Dos hombres en un ascensor

28 08 2014

Regresaba ufano el hombre somniloquio de completar su gimnasia matinal de pretemporada por las riberas de la ciudad. Con los brazos al aire, en ese mediano exhibicionismo que procuran los músculos aún tensos por el ejercicio. Él, pantalón corto y una camisa abierta hasta la cruz del pecho, parecía haber ingresado en el día mucho tiempo antes: como si a las nueve y media de la mañana ya estuviera por agotar todas las posibilidades de la jornada. Nos conocemos, claro. Me franqueó el paso sin decir palabra. Para no incomodarlo demasiado con mi falsamente juvenil transpiración tardoveraniega, me acomodé del lado derecho, sobre una esquina. Él se quedó de espaldas a mí.Afeitado

-Al tercero, ¿no? -le dije con la mano en el botón.
-Segundo -contestó sin mirarme.

Cuando la cabina empezó a moverse, temí el conocido diálogo acerca del tiempo. Para conjurarlo, estrategia inútil, acostumbro a mirar al techo y entretengo las llaves entre los dedos. Entonces, él giró la cabeza por encima del hombro y me convocó sin palabra, como si hiciera consideraciones acerca de mi atuendo o, peor aún, de mi tamaño. Algo así no me extrañaría: es uno de esos hombres cuyo cuerpo avejentado todavía anuncia un espantoso vigor fuera de hora. Y la posibilidad de demostrarlo.

Por un momento aprecié en su rostro todo el sol de los campos, como escribía González Ruano. Él me miró de abajo arriba y luego de arriba abajo y, tal vez al advertir la mediocridad de mi perilla y las desatenciones que revelaba mi estado matinal, preguntó sin intermedios:

-¿Tú te afeitas?
-Alguna vez, a ver si hoy…
-Yo me afeito todos los días.

Se abrió la puerta y el único hombre de ese ascensor salió sin despedirse.





Nadie sabe nada

27 08 2014

“Nunca puede uno estar seguro de nada. Vivimos en un mundo loco, muchacho, en una civilización muy peculiar. Los policías juegan a ladrones y los ladrones juegan a policías. Los políticos son predicadores y los predicadores son políticos. Los recaudadores de impuestos recaudan para su propio bolsillo. Los Malos quieren que tengamos más dinero y los Buenos luchan para impedírnoslo. No nos conviene, ¿comprendes? Si pudiésemos comer todo lo que quisiéramos, cagaríamos demasiado”.

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El asesino dentro de mí, de Jim Thompson





Lecciones, elecciones, erecciones

25 08 2014

“Sólo poco a poco se llega a apreciar que el oficio que deseamos ejercer es más duro de lo que habíamos pensado, que la oferta de jóvenes que también se han autoerigido en genios es inagotable y que no tenemos ese talento único e insustituible que creíamos tener. No cabe duda de que es un arte emocional sumamente refinado -sofocar una huera altivez sin extinguir el fuego que nos arde en las entrañas-, pero quienes lo dominan salen por el extremo opuesto siendo unos profesionales excelentes y unos seres humanos soportables”.

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Big Brother, de Lionel Shriver

 





Queralbs

19 08 2014

“(…) usted no es el gobierno, general, usted es el poder, se aburría en las veladas de dominó hasta cuando se enfrentaba con los cuartos más diestros, pues no lograba perder una partida por mucho que intentaba las trampas más sabias contra sí mismo”.

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El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez