Wilco en una tienda de discos

2 06 2012

El día que Somniloquios conoció a Wilco: ampliada, la escena adquiere el patetismo referido… El hombre acaba de ponerle delante a Jeff Tweedy el “ya legendario” billete de cinco euros y, mientras el líder de Wilco observa un momento con extrañeza antes de firmarlo, posa lastimosamente ufano frente a la cámara.

Una llamada de J: “Voy a decirte algo que cambiará tu vida”. Solemos hablar en ese tono sentencioso, un modo de expandir las bromas al lenguaje cotidiano de forma que, como ocurre en las noches Primaverales, nos asista la magia de trasponer los límites de la realidad. “Me han dicho que Jeff Tweedy da un concierto a la una y media de la tarde en Discos Revólver”. No era seguro, me dijo. “Si llegas y no está, no me mates”. Creo que debí de colgarle casi sobre esa misma palabra que solicitaba clemencia. Me vestí a una velocidad desconocida para alguien como yo, que ni por asomo incurre en una mínima precipitación cuando, cada mañana, se trata de ingresar en el día que comienza. Me vestí, digo; o tal vez ya estuviera vestido. En la calle Tallers, en Barcelona, hay un puñado de tiendas de discos a la vieja usanza, con vinilos, intercambio, compra-venta… ese tipo de lugares en los que siempre caigo cuando vengo a esta ciudad y que permiten saborear el gusto de buscar sin saber bien qué; y sobre todo, porque yo en verdad no soy uno de ellos, de admirar a los coleccionistas con sus minuciosas obsesiones. Entré y salí del metro, camino de Revólver,  con el tambor del corazón cargado. Jeff Tweedy, podía ser, en uno de esos Tiny Desk Concerts que yo he aprendido a admirar y envidiar en su web. Por la Rambla se derramaba ya, arrastrado por el sol, el desordenado ejército multinacional de potenciales-hinchas-del-Barça-nacidos-en-cualquier-otro-lugar-del-mundo: el turista de camiseta azulgrana. Enseguida, la esquina de la calle oculta como un recoveco de arcanos; y, apenas unos metros adelante en el estrecho corredor… ahí estaba la gente arremolinada, ya esperando. Unos en fila; otros sobre la pared frente a la entradita mínima del comercio; y un rebullo que surgía de adentro en un borbotón desordenado. La información era buena, pero yo había llegado tarde. Yo nunca llegué pronto a nada, ya se sabe.

Rastreé información entre mis semejantes: el concierto no había empezado, no era Tweedy solo sino Wilco al completo, lo de adentro ya estaba repleto. ¿Y toda esta gente en fila paralela al muro de la calle? Gente sin esperanza, vinieron a contestarme. Pero con sentido del orden, objeté para mis adentros. Los miré. Yo era uno de ellos y no era uno de ellos. Esto es, tampoco para mí había esperanza de entrar donde quería, pero… eso sí: yo no iba a dejarme vencer por una fila sin porvenir. En el supermercado, sí; en un concierto sorpresa de Wilco, no. Así que, en el entretiempo hasta que el concierto dio comienzo, me pegué al marco de la entrada y estudié a los rivales. El panorama no era malo: sonrisas, buena disposición, empújame un poco más a un lado si quieres, yo te agarro el smartphone y te grabo, ¿tú tienes twitter?, me pasas esa foto… Y entre medias, un ratito de codos para ir ganando mínimo espacio en el umbral. Al principio sólo oía. Luego empecé a ver el ala del sombrero que Tweedy ya no se quita nunca, subido en puntas de pie. Y escudriñábamos las pantallitas de los móviles que elevaban los de delante, para ahí ver lo que no veíamos. Una foto era una decepción: “¡Deja de hacer fotos y graba en vídeo!”, pedían atrás los descarados. Toma mi móvil: dispara tú que a mí me da la risa. I Might… Así fui ganando terreno, con lentitud pero eficacia: en un momento acabé por localizar a Nels Cline al fondo y al adusto Stirrat a un lado. Sonaba Whole Love. La sensación de oírlos tan próximos, sin el intermedio de un sonido o un escenario, algo tan orgánico o inmediato o analógico o como queramos decirlo ahora, la intimidad, esa timidez de levantar la voz o acompañarlos murmurando las letras, temiendo quebrar el hilo de oro de los sonidos… “Gracias por cantar nuestras canciones con nosotros”, ironizaba Jeff Tweedy ante el silencio reconcentrado de la audiencia. Joder, qué rato pasé ahí tan, pero tan inolvidable. Después de haber visto la noche anterior por sexta vez a Wilco en directo, esta séptima ocasión traspasaba la realidad. Wilco en una tienda de discos. Y no había discos de Wilco; eran ellos los que estaban ahí… Algo así:

Y bueno, luego vinieron las escenas cómicas, cuando puse a volar la mitomanía de la que tienen noticia todos los que me conocen un poco. Pasamos en fila, en grupos pequeñitos como si entrásemos a visitar las cuevas de Altamira, con cuidado para no amenazar el equilibrio ecológico, que en casos como éste viene definido por el humor de la señora de la discográfica, el manager en España y el muchachote de seguridad. Ellos, Wilco, habían subido a la pieza superior de la tienda, donde recibían en un besamanos veloz. Antes tenías unos minutos para comprar un disco o lo que quisieras y subir para que te lo firmaran. Cuando entré, se habían agotado los vinilos, me informaron. ¿Y los cedés? No ha quedado nada. ¿Y qué hago? ¿Compro un disco de Dover y se lo doy a firmar a Jeff Tweedy? No podía ser. Me palpé los bolsillos, no fuera que me hubiese traído A Ghost is Born enredado en el dobladillo. Nada. Ni un miserable papel, una cuartilla, el recibo del supermercado, nada. El hombre Somniloquio frente a Wilco y no tenía nada encima que esos tipos me pudieran firmar. Había que decidir rápido, porque el tiempo era muy limitado y me apretaban el de seguridad, que era de sonrientes amenazas, y los otros. Así que cuando llegué arriba y me planté delante de esos tíos, que son una de las bandas que han contribuido a hacer de mi vida un lugar infinitamente mejor de lo que pudiera ser, me planté delante de ellos, le di la mano a Jeff Tweedy, “it’s a great pleasure meeting you, Jeff” , me metí la mano al bolsillo y puse sobre el tablero que rodeaban los seis músicos lo único que llevaba encima: un mísero billete de cinco euros. El manager me miró desaprobadoramente: “Tío, no les puedes dar eso…”. Y claro… haber traído vuestros propios discos de casa, muchacho, no puedo llegar a este instante definitivo, a este indudable highlight de mi existencia, y que no haya quedado nada en la tienda susceptible de ser autografiado. Pero Tweedy miró el billete, se sonrió mientras yo me giraba para una foto, lo firmó y empezó a pasarlo de mano en mano a los otros: Pat Sansone, Mickael Jorgensen, Nels Cline… Tienes que irte, me advirtió una voz autorizada. Tomó la palabra la señora: “You’ve got to leave… now”. Pensé, como en el chiste de Eugenio: está usted nerviosa y me está poniendo nervioso a mí. La interpelé: sí, ya me voy a ir, pero… dígame, ¿y mi billete de cinco euros? Bien está que estos muchachos sean Wilco, pero esos que ve usted ahí en manos de Cline, el fiero guitarrista autor la noche anterior de un espeluznante solo en Impossible Germany son mis cinco euros. Y ahora ya están firmados por Wilco, lo quieran o no; es decir, que el valor viene subiendo como la espuma, algo que en estos tiempos de crisis un hombre como yo no puede pasar por alto. Y usted no debería… Todo eso lo pensé; si se lo digo, el hombrón de seguridad pierde la sonrisa y yo los dientes. “Go, move over, leave now”, repitió ella.
No me moví. A esa hora el billete había doblado la esquina del tablero y venía ya de vuelta. Lo tenía John Stirrat, que salió a defenderme como buen bajo comprensivo que es: “Espera, que estamos firmando su billete”. Ahí, ahí. Grande Stirrat. Aproveché el hueco para saludar a Glenn Kotche, batería por el que siento una predilección extraordinaria:“No importa que hayas empezado tarde con la batería: seguro que a tu edad te lo tomas mucho más en serio y te concentras en ello más que un chico joven”, me diría después Kotche, en un aparte que tuvimos, ya en la calle. Eso es elegancia en una contestación, ponderé. Alguien nos fotografiaba hombro junto a hombro mientras Kotche y yo comentábamos nuestras respectivas carreras con las baquetas en la mano: él en Wilco y otros proyectos, grandes escenarios del mundo, giras internacionales, un músico soberbio, un reconocimiento mundial. Yo, en mi trastero, cuidando de no tocar a deshoras no me expulsen los vecinos junto al portero al que le quieren dar la papela. Recogí el billete. Gracias por todo, les dije. Son ustedes una gran inspiración. No, me contestaron Stirrat y Kotche. Y enfatizaron: “Gracias a ti”.
Cuando, de vuelta en la calle, pude empezar a pensar con claridad, fui a la tienda de al lado, compré Summerteeth, tomé prestado un bolígrafo de la caja y completé la escena conforme fueron saliendo, en un goteo muy conveniente, hasta lograr el kit entero del mitómano. Las fotos, las firmas, la breve conversación. El tremendo momento, pueril por antonomasia. Quedábamos apenas los más conspicuos y la gente pasaba preguntando: “¿Quiénes son?”. Wilco. Ah, Wilco… ¿y? “Hacen música”. Y eso es todo. Para mucha gente es nada; para otra, son un hype injustificado, una niña bonita de los críticos, que ya les dicen clásicos de la música americana e hipérboles equivalentes. Para otros, como alguno que yo he leído, Wilco son apenas “Neil Young haciendo caras B”. La definición me parece ingeniosa. Estar de acuerdo o no es una cuestión que no importa demasiado. Yo no puedo explicar lo personal ni traspasar lo íntimo. Nadie puede. Cada uno está hecho de sus propios materiales y funciona de acuerdo a un mecanismo emocional insondable. En el fondo, cada uno se enamora de quien quiere. O de quien le corresponde: en el más amplio sentido del término.
Anuncios

Acciones

Information

7 responses

4 06 2012
davicius

Estaba tratando de pensar en algo ingenioso que poner pero la verdad es que la envidia me corroe las entrañas.
Supongo que el billete de 5 euros quedará convenientemente enmarcado de vuelta a casa…..

4 06 2012
ornat

El billete puede que lo amplíe en una casa de Artes Gráficas hasta que sea tan grande que parezca un billete de cinco mil euros. Para mí ya no sé lo que vale ese billete, en este momento… Y ahí presidirá, junto a mis fotos con el grupo y la portada de Summerteeth autografiada. Puede que lo haga; puede que no lo haga nunca. Yo tengo una entrada del Parque de los Príncipes firmada por Nayim y no sé dónde. El epílogo patético de esta historia es que durante dos días no supe dónde había puesto el billete firmado por Wilco. Creía que lo había metido en un departamento equivocado de la cartera y regresé ayer convencido de que debí de pagar con él algún falafel o kebab o perrito caliente de los que me cruzaba en el gaznate a lo largo de las noches últimas, entre cambio y cambio de escenario. Ya me imaginaba el billete volando de mano en mano por el festival, y de allí a cualquier país en la dvolución de cambio a cualquiera de los muchos extranjeros asistentes al fesival, y el billete atravesando de mano en mano la crisis europea, firmado irreconociblemente por esos seis músicos maravillosos, y una historia en los telediarios del mundo de mi búsqueda por todo el orbe de aquel billete de Discos Revólver… Pero no, el billete, encontré ayer justo cuando estaba a punto de echar el terno a la lavadora, estaba donde suelen estar los billetes: en el bolsillo izquierdo del vaquero.

5 06 2012
lorena
5 06 2012
Ornat

“El ya legendario concierto secreto…”. Jeje. Sigo releyendo para asegurarme de que yo estuve…

6 06 2012
Jeremy North

Jodo, es legendario un concierto del viernes pasado… Lo “legendario” suele adjudicarse con el tiempo, ¿no?. De todas formas, cualquier cosa que haga Wilco será legendaria, eso es cierto.

6 06 2012
ornat

Claro, ahí iba yo… Pero ya se sabe la frase del periodista en ‘El hombre que mató a Liberty Valance”: “This is the West, sir. When the legend becomes fact, print the legend”. Yo tengo por legendario el primer concierto que dieron en la sala Oasis…

9 06 2012
Rpm

Periodismo en bruto, queridos. Esto era periodismo, hasta que un MBA se confundió. Brutal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: