I look at you all…

28 11 2011

No sé si hará falta que diga algo. No sabría decir gran cosa, salvo que no se pueden haber escrito muchas canciones más hermosas que ésta; y que no sé si George Harrison alcanzaría una interpretación tan excelente como la que él y sus secuaces (Ringo Starr a la batería incluido) hicieron en el celebérrimo Concierto por Bangladesh. Hay otra versión magnífica (las de los Beatles están fuera de categoría, por razones obvias) dirigida por Eric Clapton a la guitarra y la voz, Paul McCartney en el piano, el propio Ringo a la batería y Dhani, el hijo de Harrison, con una guitarra acústica: la del llamado Concierto por George. Podría buscar este tema en sus mil diferentes revisitaciones e ir poniéndolas todas, día a día, hasta que aquí nos quedásemos cuatro (o cuatro mil) locos insaciables. De todas las posibilidades siempre voy a preferir la voz de Harrison, compuesta de una textura de la que no puedo hacer juicios críticos, pero sí sentimentales: siempre me ha provocado una temblorosa emoción, ignoro el por qué. El riff del comienzo y el solo de guitarra que la culminan son preciosos y aquí, en esta interpretación con un sonido tan de los setenta, se afilan magistralmente.

¿Qué decir de noviembre, un mes que se lleva todo por delante? Noviembre ha sido casi siempre negro. No tan cruel como abril, creyó el poeta, pero insondablemente oscuro, desesperanzador, el punto más lejano y solitario del año. Uno, que tiene todas las resistencias erosionadas hace ya días, lo va pasando de medio lado, envuelto en una extrañeza creciente, un distanciamiento sin regresos inmediatos. Tratando de no calcular cuánto queda hasta que vuelva la luz, por ejemplo la luz a la que cantó George Harrison en Here Comes The Sun. ¿Qué decir de George Harrison, fallecido mañana hará diez años? Lo mismo que de cualquiera de los otros tres: eran y son una cumbre insuperada. Grupal y personalmente. La culminación anticipatoria de todo lo que después hemos celebrado.

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Beck y Clapton: Moon River

6 10 2011

Moon River, la canción escrita por Johnny Mercer (letrista) y con composición de Henry Mancini para la película Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany’s) ha cumplido 50 años. Interpretada  por Audrey Hepburn en el alféizar de su ventana, con el correspondiente aire nostálgico y un leve rasgueo de guitarra. La letra no posee un gran sentido, precisamente porque tiene ese carácter deshilachado o incompleto de los recuerdos íntimos, que sólo adquieren forma plena, significativa, en la mente de quien los  evoca. Moon River es, en sí misma, un efluvio de pura melancolía o de recuperación de un lugar perdido, pero mantiene intacto su enorme poder de evocación para cualquiera que la escuche. Mercer escribió la letra en recuerdo de un río verdadero en Savannah, Georgia, que veía desde la ventana trasera de su casa y que compuso el marco de su infancia. Se llamaba The Back River, originalmente, pero desde que Holly Golightly cantó el tema (que en la banda sonora original de la película sería instrumental), se le cambió el nombre a Moon River: el río de la luna. “My huckleberry friend…”, una de las más célebres líneas de la canción, no hace referencia a la novela de mi queridísimo Mark Twain, Huckleberry Finn, sino a la fraternal amistad del autor con otro muchacho con el que iba a coger arándanos (huckleberries) . Esta versión viene punteada por Eric Clapton y Jeff Beck, dos monumentales guitarristas de rock, psicodelia y blues, y le agrega al tema el tono canalla necesario para convocarnos aquí durante unos minutos, recordar a Mercer y Mancini, desde luego a Audrey Hepburn y a George Peppard, la magnífica película de Blake Edwards y, de fondo, a nuestros imprescindible Truman Capote y hasta Twain.

Río de la Luna, mides más de una milla de ancho
pero algún día te cruzaré como es debido
Fabricante de sueños, tú… que rompes los corazones
Dondequiera que vayas, yo voy contigo
Seremos dos perdidos, dispuestos a recorrer el mundo
hay tanto mundo por conocer…
Todos buscamos el final del arco iris
que nos espera a la vuelta de la próxima esquina
Mi amigo, con el que cogíamos arándanos,
el Río de la Luna y yo…