Me cago en el amor

14 02 2014

Desde mi escéptico punto de vista me pareció mentira, pero debe de ser verdad que lo del tema de San Valentín funciona: alguien me dijo el otro día que hoy no podíamos quedar porque, y cito, “es San Valentín y me cortan los huevos”. He ahí el amor en toda su contradictoria naturaleza, pensé. Hay unos cuantos santos sueltos por el calendario a los que yo arrojaría desde el Balcón de San Lázaro al río, como le pasó a Dominguito de Val (también santo). De entre todos (no los voy a nombrar para no herir susceptibilidades) creo que (el puto) San Valentín va al frente. Yo a San Valentín le dispararía en las rodillas, como hacen los malos de las películas cuando quieren prolongar el sufrimiento. Desconozco de dónde procede la tradición, si la hubiera, y no me importa. Nunca he pensado que los enamorados necesitaran un día. Nunca he considerado que el amor necesitara canciones, aunque yo también he colado versos y algunas líneas de aquí y allá, como un Cyrano menor, cuando ha hecho falta. Eso se llama estrategia. En el fondo el amor no precisa nada, se basta por sí solo. Lo único que precisa el amor, si acaso, es la dolorosa conciencia de su fugacidad. Como casi todo en la existencia, como la misma existencia, el amor es susceptible de acabarse. De que se te termine o te lo terminen. Así de simple. Preferimos olvidarlo… Vivir es fácil con los ojos cerrados. Eso lo dijo Lennon, aunque ahora habrá quien se lo atribuya a David Trueba. Ese mismo tipo de gente que al morir Mandela afirmó: “Se nos ha ido un gran actor”, en referencia a Morgan Freeman. O aquella madre que un día, acompañada de sus niñas, me preguntó cómo se llamaba mi perra. Y cuando le dije que se llama Anastasia, con impulso docente y educador se dirigió a las pequeñas y les aclaró: “¿Veis? Se llama Anastasia… como la de la película”. Yo creo firmemente que estas cositas, que parecen tan nimias, contribuyen en gran forma al derrumbe al que se encamina la sociedad. Pero es cosa mía.

valentinA David Trueba, precisamente, alguien le preguntaba ayer, en una entrevista digital, cómo combatía el desamor. Y dijo esto que uno puede compartir o no, porque es muy personal, pero que me pareció refrescante: “El desamor es el estado natural. El amor es la medicina”. Así que lo que necesita canciones, y muchas otras cosas, es el desamor. Hace algunos años le receté a un amigo un amplio catálogo de canciones descarnadas de Los Planetas. ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ y cosas así. Eran todos temas pensados contra el abandono y la pena… a la manera de J y su banda. “Quiero que sepas que me he acostumbrado / a tus putas escenas de “ahora me largo”. /  Lárgate ya de verdad que sería una suerte / si no vuelvo a verte en los próximos años”. Deseos cariñosos expresos sin rodeos: “Y quiero que sepas que espero que acabes colgando de un pino / cuando veas lo imbécil que has sido, / cuando veas que lo has hecho fatal”. Líneas de rabia vitriólica para hacerle frente (con indisimulable debilidad) a una pérdida que va a costar reparar. Naturalmente, no tuvieron ningún efecto. Pero a mí me sigue gustando creer en su poder curativo por oposición: para dejar de querer lo mejor es empezar a odiar.

Hace muchos años yo ahogaba mis frustraciones sentimentales en los Sex Pistols, con un silencioso afán autodestructivo al que le sentaban muy bien el ruido, la mugre y la furia. Tiempo después, aún en estos últimos tiempos, las oculto bajo las líneas oscuras de Joy Division: ‘Love will tear us apart’ sigue siendo mi canción de (des)amor favorita, y creo que lo va a ser siempre. Porque expresa la pérdida como un vacío insondable de silencios huecos que se van imponiendo, como un callado ejército; porque habla de ese gran enemigo que es la costumbre de lo deseado; de la rendición de nuestras ambiciones; de dormitorios helados y lados de la cama… Y, sobre todo, de la rotunda incomprensión que se apodera de las cosas, un sinsentido cruel: “¿Cómo puede algo ser tan bueno / al punto de que simplemente no funcione?”.

Para que la cosa no quede muy recargada, compensaremos con las visiones satíricas de Los Punsetes acerca de las amistades de tu pareja, con otra frase gruesa que uno puede enarbolar en más de una ocasión: “Que le den por culo a tus amigos”; más la canónica letra de Tonino Carotone que titula esta entrada. Carotone pasó hace poco por Zaragoza. Con un amigo antiguo siempre recordamos macarrónicas sentencias, alguna apoyada en textos dolientes como ‘Una pena en observación’, de CS Lewis: “Felicità momenti è futuro incerto”, cantaba Tonino. No hará falta traducir. Y después ya, voces algo más cuidadosas, canciones con tanta seda que pueden engañar como mantis religiosa; crooners intemporales del tipo de Chet Baker: “Me arreglo muy bien sin ti / claro que lo hago / excepto cuando…”,  y sigue un amplio catálogo de salvedades a la afirmación principal. Mi querido Richard Hawley y Joe Cocker, al que le he encargado una versión carraspeante del Everybody Hurts de REM, que contiene algunas otras verdades: que todo el mundo llora, que todos hacemos daño. Que todo se termina. A veces.

 

Anuncios

Acciones

Information

4 responses

15 02 2014
Ada Red

Me recomendó tus somniloquios una persona, y no se equivocó.

Interesante lo que cuenta Trueba del amor y el desamor. Puede que también sea así. Yo soy una defensora férrea del amor. Y si no, ¿de qué?
Pero esa defensa se traduce en lucha constante, entre la deconstrucción de mitos y la construcción de un ideario propio medianamente coherente. La construcción, al final, de toda una vida. Se sufre, siempre, con o sin amor. Si no, estás jodido, probablemente muerto.

Gracias por las letras, me gusta como las juntas. Y gracias por las músicas, que me han ayudado a arrancar este día.

17 02 2014
ornat

Sí señor: “La construcción de un ideario propio medianamente coherente…”. He ahí la definición exacta de un objetivo en la vida. Cada palabra con su peso preciso. Desde mi punto de vista la clave reside en el adverbio: medianamente. Así mismo. Subraya una idea que siempre he tenido: la única posibilidad es la imperfección. Hay que saber convivir con ella sin romper el espejo. El del baño y el del alma.

17 02 2014
MySelf

“Lo único que precisa el amor, si acaso, es la dolorosa conciencia de su fugacidad. Como casi todo en la existencia, como la misma existencia, el amor es susceptible de acabarse”.
No podría estar más de acuerdo. Y no hay nada de malo en que así sea. Si se nos acaba la leche para el desayuno, por decir algo, no nos fundimos en una terrible depresión, simplemente tiramos de lo práctico, desayunamos un zumo, o no desayunamos y ya iremos a comprar más.
Si se nos acaba el amor, entendiéndolo como “amor de pareja” que es de lo que nos habla el Sr. Valentín, es tan fácil como darnos cuenta que no sólo eso nos proporciona felicidad, que no sólo tenemos capacidad para querer a una persona, … si se acaba el amor, desayunemos un zumo, y ya iremos a comprar más.

9 01 2017
_ _

A veces se termina porque no funciona,a veces no funciona y no termina,a veces funciona y se termina.
Así somos de complicados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: