Políticos colgados

13 05 2011

Jon Manteca junto a un correligionario cuya chupa proclama: “Con las tripas del último madero kolgaremos al último cura”.

Ahora que casi soy un bípedo pienso en el Cojo Manteca, icono de la revuelta estudiantil de enero de 1987, al que he recordado siempre destrozando con sus mulas los cartelones de la boca de metro de Banco de España, en Madrid, mientras a sus pies ardía, literalmente, la calle. Jon Manteca, punki de Mondragón, perdió a los 16 años una pierna por lo que él llamaba “el calambrazo”, que fue una violenta caída desde una torre de alta tensión a la que se había encaramado. La violencia de la manifestación llegó a su pie como una ola desaforada aquella mañana de enero del 87: lo golpearon en un hombro, vio el balazo de la policía en la pierna de una estudiante y se fue a por ellos, aplicando su lógica del bakalao. Rompió la entrada del Metro, un reloj termómetro, lo capturó una cámara de la agencia EFE y su imagen encabezó la iconografía de una generación por la que no sentía ningún interés ni adhesión, ideológica ni estética. Entró y salió cinco veces de la cárcel en varias ciudades, lo entrevistó Quintero, declaró su preferencia por los Clash, los Pistols, los Ramones, Eskorbuto, Cikatriz, la Polla Records y otros jefes del punk-rock. Murió en 1996 de SIDA un pardo cardíaco*. La gente lo recordaba jugando al ajedrez con los abuelos en un bar de la plaza de San Francisco en Pamplona, un año antes de aquel pasaje de fama incomprensible, la cabeza afeitada y cruzada por la raja que le dejó la caída de la torre de alta tensión. Los abuelos pasaban costo por monedas y él urdía el jaque mate en silencio. “¿Tú cuánto necesitas para vivir, Jon?”, le preguntaba el Loco. “Pfff… cuanto más tienes más gastas, ¿no?”, reflexionaba Manteca. El no materialismo materialista, casi. Quintero se reía. El Cojo bebía y se reía. Fumaba.

Hoy es viernes, aún viernes. Han suspendido la campaña electoral, siquiera por un terremoto. En campaña, los políticos cuelgan de las farolas, con encomiable precisión alegórica. Políticos colgados. Zapatero escupe baba blanca en un mitin: “¡Miente como un bellaco quien diga que hemos hecho recortes!”, brama, tan poco convincente como siempre fue. Esa palabra, bellaco: malo, pícaro, ruin, astuto, sagaz. ¿Rajoy el malandrín paniaguado? ¿O me habla a mí? Límpiese usted la baba cervantina, si lo hace. Otra buena noticia: el Zaragoza no juega, aún, lo que nos libra por un día de la desgracia de padecerlo: moratoria inútil que sólo durará hasta el domingo, cuando habremos de afrontar la realidad. Aún es viernes. Y esta noche tocan Havalina en la Sala López. Havalina no es uno de los grupos de nuestra vida, pero sí uno de los que más nos gusta en el panorama nacional de hoy. Rock de trío descarnado y letras calientes, mordidas con ansiedad sexual o desgarrada, con la guitarra agresiva de Manuel Cabezalí en los subrayados. Algo más templados en su último disco, Las Hojas Secas, aunque prefiero Imperfección. Con cosas como esta Lejos de Tu Cama.

Los grupos de nuestra vida ya se separaron o están muertos, siquiera parcialmente (y que cada cual entienda esto como prefiera), pero siguen ahí. Una tarde de éstas de convalecencia jugué a pensar en los cinco grupos de mi vida, y ordenarlos por la influencia o la importancia que han tenido o les atribuyo, a pensar en cuántas veces o cuán a menudo aproximo la aguja a los viejos discos o, con más frecuencia, interrogo al botoncito de apertura de la bandeja de los cedés, que es muy suyo y no siempre se abre, hay que darle con el tono, la presión y la intención muy exactas, y dejo correr los temas sin hacerme cargo del todo de ellos, escuchándolos con naturalidad nada enfática, sin dar gritos ni nada, sólo oírlos como el que oye el zumbido de la voz íntima. Pensé cinco y al tercero me entraron las dudas porque cinco me parecían muy pocos. Y me dije si no deberían ser diez, pero entonces diez no dejaría sentado hasta qué punto los cinco primeros son especiales e inintercambiables por uno u otro motivo. Y si resulta que son intercambiables, entonces tal vez no sean los cinco de mi vida… Luego pensé en los solistas, pero entendí que esos debían ir en otra clasificación que ahora no viene al caso (¿hay algo que venga al caso en esta entrada?). Entre los solistas están seguros Elvis, Dylan, Johnny Cash, McCartney, Lennon y Neil Young. Y volví sobre las bandas, que son la enseña juvenil que sostenemos en alto siempre, y llegué a la conclusión de que los cinco serían, en orden, éstos y no otros:

  1. The Beatles
  2. The Smiths
  3. James
  4. Wilco
  5. The Clash

Y que después tal vez podría añadir estos otros cinco, que están sin duda en el panteón y que si no discuten con los otros es porque los otros son materia sentimental tanto o más que musical.

  1. Radiohead
  2. Joy Division
  3. Creedence Clearwater Revival
  4. Los Planetas
  5. New Order

Como decía Vila-Matas, uno se cansa hasta de escribir bien. Yo lo dejo en que uno se cansa hasta de escribir, para no atribuirme la posibilidad del adverbio. O en que uno se cansa, sin más. Y por eso lo deja. ¿El qué deja? Todo se deja, o se va, o nos lo arrebatan, o se acaba, o nunca estuvo.

 

*[Así lo establece el parte médico, tal y como aclaró a Somniloquios el propio hermano de Jon, Iván Manteca].