Música subtitulada

28 05 2010

Mark E. Smith, líder único (e irrepetible) de The Fall: el post-punk británico pervive en el gastado aspecto de este músico provocador e ingobernable.

En el Parc del Fòrum quedaron expuestas las Edades del Hombre: de Mark E. Smith (frontman de The Fall, working-class hero del post-punk, género de voces mascullantes que uno sólo puede imaginar británico, rezumante en lugares como Salford) a Stephen Malkmus (alumno de la Universidad de California Los Angeles, que tiene en el acento y en su porte un corte UCLA que empapa a su grupo de siempre, Pavement). Y, aún más abajo en la escala temporal, casi en las fronteras con la adolescencia, los muchachos virtuosos del oscuro que son The XX, esos chicos del coro sombrío que mezclan la languidez y el terciopelo azul marino, los recovecos de una música que subyuga o no importa, según lo que uno sea capaz de envolverse en el manto de la propuesta.

Durante el concierto de The XX una llovizna morosa procuró al juego de texturas lumínicas del joven grupo británico una escenografía muy adecuada, como de bosque neblinoso en el intercambio de voces de sus dos vocalistas, femenino y masculino: Romy Madley Croft y Oliver Sim. Los dos parecen salidos de una película indie americana, de jóvenes desinteresados por otra cosa que no sean las posibilidades poéticas de la no existencia. Sin embargo, parecen tranquilos y conformes, aunque deliberadamente ausentes. A mí me dejaron algo indiferente, pero tal vez fuera porque yo estoy en un instante de música muy orgánica, en la que prefiero la bestial versificación rítmica del salvaje baterista de The Fall a la seda cimbreante de un sintetizador. No sé si este prejuicio tiene demasiado sentido, pero ocurre así. Cualquier día lo reviso. Pero sólo en la intro de The Fall, con ese hombre aporreando los tambores mientras aparecen el resto de miembros de la actual formación de la banda, con el bombo en rabiosa huida adelante, como un latido brutal que se te mete dentro, sólo esos breves minutos me ponen mucho más en mi sitio. Y luego, claro, está Mark E. Smith. ¿Pueden Oliver y Romy significar lo mismo que Malkmus y Mark E. Smith? Pueden… tal vez en nuestra proxima vida.

The XX son los chicos del coro gótico-electrónico que empaparon el Primavera Sound de su lánguida lluvia oscura.

Por lo demás, evitaré las consideraciones musicales más allá de lo descriptivo o lo meramente personal. Para eso ya están los sabios de la cosa. Prometo que me levantaron el ánimo Superchunk (sólo con ese nombre…) y que, si no fuera porque se venían Pavement y la Gran Bretaña entera a la una de la mañana y hubo que correr para arrodillarse como en La Meca, me hubiera quedado entreverado en las alucinaciones sónicas de Big Pink y a estas horas seguiría subido en algún andamio y habrían de venir a bajarme los bomberos como a los gatos de los árboles. Lo mismo con Delorean, cuando la hora ya frisaba los límites de la mañana. Uno considera madrugada hasta las cuatro. A partir de ahí ya clarea y cantan los pajaritos. Delorean derramaron luz y color para iluminar la noche de gafas de sol contra los excesos de la luna y estimulantes químicos que siempre me hacen pensar en Hunter S. Thompson, su sombrero Panamá y las gafas grandotas en Las Vegas.

No alcancé a ver a The Wave Pictures o a Broken Social Scene, entre otros intereses, pero aquí al menos uno necesita ser uno y trino para atender a todo. La disociación auditiva, la telematía y el transporte de la materia aún son cuentas pendientes de los festivales como el Primavera Sound. Para empezar pegamos la oreja a The Fall, que es como calentar corriendo los cien metros lisos. Es decir, que te lo juegas todo porque más fuerte no se puede empezar. Para no decepcionar a nadie (si es que eso les importase, que no), The Fall hicieron lo de siempre con la misma gracia torcida de siempre. Salió Mr. Smith con los pómulos descolgados y su rostro asimétrico que parece zozobrar o inclinarse a los lados, una levita de cuero y su mujercita dando gritos con mucho compás en los teclados. Uno diría que Smith llegaba de jugar la partida con dos o tres anises y ganas de tocarle el culo a las camareras. Pero la música es asunto serio y de apariencias confusas. Mordiendo las letras, The Fall arrancó con Your Future, Our Clutter, tema que da nombre a su último elepé, y de ahí en adelante todo fue metálico, pesado, industrioso y electrónicamente metalúrgico, como un terminator hecho ópera.

Ficha policial de los chicos de Pavement, sospechosos de alimentar la idolatría con temas 'himnóticos' y un regreso saludado por el clamor pegajoso de sus incondicionales.

Pavement jugaban en casa porque la idolatría los rodea. En medio de la proclamación de uno de sus himnos, un muchacho a mi lado gritó: “¡¡¡Que la subtitulen!!!”. Como queriendo decir: nadie puede extraviar ni un solo gramo del significado y la esencia últimas de esta canción. Me pareció muy buena idea: música subtitulada. Y no hablamos de poner las letras en un printer impresionadas en la pantalla, para que la gente pueda saber lo que dice el cantante. No, eso son los karaokes… Hablamos de subtitular la música. De traducir en palabras el vuelo invisible de las melodías, los ritmos, el tiempo de los compases, el enredo de notas y guitarras, lo que quiso expresar al fondo del tema su compositor, lo que comunica, lo que no dice, lo que está suspendido, lo que no se podrá aprehender jamás y sin embargo cualquiera entiende. De explicar por qué la música y cómo la música. Qué hace. Cómo lo hace. Por qué estamos aquí, para qué, dónde y hasta dónde. Que subtitulen la música, si alguien puede. Mientras esperamos, volveremos de nuevo esta noche al laberinto del minotauro, esta casa de Asterión que es el Primavera, donde las preguntas vuelven sobre sus respuestas. Donde exponen a hombres sin tiempo (Jeff Tweedy, Marc Almond, Black Francis) para contemplación y maravilla de las masas. Donde nada es tan serio como tal vez parezca por estas líneas…

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Primavera sónica

27 05 2010

Sepa el pueblo, si le importa, que Somniloquios se va de vacaciones al Primavera Sound, un lugar donde la asamblea de majaras se ha reunido y ha decidido que mañana hará sol y buen tiempo, porque vuelven Wilco y va a ser la cuarta vez que vea a esos muchachos a los que paso el tiempo siguiéndoles la pista, para caer donde caigan ellos. En el laberinto de horarios y escenarios tengo subrayados para esta noche a gente como Broken Social Scene, Mission of Burma (más punk redivivo), Pavement, The Wave Pictures, los lampiños The XX y… THE FALL. Venga otra ración de proto-punk en vena… Y mañana, entre otras muchas cosas como decía, Wilco (ahora que hace un año de su último concierto en Barcelona, aquella delicada noche en el Auditori) y nada menos que los Pixies: otro renacimiento de dimensión legendaria: comprobaremos cuánto se estropean los cuerpos y las cabezas, y el efecto que eso tenga en la oscura rabia de la música. Aún con la película QuietLoudQuiet, que retrataba su vuelta a los escenarios, muy fresca. Y comprobaremos cómo se llevan Black Francis y Kim Deal, pareja que en los días de Doolittle y Surfer Rosa o Bossanova terminaron por hablarse más en los conciertos que en la vida real. “No es que no nos gustemos”, matiza escéptico Black Francis en un instante de la película-documental aludida. “Es que somos ese tipo de personas. Como subraya Kelly, la hermana de Kim Deal, “las cuatro personas que peor se comunican entre sí de la historia”.

Así que, primavera sónica. Epi y Blas (aquí José Luis Cabeza Mandarina y Cejakas) ya estuvieron y lo cuentan…

Y se ve que Cejakas pasó una mala noche:

Pues eso, que ya llamaré con lo que sea.