Hello, darkness…

2 06 2020

Hemos vivido parcialmente entre los pliegues de muchas películas, de numerosos libros y de interminables canciones. Nos hemos acomodado en ámbitos secretos, hechos de frases subrayadas y un asterisco en la esquina superior de la página, como miga de pan, para no perder nunca más el camino de regreso. Hemos saboreado un breve instante de la realidad que evoca por mágica sinapsis la línea de una canción, y la luminosidad del momento en que ambos lados quedan ya en conexión permanente, igual que si hubiéramos encontrado la puerta invisible en una pared. Y al otro lado, eso que de forma común llamamos la vida paralela, que no es culpable de otra cosa sino de la reivindicación de un universo personal…

Ya he contado alguna vez que tardé años en ver El Graduado. Y que después nunca he podido salir del todo de ella. A veces no somos nosotros los que ingresamos en esas creaciones diversas a las que me refiero, para incorporarlas como sustancia de vida. A veces, algunas gloriosas veces, son ellas las que nos toman al asalto. Apelan a tantas emociones que reconocemos como propias que hasta nos empujan a formular en voz baja esa cursilada que todos hemos sentido alguna vez: “Es como si alguien la hubiera escrito pensando en mí”. Es el caso. Y no por la trama epidérmica, no por la huida final, no por la señora Robinson, ni siquiera por la incomparable sonrisa de Katharine Ross, lugar en el que uno podría quedarse a vivir, como Ben. Hay algo más profundo, por momentos mucho más letal, en el fondo de esta película. Un conmovedor milagro de composición e interpretaciones con el que Mike Nichols consigue que los personajes nos muestren, por debajo de todo lo aparente de su acción, la trama universal de la más íntimas confusiones.

Desde ese punto de vista, siempre me pregunto cómo es posible que algunas escenas de El graduado se aproximen de forma tan escrupulosa a lo que parece una efusión de mi inconsciente. Las imágenes de Ben en la piscina, los resplandores del sol en el agua, el querido aislamiento del fondo, las voces allá afuera, en el borde de la pileta, en la superficie de los días… Y los últimos cinco minutos, que están entre lo más extraordinario que uno haya visto nunca. En todos los sentidos. Cada plano, cruzado con la música, el ritmo decadente del riff de guitarra, la energía desesperada de Ben (Dustin Hoffman) en su carrera por el borde polvoriento de la calzada, hasta la iglesia; el subrayado de los guitarrazos, contra un marco de silencio ambiente. La soledad, tal vez el sinsentido, expresa en el cambio en los puntos de vista. El gesto de trance con el que Elaine camina desde el altar hacia su destino, o lo que en ese momento enajenado interpreta como su destino… Aún no es tarde para mí. ¿Hasta cuándo no es tarde?. Los insultos, los rostros crispados en primer plano, el forcejeo. Y una cruz dorada que mantiene a raya a los invitados, la espada de la fe individual, elevada en la violación de un sacramento.

Siempre juntos. Contra todo. Y contra todos.

Un autobús que pasa. Cosas que pasan. Las cosas que ocurren, como si surgieran de un sueño, para variar todo lo que sabíamos, todo lo que esperábamos. El grito de liberada felicidad. El juego hermoso y terrible de las sonrisas y las miradas…

Nichols podría haber acabado ahí su película, con un final feliz al que no cabría hacerle ninguna pregunta. Pero decide prolongar el momento y convocar a la realidad del tiempo. Resulta portentoso observar de qué manera tan nítida logra contar todo lo que no vemos, el futuro de Elaine y Ben, de todos, en apenas unos segundos y sólo a través de los gestos. Toda la intrincada complejidad a la que nos enfrentamos está ahí. Y en la primera línea de The Sound of Silence: “Hello darkness, my old friend…”. Elaine va a buscar los ojos de Ben porque advierte que la oscuridad está ya ahí delante. Pero Ben ha dejado la mirada perdida en un lugar indefinido al que ambos se dirigen. Forzar la sonrisa, que el instante perdure (que nunca nada se pierda, que siempre seamos lo que somos ahora). Y mirar adelante sin mirar a ningún sitio. O a ese punto inconcreto en el que las cosas no tienen remedio y son. Para bien o para mal. Son. O tal vez no. “Porque una visión, suavemente se deslizó en mi sueño para plantar una semilla. Y esa visión permanece en mi cerebro. Y todavía lo hace. En el sonido del silencio”.

El veneno de los días. La progresiva invasión de las palabras que no se dicen. El creciente diálogo interior. El aislamiento en las piscinas metafóricas. Y la extrañeza de las voces en la superficie de la existencia. Todas las inseguridades. El momento decisivo en que entendemos que todo aquello que comienza está siempre más próximo a terminarse. Que cada culminación inaugura su propia corrupción. Que la belleza, el amor y la felicidad… tal vez sólo pueden funcionar como aspiración. Que vamos en un autobús, con el que nos cruzamos por casualidad, y nos pareció que nos podría llevar a algún sitio. No sabíamos a cuál. Y si lo supiéramos, tal vez querríamos que su destino siempre fuera otro.

Esta noche ponen ‘El graduado’.


Acciones

Información

2 responses

2 06 2020
pacosomoscarrera

Gracias por tu notificación y bonito relato sobre el Graduado. Si Dios quiere la veré porque la vi hace muchos años y recuerdo que me gusto mucho. Espero y deseos que estéis todos bien, Nosotros también lo estamos. Un abrazo

Enviado desde Correo para Windows 10

De: Somniloquios
Enviado: martes, 2 de junio de 2020 13:07
Para: pacosomoscarrera@msn.com
Asunto: [New post] Hello, darkness…

ornat posted: “Hemos vivido parcialmente entre los pliegues de muchas películas, de numerosos libros y de interminables canciones. Nos hemos acomodado en ámbitos secretos, hechos de frases subrayadas y un asterisco en la esquina superior de la página, como miga de pan, “

3 06 2020
woodyalle

Esta película forma parte de nuestro ADN. Responsable de una generación que siempre ha vivido en el limbo. Como “The Joshua Tree” de U2, como “Friends” o como “Cien años de soledad”…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: