¿Holanda? Dejen de joder…

7 07 2010

Los alemanes le preguntaron al pulpo y el pulpo dijo que ganaba España. Los españoles, mientras, le preguntamos a la Reina y la Reina, recién llegada a Sudáfrica, también ha dicho que gana seguro España. Se ve que a estos dos les pones unos mejillones y te anuncian el triunfo español a carrillo lleno. ¿Se imaginan a la Reina previendo una victoria alemana? ¿Qué hacemos entonces, nos la comemos a feira con pimentón? Y Schweinsteiger, ¿qué dice de todo esto?

En fin, para qué negarlo: resulta inevitable sentir que sólo un cefalópodo ha podido disfrutar este Mundial. Y que la clasificación de Holanda para la final de la Copa del Mundo resume el mediocre nivel de la mayoría de los equipos y la cantidad de matices que se les puede oponer a los que presuntamente han sido los mejores. Si resolvieron la victoria sobre Uruguay fue por recursos, que no por fútbol. Voy a considerar el tastarro de Gio a la escuadra una de esas cosas inverosímiles en las que el fútbol resulta tan pródigo. Nada reclama mi atención en Holanda, ni el funcionamiento colectivo ni el desempeño individual de sus futbolistas más elevados: cierto que Sneijder y Robben llevan un año enorme y ejercen un impacto decisivo en muchos partidos, pero son jugadores a los que me basta con ver en un compacto rapidito del choque, un resumen de tres minutos. De verdad, los goles y listo. Van Persie no ha mostrado nada para la memoria, aunque lo tengo por un estupendo delantero (mucho mejor que Huntelaar, si algún madridista está mirando). Kuyt no me dice gran cosa, ni en Holanda ni en el Liverpool; Heytinga me resulta mediocre; y Van Bommel, rendidor incombustible, se ha valido de la permisividad arbitral, o de su destreza para la violencia sorda, para hacer un muy buen torneo. En realidad, ese chico debería haber visto no menos de diez tarjetas amarillas y alguna roja entreverada: no he conocido, salvo por Albelda, un futbolista que pegue tanto con tan escaso castigo.

Uruguay hizo mucho más de lo que le correspondía. Su último gol, el de Maximiliano Pereyra, compuso la afirmación postrera de un carácter inquebrantable. Sin el listo Luis Suárez a su lado, en algún momento pareció que Forlán peleaba contra el mundo entero. Cierto que Galvani completó un partido de singular esfuerzo, incansable allá arriba, pero nunca fue tan hábil como laborioso, y pareció lejos de de amenazar otra cosa que la paciencia del vulgar Heitinga y el olvidable Mathijsen.  Tabárez ha gestionado un sueño con la entereza anímica de los supervivientes y la realidad del Mundial le ha concedido generosos virajes en momentos muy concretos. Uno se alegra de que haya sido así, pero si Uruguay llega a entrar en la final de este Mundial, me hubiera preguntado muchas cosas. Sólo unas pocas más, para qué mentir, de las que me pregunto mirando a Holanda esperar ya la tercera final de su historia. Tal y como va todo, llevo varias noches con sudores fríos y en pesadillas veo aVan Bronkchorst levantar la Copa…

Por el otro lado llegan España y Alemania. Seguramente Alemania el mejor equipo del campeonato, sin hacer ninguna maravilla pese a la contundencia de sus goleadas en octavos y cuartos. España, bueno… hay que retorcer algo los argumentos para proclamarla “la que mejor ha jugado al fútbol”. Si lo ha sido, lo habrá sido ocasionalmente. Lejos del ejercicio estilístico, su Mundial posee el mérito de haber pasado rivales más empeñados en incomodarla que en vencerla. No es un triunfo menor. También ha acertado a gestionar pasajes de rabiosa ansiedad dentro y a su alrededor, y el pesadísimo cartel de favorita; y las críticas pertinentes a esa condición. Éstos tampoco constituyen valores medianos. Respecto al fútbol, individual y colectivamente ha quedado en un escalón inferior a su explosión en la Eurocopa, pero ha ido resolviendo las deficiencias con competitividad y el acierto implacable de David Villa. En general, uno tiene la impresión de que las dinámicas de Alemania y España se cruzan en algún punto medio del camino, que confluye en esta semifinal de hoy: España alcanzó su cima hace dos años y viene tal vez no en una bajada, pero sí en la administración peliaguda, pero victoriosa, de un retroceso; Alemania, por contra, está creciendo. No me parece la maquinaria invencible que parecen anunciar los análisis. Sí un buen equipo, más germano de lo que muchos quieren subrayar (no espero verlos en un ataque desaforado esta noche, sino esperando a España a la contra), y un punto por encima del resto en este torneo. Pero este torneo, hay que decirlo una vez más, ha sido lo que ha sido.