Escribir la vida

28 09 2009

vila-matas

-Ya lo comprendo -me ha dicho adoptando un afectado gesto reflexivo-. Usted es escritor. Como su hermano mayor. ¿Verdad que no me equivoco?

-No, señor, no soy escritor -le he contestado, reaccionando de inmediato.

-¿Y los papeles escritos que le he visto? Los papeles sobre los que se ha quedado dormido.

-Me dedico a contarme a mí mismo mi vida. Eso es todo.

-¿Y eso no es ser escritor?

-No quiero ser escritor, sino escribir, que es algo muy distinto. No sé si capta usted la sutil diferencia.

-No, yo no capto nada. ¿Cómo voy a hacerlo si soy imbécil? ¿Es eso lo que trata de decirme? Pero permítame ahora una pregunta. ¿Puede saberse por qué la vida se la cuenta usted sólo a sí mismo?

-Pero es que no sé si me entenderá. Yo tengo unas ideas muy especiales.

-Ya estamos otra vez. Claro que puedo entenderlo. Dígame lo que tenga que decirme y no se preocupe más por lo que pueda yo entender.

-Pues a mí me parece que la vida en sí no existe.

-¿Y qué existe, pues?

-Quiero decir con esto que la propia vida no existe por sí misma, pues si no se cuenta, esa vida es algo que apenas transcurre, pero nada más. ¿Me sigue?

-Le sigo.

-Yo pienso que para apresar y comprender la vida hay que contarla, aun cuando sólo sea a la almohada o a uno mismo.

[Lejos de Veracruz, de Enrique Vila-Matas].

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