El silencio

17 12 2012

Bien, no nos pongamos sentimentales, si es que alguien tuvo la tentación de hacerlo. Yo, el primero: tiendo a la estilización de la realidad y a la magnificación de las sensaciones. Pero aclaremos algo o dejémoslo sentado ahora: todos sabíamos que el silencio (siempre) fue una de las posibilidades. Que la decisión de embarcarse en esta obra sincopada, en este diario no diario, incluía de la misma manera la posibilidad de abandonarlo, igual que uno puede elegir (y lo hace) responder una llamada telefónica  o abrir una carta que nos tiene por destinatarios. En mi descargo, también en el suyo, diremos que jamás lo abandonamos, no de un modo oficial: igual que las bandas de música o los matrimonios que sólo se separan, el regreso siempre permaneció en nosotros como posibilidad. Somniloquios sólo fue una tonta rebelión interior, como alguna vez creo haber explicado aquí ya, contra las obligaciones: en concreto, a favor del anhelo ingobernado de escribir sobre lo que nos diera la gana, como nos diera la gana, cuanto nos diera la gana… Para alguien que publica en medios escritos, sujeto a encargos, a espacios, a tensiones comerciales y a la ineludible presión de hacer un periódico cada día, una tontería como ésta ayuda a jugar a las revoluciones íntimas. Naturalmente, esa laxitud disciplinaria (escribir como y cuanto queramos) también contenía otra cláusula: la negación de la propia autoridad. Es decir, no escribir en absoluto. No atender siquiera la obligación (moral, afectiva, de orden psicológico o necesidad vital) contraída con uno mismo y con Somniloquios. Esto es, con quien lee. De todos modos, hoy por hoy internet parece un cementerio de blogs, porque crece el número de los que están muertos o se arrastran o han sido fagocitados por los medios de comunicación al uso. Yo mismo quedé abducido y ahora también publico en el digital, por el mismo precio, y hablando siempre de lo mismo: de rugby. Así que la rebelión sólo es posible en un tanto por ciento controlado. En general, los blogs parecen haber sido sometidos por la ola del microblogging, al que quien más quien menos se apunta. Aquí nos sigue gustando el gran formato. Sobre todo para el silencio, que ha de ser siempre bien profundo.

Todo esto para decir que, a partir de ahora, creo que voy a hacer como el Jota. Es decir, darle a menudo a la máquina del shuffle y proponer sonidos que rellenen el espacio y permitan saber algo de nosotros, todavía más críptico de lo habitual, o si es que nos resta algo verdaderamente relevante que saber. Porque yo creo que ya no soy capaz de decir nada que no haya dicho ya, y empecé a sospechar que me estaba convirtiendo en un refrito de mí mismo, con lo que eso supone. No hay forma de pasar semejante bocado. Nos ocultaremos tras la música y así a lo mejor podemos funcionar con un mínimo de decencia. O de dignidad. O de respeto: eso que ya no se lleva mucho ahora. En el fondo, lo importante es emboscarse y jugar al equívoco. Les dejaré música que uno oye, ha oído o está oyendo, con el desorden que implican todos los formatos en los que nos manejamos. Los físicos, los digitales, los virtuales y los de la memoria. Del shazameo al vinilo, pasando por el spotifeo, la radio de galena, metafóricamente, el transistor de toda la vida, los canales digitales y los conciertos; lo que proponen los amigos y lo que escuchan los desconocidos. Ninguna intención estilística, formal ni divulgativa. Esto no es un regreso, aunque tenga ese formato. Esto se parece más a escribir en modo absolutamente aleatorio. Sólo es música que rellena los huecos, porque eso es lo que hacemos exactamente cada día con la música: rellenar los espacios vacíos de cada día. A Miguel le diré, respuesta debida hace mucho tiempo, que sí: que escuché a Adrian Borland y sobre todo a The Sound. Que durante un tiempo largo no escuché otra cosa: así de minuciosa fue la potencia del descubrimiento. Que me emocioné con muchas canciones, bastantes palabras y ciertas melodías. Que buceé en las historias, las leyendas y las penas. Y que desde luego lo incorporé todo en la sección héroes de nuestra vida, tan voluble. Todos aparecerán por aquí, porque todos están, a veces de forma permanente (como es el caso del que hablamos) y otras con fugacidad incontrolada. En la selección no habrá concepto ni línea de fuga. Desde luego, tampoco periodicidad ni compromiso. Ni mensaje. O, si lo hubiera, lo más probable es que lo atendamos sin rigor crítico, porque nos resulta divertido, cuadra con este momento, aquí y ahora, o nos dice una verdad que mañana por la mañana bien podríamos considerar mentira: “Todas mis mentiras son en realidad deseos / Estaría dispuesto a morir si alguien me asegurara la reencarnación”. No esperen nada que no sepan. No busquen a nadie que no existe. Somos esencialmente los mismos de la última vez, allá cuando el verano; atendemos las mismas voces o parecidas; escuchamos nuevas, desde luego, a veces también volvemos a otras antiguas para revelar mensajes que creíamos olvidados. Ya hace 25 años, por lo menos, de casi todo. Nos lo recuerdan las celebraciones, aunque las evitamos para no incurrir en consternaciones innecesarias. Nos medimos a nosotros mismos por cuartos de siglos y, como casi siempre, perdemos. Cuando escucho disparos, en mi cabeza acostumbra a sonar esta canción… lo que demuestra que (casi) todo sigue exactamente en el mismo lugar.

 

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6 responses

18 12 2012
RAÚL

Después de varias semanas de asomarme a su blog casi a diario, con la esperanza de encontrarle de nuevo y el temor de que sería para leer esta despedida, sólo puedo darle las gracias por su tiempo y por haber creado este rincón donde unos pocos nos reuníamos. Gracias, Mario!

18 12 2012
Jeremy North

Encantado de que vuelvas por aquí y que te podamos leer de nuevo.

18 12 2012
ornat

Ustedes, y otros, han sido siempre enormemente generosos.

19 12 2012
woodyalle

Agradecido por su reentrè. Es indudable que sólo usted maneja arbitrariamente su tiempo y sus ganas pero debería entender que cuenta con un pequeño ejército de espartanos ávidos de leer sus escritos. Un grupo silencioso y nada mediático que de tarde en tarde gusta de pasar por aquí, sentarse un rato a intercambiar chascarrillos que sólo a nosotros nos interesan e irnos con la misma discreción con la que llegamos. No trato de chantajearle en modo alguno pero entienda que unas palabras de vez en cuando nos alegran el espíritu.
Un placer volverle a leer

21 12 2012
David

Para uno que simplemente, poco presuntuosamente, busca encontrar alguna reflexión distinta, algún descubrimiento prosaico, alguna propuesta musical con un criterio que me interesa, ni bueno, ni malo, pero que me interesa, es un gozo leerte. Sigo siendo fan de algunos blogs solitarios, parecemos viejos en un territorio tecnológico con una obsolescencia que rompe la barrera del sonido. Quizá ya lo somos (viejos), aunque mi alma se resista,,,Me sumo al pequeño ejército ávido de leerte, Siendo yo antimilitarista, pero a la vez extincionista, siendo un óceano incoherente y contaminado, encuentro un remanso a la marejada en tu/nuestro rinconcito. Acaso mi arrogancia me eleva a este simpático y pesimista club somniloquio, no necesito compartirlo, ni reconocimiento, pero vaya, me siento a gusto en él aunque no de la talla.
Tu tecla me mola tronko.

8 01 2013
MARCIAL OROZCO

Gracias por las historias desde que las descubrí por casualidad hace unos años me enamoraron, esa forma tuya de explicar, narrar y sentir el rugby es simplemente perfecta. un abrazo y toda mi admiración desde México

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