Buscando a Beula

16 06 2016

Estos días he vuelto a buscar a Beula, con avidez, entre las páginas. Es un ejercicio extraño. Tal vez por eso sea también, y sobre todo, excitante. Porque detrás de la búsqueda, claro, aguarda la posibilidad de encontrar a Beula. La busco entre las páginas con urgente desorden, igual que la buscaría en un guardarropa si supiera que ella se oculta ahí, desnuda o casi desnuda, jugueteando a cubrirse falsamente con los abrigos de otros. Fatal entre las sombras. Aparto los párrafos como si fueran bufandas y cuellos de armiño, gabanes ocres y trincheras mojadas. Y casi me parece que la alcanzo con la yema de los dedos. Busco con los ojos cruzando las letras en diagonal. Y así trato de dar con alguna de esas frases que convirtieron a Beula, en mi cabeza, en una inagotable locura de verano que no podía dejar de buscar. Y se me escapan. Y crece mi ansiedad, mi ansiedad por Beula, un apuro francamente sexual que nunca se ha retirado del todo, desde que la conocí.

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