. the artist no me convence para nada. la aclamación de esta película me resulta de un snob que tira para atrás…..

28 02 2012
Marisa

Yo no podría haberlo expresado mejor. Totalmente de acuerdo. ¡Mira que soy insomne! pues no paré de bostezar, me pareció un auténtico tostón, de guión ya muy manido y que a falta de argumento sólo le quedaba apoyarse en el esnobismo de una película muda y en blanco y negro a principios de SXXI.
Saludos,

28 02 2012
Fedra

La película es un guiño al cine clásico,un homenaje al Sunset Boulevar de Billy Wilder y algunas escenas como la del perrito son muy emotivas pueden evocar al cine de Charlot.

28 02 2012
Jeremy North

Para mí una película muy sobrevalorada, el guión es demasiado sencillo y también me resulta muy snob eso de rodarla en blanco y negro y muda.

A mi me ha gustado mucho J. Edgar, del inmenso Clint, pero no estaba ni nominada. Demasiado oscura quizás.

28 02 2012
woodyalle

Siento disentir totalmente con los ponentes anteriores incluidos el autor de este post, pero a mí sí que me gusta “The Artist”. No solamente eso, me encandila. Me parece cuanto menos curioso que la mayoría citéis la simpleza de su guión y que os parezca esnob el hecho de haberla filmado en blanco y negro y con menos diálogos que el mediano de los Hermanos Marx. Considero esta película un homenaje a la dura transición sufrida del cine mudo al cine sonoro, por ello la frivolitè de la ausencia de diálogos que considero necesaria en una película que habla de sentimientos y donde la palabra no se hace en absoluto necesaria. En cuanto a su fotografía en blanco y negro la veo acorde a la ambientación y desarrollo del film. Lo mismo ha ocurrido en “Toro Salvaje”, “Ed Wood”, “La lista de Schindler” o “Manhattan” por citar unas cuantas y nadie ha tachado de esnobismo este hecho. Más bien ha servido en todas ellas para apuntalar la excelsa calidad de las mismas.
En cuanto a la simpleza del guión, decir que estoy en absoluto de acuerdo. Lo mismo ocurre en “Casablanca”, “Candilejas”, “Out of Africa”, “El ladrón de bicicletas”, “Sin Perdón”, “La noche del cazador”, “Amanecer”, “El chico”… y así podría seguir hasta el infinito. Guiones simples, con pocos giros y muy lineales pero rodados de modo magistral.
No voy a tratar de disuadir a nadie de su opinión, Dios me libre. Tan solo reivindico una obra que para alguien como yo, que suele devorar cine con sana fruición, le ha supuesto una bocanada de aire fresco entre tanta mediocridad imperante en estos años resaltando especialmente la banda sonora de Ludovic Bource, que encaja en el filme como unos Manolo Blanick en los pies de Gisele Bundchen.
De pequeñito iba al cine a ver los mamporros de Bud Spencer y Terence Hill pasando un rato de lo más divertido. Con los años aprendí a disfrutar de los Indiana Jones, Han Solo, Supermanes y demás héroes de postín con los que fui creciendo y madurando. El cine era puro entretenimiento. Tuve una época oscura y tenebrosa en la que me tragaba impunemente ciclos enteros de Kiarostami, Rublov, Zeman o Wan Dihuan, poniendo cara de místico ascetismo mientras me salía una dolorosa úlcera duodenal, y de allí aprendí que al cine hay que ir a reír, llorar y disfrutar, independientemente del autor de la película, sus actores, música o guión, y “The Artist” consiguió que riera, que llorara y pasara una hora y media inolvidable.
Me importa un bledo que haya ganado el Oscar o un apartamento en Torrevieja. Me la refanfinfla que ahora esté de moda el ponerla a parir o subirla al Olimpo de las grandes películas. El cine es algo tan personal e intangible que hace muchos años que no hago caso de los críticos.
Perdonen mi larga perorata…

28 02 2012
ornat

No, qué perdonar… lo que importa no es la naturaleza de las opiniones, sino su razonamiento. Yo creo que a los críticos sí se les puede hacer caso: a los críticos que verdaderamente merezcan que se les haga caso. Y esos, para mí, no son los que dicen lo que yo pienso sino -como en el caso al que me refería de Roger Ebert- los que dicen cosas que me pueden iluminar aspectos que yo no haya apreciado de la película, los que son capaces con su razonamiento de poner en solfa alguna de mis convicciones, los que me hace preguntarme si es revisable lo que yo he pensado… En suma, los que me pueden aportar algo que va más allá de su visión personal o su opinión o sus sensaciones íntimas al ver la película. Las opiniones son opiniones, nada más. Yo, que escribo para lectores de periódico (y de otro tipo aquí), encuentro con demasiada frecuencia que muchos denostan lo que escribo (y a mí mismo, y a mi trabajo, y muchas veces llegando mucho más lejos de lo que debería estar permitido, salvo por la posibilidad de que me los pusiera delante y equilibráramos el caso a puñetazos). Y lo denostan por el único motivo de que no están de acuerdo con mi opinión. Eso me provoca una extrañeza tremenda, además de muchas veces entristecerme. ¿Suponen que sería posible escribir y estar de acuerdo con todo el mundo al mismo tiempo? Me parece un error gravísimo por su parte… y una pena. Yo no leo para estar de acuerdo; leo, casi diría más, para no estarlo. El cine no es diferente a cualquier otra cosa: una historia provoca sensaciones inintercambiables entre las personas. Yo busco, y trato de razonar, errores o fallos en una película que no me ha provocado sensaciones positivas. En este caso The Artist. Esos errores o fallos, aun cuando fueran objetivos (y no digo absolutamente que en este caso lo sean) son pasados por alto por las personas a las que sí les ha atrapado la película. Y ahí empieza y acaba todo.

28 02 2012
Sr. Guerra

Dos comentarios sobre “Sin perdón” y su historia:
1º Para mí, el personaje más importante de la película no aparece ni un solo minuto en pantalla… “Algunos años más tarde la señora Ansonia Feathers efectuó el arduo viaje al condado de Hodgemon para visitar el último lugar de descanso de su única hija. Hacía mucho tiempo que William Munny había desaparecido con sus hijos. Unos dicen que se fue a San Francisco, donde se rumoreaba que había prosperado comerciando con mercancías en general. Y en la lápida no había nada que explicara a la señora Feathers por qué su hija se había casado con un conocido ladrón y asesino, un hombre de carácter notoriamente inmoral y violento.”
2º La historia es simple, sí: la única justicia que pueden alcanzar unas prostitutas es pagando sus servicios a unos asesinos profesionales.

Dicho esto, yo no pienso retarme con nadie a puñetazos. “Animus jocandi” mediante, prefiero mantener las distancias con un “Magnum 44, el mejor revolver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro…”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: