La vida allí

29 07 2016

Yo he sido un poco de todos los lugares en los que he estado, aunque de unos más que de otros. Y con el mismo fervor con el que he querido ejercer una íntima pertenencia a esos lugares, he atendido a la incoherencia artificial, a la mentirosa sugestión de tales pensamientos. Apenas somos turistas. Visitantes. O viajeros, que a la gente le gusta más, porque todos queremos ser lo que no son los otros. O lo que nosotros presumimos que no son.

Uno se quedaría a vivir en todas partes y en ninguna. Uno sabe que, como anotó Borges, el exotismo no es sino una construcción artificial, otra más, de las distancias: a mí me parecerá exótica la modesta calle a la que un balinés sale cada mañana para completar las rutinas de su día. Y seguramente lo mismo le ocurrirá a un viajero oriental con estas aceras, los edificios a los que no miro, este parque, estos jardines en sombra y este río que yo frecuento a diario, en los necesarios tránsitos de cada jornada. Tal vez por todas estas cosas siento con frecuencia que en realidad no soy de ningún lugar. O que, para ser más preciso, tiene muy poca importancia de donde en realidad sea.

la vida allí

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