Margaret Thatcher, estrella del rock

15 04 2013

Insistiremos en el obituario, un género siempre bien querido del periodismo. Este fin de semana la BBC se vio en la indeseada tesitura de tener que emitir en su Radio 1 la canción Ding Dong The Wicked Witch is Dead! (La Bruja Mala Ha Muerto), clásico infantil interpretado por Judy Garland y su coro de adláteres en la película El Mago de Oz. Por el título de este somniloquio ustedes deducirán que tan inocua posibilidad (qué tendría de malo programar una cancioncita infantil cuando el mundo vive entregado a memeces como el Gangnam Style o eso del Harlem Shake) viene envenenada por la muerte de Margaret Thatcher y la asociación del verdoso personaje de la película a la que fuera ex primera ministra, hoy cadáver camino de un funeral de estado. El proceso fue el típico en estos casos: muere Thatcher, alguien se acuerda de la cancioncita, lo pone en la red social de turno, proclama que hay que elevar The Wicked Witch is Dead a la lista de lo más vendido esa semana, se dispara el proceso viral en manos de otros entusiasmados y el tema alcanza el número 3 de las listas, de acuerdo a The Official Charts, organismo encargado de controlar las ventas de música en el Reino Unido. No es la primera vez ni será la última: el mismo fenómeno se vivió durante el jubileo de la Reina, cuando el (en su día) ácrata (y hoy) apenas descarado God Save the Queen de los Sex Pistols siguió el mismo camino en las listas.

thatcher

La entrada a los primeros puestos garantizaba a los promotores de la operación que la canción habría de ser emitida este pasado domingo en el programa de BBC Radio 1 que repasa semanalmente los temas más exitosos en el panorama británico. Naturalmente, el ala tory de la red social reaccionó con prontitud y largó por la misma vía del pío pío digital su propia campaña de agit-prop: para conseguir que se respetase el nombre de la que fuera primera ministra; y evitar que la BBC, medio público donde los haya, participase en la montaraz fiestecita de celebración por la muerte de la bruja, aka Margaret Thatcher. A partir de ahí, y como no podía ser de otro modo, se sucedieron los posicionamientos políticos, las declaraciones, los minutos en informativos, el debate social y la polémica periodística. Finalmente, la BBC resolvió que la canción sonara, porque suenan todas las canciones más vendidas, pero sólo unos segundos. A modo informativo, dijeron… El sintagma resulta muy tierno.

Verdaderamente, hay que concluir que el mundo viene habitado por un número importante de cachondos desocupados. Como yo soy uno de ellos, y a mucha honra, tengo este blog y he dedicado algunos días a recopilar un buen número de canciones que tuvieran a Maggie Thatcher como argumento o contexto principal. Porque si algo consiguió Thatcher de forma radicalmente indirecta, aparte de las cosas que cualquiera sabemos (o no), fue convertirse en una agitadora cultural de primer orden. No creo que haya habido un político capaz de provocar semejante efusión de creatividad iracunda. A ella le debemos un buen número de películas de Ken Loach, las mejores desde luego (Riff Raff, Lloviendo Piedras, Ladybird Ladybird…), por ejemplo. Ian McEwan recordaba estos días en El País a la generación de escritores británicos cuyas novelas prosperaron en el ácido desencanto provocado por los sucesivos gobiernos thatcheristas en los años 80. A tal punto vivían con fervor su militancia que llevaban el debate político a los congresos de escritores, lo que acababa por desesperar, por ejemplo, a sus colegas italianos, que con ese relativismo latino tan comodón acababan a los gritos recordándoles el objeto de la reunión: “¡¡¡A la literatura, fratelli, a la literatura!!!!”. Con lo que aprecia un británico una buena discusión…

Ahora, si una disciplina creativa floreció bajo la hégira privatizadora de Thatcher fue la musical. Desde luego también es la que más nos interesa en esta ventanilla. Aparecida en el vasto espacio que abrió a su paso el veloz auge y caída del movimiento punk, a finales de los setenta, Maggie inspiró todo tipo de manifestaciones. Ella, precisamente ella, redentora acerada del derechismo albión, acabó convertida en musa de la izquierda cancionera: recreada de todas las formas posibles, en todos los tonos, géneros y combinaciones. Esta reunión de 22 temas que propone Somniloquios parte desde luego de la mencionada Ding Dong The Wicked Witch is Dead, para detenerse en el sardonismo tongue in cheek de More Tea, Margaret?, con Robb Johnson tomándose una tacita junto a la malvada, para escuchar sus historias de célebre estadista: “¿Nos contarás otra vez / la historia de tus días en el número 10 / tú junto a todos esos hombres famosos…?”. Y nombra a coetáneos como Ronnie Reagan, Augusto Pinochet, Botha o… ejem, Saddam. En la misma veta singer-songwriter, Deborah Holland subraya aquellas alegres cuchipandas con su sedosa Pinochet and Margaret Thatcher: “Pinochet y Margaret Thatcher comen bizcochitos / Margaret dice: ‘Contigo nunca me siento sola” / Pinochet contesta: ‘Margaret, eres un ángel… más del doble de lo que pudiera serlo la princesa Diana”. Las alusiones a las peligrosas amistades políticas de Thatcher traen enseguida a la memoria las fantásticas parodias de los Spitting Image: cuando Maggie aleccionaba intelectual y físicamente a sus ministros, cual headmaster victoriano, en las reuniones del gabinete; o aquellas ocasiones felices en que el muñeco de la primera ministra y el del presidente de EEUU se besaban apasionadamente tras los telones de las grandes cumbres internacionales. Cuando la posteridad le pidió explicacines, la propia Maggie acabó por interpretar el clásico My Way, con impostada grandiosidad.

Ronnie & Maggs, de NOFX, eleva el ritmo y la crudeza, una constante en muchos de los grupos que se ocuparon de ajustarle las cuentas a guitarrazos a la premier británica. Naturalmente, el punk estuvo en el frente de esa guerrilla callejera: Let’s Start a War – Said Maggie One Day, cantaban Exploited con el estilo descarnado y machacón del género, para denunciar la afición de el eje británico-americano por las guerras de ultramar. En ese mismo tenor, si vale el término, Terry Edwards and The Scapegoat proclamaban que el perdón (inmediato o retrospectivo) no entraba en los planes de batalla: Margaret Thatcher, We Still Hate You. The Not Sensibles se desquitaron con la muy sexpistoliana I’m in Love with Margaret Thatcher. Muchas otras bandas aportaron rabiosos vómitos semejantes, pero las manifestaciones más perdurables (por calidad y profundidad) no tardaron en hacerse presentes. The Blues Band produjo una sensacional versión del clásico Maggie’s Farm, con vigorosa ironía. Pink Floyd no abandonó su natural grandilocuencia para proclamar a Thatcher moradora merecida de lo que Roger Waters y sus compinches titularon The Fletcher Memorial Home, un geriátrico en el que los tiranos de la historia pasarían las tardes al sol recordando sus respectivas carreras (armamentísticas): “Construyámosles un hogar / un lugar recogido para ellos solos / El Fletcher Memorial… la casa de los tiranos incurables / y de los reyes”. Get Your Filthy Hands off My Desert, también de Waters, incorpora una apocalíptica melodía acerca de la guerra de Malvinas.

notsensiblesEl pop aterciopelado de Matt Johnson, el líder de The The, arroja su palada con gusto venenoso en Heartland: “Éste es el país en el que nada cambia / La tierra de los autobuses rojos / y los bebés de sangre azul / El lugar en el que se viola a los pensionistas / y en el que los corazones / son arrojados fuera del estado del bienestar. / Que los pobres beban leche / y los ricos se coman la miel / Que los vagos se regocijen en sus bendiciones / mientras cuentan el dinero”.  Suena todo tan molestamente familiar… El epílogo no deja lugar a la metáfora: “Éste es el estado número 51 / de los Estados Unidos “. Ese tipo de referencia oblicua aparece también en la hipnótica Ghost Town de The Specials: en ningún lugar de la canción (que reproduce el puente geográfico-musical entre el reggae caribeño y el ska) se nombra de forma específica a Thatcher, pero el espíritu errante de su obra política queda implícito en el inquietante paseo de los seis specials a través de un Londres opresivo por ausente. Algo similar hacen The Beat en el sabrosón dub que llamaron Stand Down Margaret. La afilada frivolidad de Morrissey le llevó a escribir Margaret on the Guillotine para el primero, y mejor disco, de su carrera en solitario, Viva Hate!. En ella caracteriza a  los opositores a Thatcher bajo el amable genérico “the kind people”: “La gente de bien / tiene un sueño maravilloso: / ver a Margaret en la guillotina”. Y hablando de inventos franceses, hemos incluido una chanson de Renaud llamada Miss Maggie, que contiene toda la etérea perversión de la tradición gala en estos asuntos: palabras bien gruesas dichas con una ligereza adorable.

Ahora, si el izquierdismo podía adquirir una forma musical armónica, ahí estaba Billy Bragg, héroe socialista de descriptivo anti-folk, para hacerles una semblanza emponzoñada a los partidarios de Maggie en Thatcherites  un tema encendido de pasión obrera. Kitchens of Distinction (Cocinas Distinguidas, tal vez uno de los mejores nombres de banda musical que uno haya encontrado) propusieron Margaret’s Injection con mucha elegancia formal, lo que siempre se agradece en el caso de este tipo de eutanasia inducida. MC Frontalot inventaron el baile Margaret Thatcher en su Wallflowers, y recomendaban practicarlo a ritmo de rap. Hasta los intensos Mogwai se ocuparon de ella en su último disco, en el que cantan (cosa rara) George Square Thatcher Death Party, con alegría anticipatoria. El mismo regocijo contagioso que apreciamos en la fantástica The Day That Thatcher Dies, de Hefner, que con vocación de himno celebratorio viene a cerrar nuestro recorrido… y el círculo iniciado con Judy Garland. Hefner canta en su coda final: “El día que muera Thatcher nos reiremos / aunque sepamos que no está bien hacerlo / Cantaremos y bailaremos la noche entera: / Ding Dong, la bruja ha muerto /¿Qué vieja bruja? / La bruja mala / La bruja mala ha muerto”.

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7 responses

18 04 2013
Sr. Guerra

Ejem.. Se deja usted “All my trials” en la versión de Sir Paul McCartney.

19 04 2013
Jeremy North

Me suena que Elvis Costello también lanzó sus invectivas contra Margarita en alguna canción de los 80´, pero no recuerdo en cuál.

19 04 2013
Ornat

Me he dejado muchas. O unas cuantas al menos. Paré en 22 vaya usted a saber por qué, por mi subconsciente oval tal vez. All My Trials no la tenía catalogada como canción anti Thatcher, señor Guerra… pero si usted la propone será porque algún episodio que ignoro lo justifica. Porque usted, hasta donde yo sé, jamás pecó de subjetividad cuando se trata de sir James Paul. Ni yo de objetividad tampoco. Respecto a Tramp the dirt down, la de Elvis Costello, la había seleccionado y la olvidé después. Toda la razón para reclamarla. Las dos merecen ser consideradas y escuchadas como apéndice a este somniloquio.
Un placer tenerlos de vuelta.

19 04 2013
Sr. Guerra

Yo siempre peco de subjetividad, entre otras cosas porque no creo en la objetividad.
Creo recordar que fue Julián Ruiz quién dio esa interpretación (no estoy 100% seguro, ha pasado mucha agua bajo los puentes desde 1990) Y hay algunas páginas en Internet que apuntan la misma interpretación. Por ejemplo, http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/4/nos-habiamos-odiado-tanto/:
“Incluso el habitualmente tibio en términos políticos Paul McCartney celebró el fin del mandato de Thatcher, en 1990, con una versión de una canción clásica de protesta de los años 60, “All My Trials”, cuyo mensaje antimonetario y esperanzado fue interpretado en forma inequívoca como un festejo de la conclusión de la era Thatcher, algo que el ex beatle no desmintió.”
Bien hallado, Sr. Ornat.

19 04 2013
ornat

¡Levante la mano de inmediato quien haya oído a Paul McCartney alguna vez desmentir algo!

21 04 2013
Sr. Guerra

Ejem, recuerde… “Juro que no morí”

22 04 2013
ornat

Bah, hombre esa está clara: yo decía una en serio!!! Jejeje

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