El impulso de fuga

18 01 2016

“No pertenecía a la especie humana, podemos llegar a pensar que ni tan siquiera existió. Pero si no hubiera existido, habríamos tenido que inventarlo. Porque el destino de nuestro siglo -ahora podemos verlo- era ser el siglo de Kafka. Porque nadie como él encarna mejor lo que tantos y tantos de nosotros han (y hemos) sido a lo largo de este desolador y angustioso siglo: seres irreales; sólo siluetas recortadas en papel de seda amarillo, que crujen sutilmente a cada gesto; sólo sombras que no hacen ruido, que nadie ve, que brincan a lo largo de las casas, desapareciendo a veces en los cristales de los escaparates; fantasmas ambulantes dominados casi siempre por el impulso de fuga (“Fuera de aquí, tal es mi meta”), la carrera desesperada hacia la ventana con la sensación de estar quebrando maderas y vidrios, la impresión de que el universo es una prisión de la que nunca se sale”.

vilamatas

Una vida absolutamente maravillosa (Ensayos), de Enrique Vila-Matas

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Artistas del hambre

21 02 2014

Seamos francos y digámoslo rapidito: ¿Usted pagaría por leer este blog? Entiéndanme… un precio simbólico. Bueno, simbólico no me parece una palabra apropiada. Digamos un precio, un precio bajo, un precio que a usted le permitiera encontrar una relación equilibrada entre las (hipotéticas) satisfacciones que le reporta la visita al atribulado mundo Somniloquios y la posibilidad de aflojar una mínima cifra del bolsillo. Un precio que, sobre todo, permitiera al hombre somniloquio, el que teclea estas líneas, dormir tranquilo por las noches; no sentir que está faltándole al respeto al visitante ocasional o al lector recurrente. Que no les estoy vendiendo filfa. Ese precio. Que ni sé cuál es, aunque ayer por la tarde me hablaron durante horas de las diferencias esenciales entre precio y valor; las tasas de descuento; el VAN, el TIR, los costes de capital y otras abstracciones de naturaleza terrible para alguien como yo…

¿Qué valor tiene Somniloquios? Valor para quien lo lee. Valor para quien lo escribe. Yo me he preguntado muchas veces por qué y para qué escribo este blog. A tal punto que, durante largos periodos, no he encontrado respuesta. Hubo un tiempo en que necesitaba escribir. Lo hacía de manera compulsiva y, a menudo, impulsiva. También con una alegría ahora extraviada: Somniloquios me divertía. Hace tiempo que perdí la necesidad de escribir y, en mis momentos más descarnadamente cínicos, me grito a mí mismo: “Si tanto valor tiene lo que escribo, pongámosle un precio”. Ahora que paso la mayor parte de mi tiempo pensando en emprendimientos y sus circunstancias, acabo por preguntarme, con cierta sensación de inevitabilidad. ¿Es este blog una potencial (mini)empresa? ¿Alguien se anunciaría aquí? ¿Alguien pagaría por leer esto? Hasta he consultado los blogs de gurús de la monetización, que hablan de valor, de influencia, de retorno y otras cosas. No me reconozco en lo que he leído ni en las fórmulas y trucos que proponen.

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No se me queden fríos ante estos pensamientos. Comprendan: ahora que uno se le ha hecho prescindible al mercado de trabajo, ahora que faltan los ingresos, ahora que ya no me pagan por escribir (salvo la gloriosa excepción, que yo hago ocasional, de mi querida Mediapunta), ahora que oigo tan a menudo el cacareo del emprendimiento, de la necesidad del reciclaje, de la diferenciación, vengo a pensar en todo esto. Ay, la diferenciación. Me decía un conocido el otro día: “Tus crónicas eran diferentes… ¿No se busca ahora, dicen, lo diferente?”. Me tuve que reír. Son pensamientos ingenuos. O bien la diferenciación no puede nada contra los argumentos económicos o bien, como yo he pensado siempre, lo mío no era para tanto. Era, como tantas otras cosas, perfectamente prescindible. No, no les estoy llorando. Pienso en voz alta. Que es lo que siempre he hecho en estas páginas.

En los últimos tiempos he recibido un par de amables propuestas de chicos jóvenes, con sus revistas, para que me uniera a sus páginas. Gente que, como he hecho yo durante todos estos años aquí, escriben sin esperar ni recibir nada a cambio, salvo la satisfacción íntima de la comunicación con quien lee. Que es mucho. Tal vez la esencia verdadera del asunto. Gente que no cobra, al menos por ahora y ojalá pronto lo hagan. Chicos que tratan de definir su voz mientras buscan viabilidad a su esfuerzo: para poder mantenerlo en pie, antes que para poder percibir un dinero a cambio. Me lo propusieron y no puedo ni responderles. Admiro su esfuerzo. Aprecio su estima por mí. Agradezco su interés. Me avergüenza, lo reconozco, decirles que siento que no puedo escribir para ellos. Que ya no puedo escribir gratis. No por decencia. No por dignidad. No por soberbia. Sólo porque necesito concentrar mis esfuerzos en ganar dinero. Y porque siento que, si no lo hago, me estoy traicionando un poco. Sólo escribo gratis aquí y en mi otro yo ovalado; lo hago puede que por orgullo acumulado de todos estos años, o porque me dolería sentir la derrota del abandono. O porque, en verdad, hacerlo está dentro de mí y ésta es la historia de mi vida; estas líneas son un torpe libro de mi existencia al que, quiera o no, soy incapaz de renunciar. Somos artistas del hambre, y que me perdone Joseph K por atribuirme una de las glorias de su escritura. Yo tal vez un poco menos que esos chicos que, como me dijo L. una tarde entre clase y clase, ni siquiera han tenido la ocasión todavía de recorrer el agridulce camino entre la ilusión juvenil y el cinismo de periodista cansado, que es donde más o menos estoy yo y de donde trato de escapar. No, yo no paso hambre. No soy un bohemio de finales del XIX en una buhardilla de París. Tengo calefacción, agua caliente y el frigorífico atendido. Sólo soy alguien que se pregunta, como siempre, para qué escribe. Por momentos, entreveo una respuesta: siempre he escrito para vivir. Y esta verdad incómoda: vivir, a día de hoy, ha adquirido otro significado. 

[Es viernes. Pongamos algo de música para pasar los tragos. Este tema de T Rex que cierra una emotiva película, ‘Dallas Buyer’s Club’, de la que tal vez hable un día. ‘Oh, Dios, la vida es extraña… / Algunos son rápidos y otros van lentos / Algunos creen… / Yo ni siquiera sé si lo hago / No, no, no, no”].