Obituario

27 10 2010

Yo quería decir que uno de mis momentos preferidos de cada año es cuando el Circo Mundial anuncia su “apoteósico éxito” de la campaña pilarista: “¡Apoteósico éxito del Circo Mundial!”, gritan las cuñas radiofónicas, antes de enumerar el reparto de animales, fieras, personas y entes intermedios que conforman el espectáculo. A continuación, en las farolas de las calles de la ciudad, los carteles anunciadores del circo repiquetean con una franja cruzada que proclama: ¡Prorrogado!, y el circo se queda una semana más en Zaragoza, lo que rebaja al menos un par de puntos la inevitable conciencia del drama que se aproxima: el cambio de hora y la coronación de los oscuros, largos, desesperanzadores, insolentes, silenciosos, plúmbeos meses del invierno. Se va el circo y se acaba todo.

Quería hablar de todo esto y de cómo siempre detesté el Circo Atlas y a los Tonetti. A mí me gustaban el Circo Ruso y el Circo Mundial. Del Chino desconfío. El de Ángel Cristo nunca me llegó. El Price me dejaba frío. Y el Circo del Sol me parece una cursi postmodernidad. Yo quiero el circo de fieras y carromatos. Si alguien pretendía llevarme al Atlas, me encadenaba a la cama. El Atlas no, ni en broma. ¿Por qué? Por los Tonetti. Yo era de Fofó y tal. Asocié a tal punto con el horror la cara pintada del mayor de los Tonetti que esa ceja praxiteliana y sibilante que se diseñaba en la frente me persiguió durante años; me parecía una clave de Sol tumbada a la luna. Por el mismo motivo jamás pudo soportar a Ramoncín y su rombo alrededor del ojo; ni a Nacho Dogan, aquel proto deejay que decía lo de “¡qué fuerte, hermanos marchosos!”, y organizaba La Juventud Baila con José Luis Fradejas, un tipo con aspecto irrefutable de llamarse, en efecto, José Luis Fradejas. Para qué hablar de los gorritos de los Tonetti. Indefendibles los dos. Que sí, que los Tonetti serían bellísimas personas, pero que yo no podía con ellos.

Insisto, iba a extenderme en estos detalles. Pero entonces, mirando los resultados de la Copa del Rey, me encontré con la noticia. Una necrológica en toda regla, con su doliente comunicado, la perversión de las frases hechas, el rabioso sentimentalismo, los testimonios agradecidos de quienes lo conocieron al finado y la inevitable lástima/admiración por el muchacho/a que hubo de redactar esta nota en la edición digital del diario MarcaClaro que la rigidez en algunas frases parece obra de un traductor, así que me inclino por pensar que es obra de agencia. En cualquier caso, la pieza que sigue me parece la sublimación absurda del algo absurdo género de la necrológica, tan resbaladizo que Arcadi Espada ideó un agudo decálogo para escribir obituarios. Viene al caso por razones obvias. En mi modesta desesperación (no intento hacer bromas, aunque lo parezca) aporto al final del texto las reflexiones que, al vuelo, me produce este notable trabajo. No hay ironía; lo que domina, de verdad, es un contrito asombro.

 Muere el mítico (1) pulpo Paul

El pulpo Paul, nacido en 2008 en Weymouth, un pueblo del sur de Inglaterra, nos ha dejado para siempre (2). El octópodo falleció el lunes por la noche en el Sea Life Centre de Oberhausen (Alemania). Desde su acuario, se hizo mundialmente famoso al acertar todos los pronósticos que realizó durante el Mundial de Sudáfrica, incluidas las victorias de España en las semifinales ante Alemania y en la gran final ante Holanda.

En honor de Paul, el acuario de Oberhausen realizará una exposición y un monumento (3).

Conocido como el “oráculo animal”, Paul era tentado con sendos cebos de carne de mejillón colocados en dos recipientes iguales de plexiglas y adornados con las banderas de los países que se enfrentaban y entre los que elegía al que consideraba que ganaría el enfrentamiento.

Debido a la edad de Paul, el acuario de Oberhausen ya tenía preparada la presentación de un nuevo y joven Paul, que iba a ser mostrado durante las próximas semanas, y, siguiendo la tradición del acuario, llevará el mismo nombre (4).a

Por el momento, el cuerpo de Paul se encuentra en una habitación climatizada, y será incinerado en los próximos días (5). “En honor de Paul y por el interés en todo el mundo, se realizará una exposición y un monumento”. “Ahí se mostrarán en una pantalla sus mejores y más conmovedores momentos y los regalos que nos han llegado de todo el mundo, así como cuadros de acrílico y su urna”, afirma el comunicado del acuario.

La popularidad de Paul se refleja también en el hecho de que fue nombrado amigo predilecto del pueblo de O Carballiño (Orense). Además, se convirtió en embajador oficial de la candidatura de Inglaterra para el Mundial de 2018. También fue protagonista del filme ‘El asesino de Paul el pulpo’, una producción de la China Film Group y Beijing Filmblog Media, que rodaron la película con un doble del famoso habitante marino (6).

“Era muy querido por todos nosotros y lo vamos a extrañar muchísimo. Es un pensamiento reconfortante que tuvo una buena vida con nosotros, recibiendo la mejor atención posible por un equipo dedicado”, aseguró Stefan Porwoll, director general del Sea Life de Oberhausen.

“Paul entusiasmó a gente de todos los continentes, ya que siete veces consecutivas acertó las previsiones para el equipo nacional alemán y la final. Murió pacíficamente por la noche de muerte natural” (7), concluyó Porwoll en el comunicado del acuario de Oberhausen.

(1) Mítico: una palabra que lo mismo sirve ya para freír un botón que para coser un huevo.

(2) “Nos ha dejado para siempre”. Ya es duro aceptar el hecho desnudo de que se escribe una necrológica de un pulpo, pero nadie puede haber incurrido en serio en esa frase. Está a punto del arranque clásico, línea corta y llamativa, de enganche, que tan bien manejan en Antena 3. Algo así: “Siempre se van los mejores: el pulpo Paul nos ha dejado para siempre”.

(3) “Una exposición y un monumento”: o sea… como la Casa de el Greco en Toledo o el Museo de los Escritores de Edimburgo. El pulpo a la altura del genio de Teothocopulos, el poeta Robert Burns y los relojes blandos de Dalí. Uno puede exponer la pluma con la que R. L. Stevenson se ganó el apodo de Tusitala en los Mares del Sur, pero… ¿qué exponer de un pulpo? Su habitación de plexiglás tal y como él la dejó, las latas de mejillones con las que le alimentaban el intelecto, el cubículo en el que se amagaba el cefalópodo cuando las cosas no le iban como a él le hubiera gustado, porque no todo era de color de rosa en la vida del mediático Paul… Una exposición y un monumento a un pulpo: no se olvide que estas cosas las están haciendo alemanes de Alemania. La locomotora europea. La patria de Kant. 

(4) Los acuarios, parece ser, tienen tradiciones. El acuario como folklore. Espantoso.

(5) “El cuerpo de Paul”: la humanización del pulpo no conoce límites. No hubiera estado de más ese sintagma tan querido del periodismo: “El cuerpo SIN VIDA de Paul”. Agrega: “Se encuentra en una habitación climatizada y será incinerado en los próximos días”. Climatizada. Un pulpo. Pregunto: ¿Yace en el agua o en tierra firme el bueno de Paul? Porque, advierte cualquiera que lo haya visto, un pulpo en tierra firme es lo que se dice un guiñapo bastante poco respetable, salvo que esté cocinado a feira. Por algo en Huelva a las medusas les dicen aguamalas. Porque no parecen sino agua con forma, un algo extraño. Parecido un pulpo. Además, ¿dejó testamento Paul? ¿Cómo saben que quería ser incinerado y no inhumado? ¿Si las cenizas de un humanoide caben en una cajita, a qué queda reducido un pulpo una vez cremado? ¿Instalan capilla ardiente o los luteranos no practican tal variedad? No lo puedo creer… Me pregunto por qué escribo de esto si no es para sacudirme el ridículo corporativo.

(6) “Sus mejores y más conmovedores momentos”; “Un doble del famoso habitante marino”… Películas, dobles, momentos conmovedores. ¿Les costaría encontrar un doble para un pulpo? Juro que yo he visto alguno bajo el agua, y aun aderezado con pimentón, e identificarlos no es fácil. Me recuerda a aquel capítulo de Friends en el que Joey consigue un papel en una película de Al Pacino: es el doble del culo de Pacino una vez que se está duchando. El director lo echa por sobreactuar. Todo esto pasa por darles carrete a la peña ésta de Oberhausen. Por publicar cosas así. Que le hayan dado la Antena de Oro a Sara Carbonero demuestra que esta profesión no tiene ningún interés en tomarse en serio a sí misma. Paul ratifica el asunto. Pero, paradójicamente, si hubo un trabajo serio en el Mundial, lo más admirable que yo vi fue la narración en directo, con un cuajo inquebrantable, que hizo Noemí de Miguel de una de las actuaciones de Paul en su urna mejillonera.

(7) “Murió pacíficamente por la noche de muerte natural”. Qué descanso. ¿Qué tipo de muerte se considera ‘no natural’ para un pulpo en un acuario?, me pregunto. Yo he visto recientemente alguna forma bastante evolucionada de tomarle el pelo a la gente. Como la falsificación del currículum de Eva Almunia o los artículos de opinión comunes (escritos por una mano, firmados con nombres distintos) que diferentes políticos socialistas usan en sus blogs o tribunas de prensa. Es lo que se llama comunicar… Otro día hablamos de eso. Porque en cuestión de tomarle el pelo a la tropa y que ésta baile sardanas, los del acuario de Oberhausen se llevan la palma.

Parafraseando al desencantado legionario romano de los libros de Astérix siempre que Obélix lo cardaba a puñetazos: “Estudia periodismo, dicen; conocerás mundo, dicen; escribirás sobre grandes historias y formidables personajes, dicen…”.

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¿Holanda? Dejen de joder…

7 07 2010

Los alemanes le preguntaron al pulpo y el pulpo dijo que ganaba España. Los españoles, mientras, le preguntamos a la Reina y la Reina, recién llegada a Sudáfrica, también ha dicho que gana seguro España. Se ve que a estos dos les pones unos mejillones y te anuncian el triunfo español a carrillo lleno. ¿Se imaginan a la Reina previendo una victoria alemana? ¿Qué hacemos entonces, nos la comemos a feira con pimentón? Y Schweinsteiger, ¿qué dice de todo esto?

En fin, para qué negarlo: resulta inevitable sentir que sólo un cefalópodo ha podido disfrutar este Mundial. Y que la clasificación de Holanda para la final de la Copa del Mundo resume el mediocre nivel de la mayoría de los equipos y la cantidad de matices que se les puede oponer a los que presuntamente han sido los mejores. Si resolvieron la victoria sobre Uruguay fue por recursos, que no por fútbol. Voy a considerar el tastarro de Gio a la escuadra una de esas cosas inverosímiles en las que el fútbol resulta tan pródigo. Nada reclama mi atención en Holanda, ni el funcionamiento colectivo ni el desempeño individual de sus futbolistas más elevados: cierto que Sneijder y Robben llevan un año enorme y ejercen un impacto decisivo en muchos partidos, pero son jugadores a los que me basta con ver en un compacto rapidito del choque, un resumen de tres minutos. De verdad, los goles y listo. Van Persie no ha mostrado nada para la memoria, aunque lo tengo por un estupendo delantero (mucho mejor que Huntelaar, si algún madridista está mirando). Kuyt no me dice gran cosa, ni en Holanda ni en el Liverpool; Heytinga me resulta mediocre; y Van Bommel, rendidor incombustible, se ha valido de la permisividad arbitral, o de su destreza para la violencia sorda, para hacer un muy buen torneo. En realidad, ese chico debería haber visto no menos de diez tarjetas amarillas y alguna roja entreverada: no he conocido, salvo por Albelda, un futbolista que pegue tanto con tan escaso castigo.

Uruguay hizo mucho más de lo que le correspondía. Su último gol, el de Maximiliano Pereyra, compuso la afirmación postrera de un carácter inquebrantable. Sin el listo Luis Suárez a su lado, en algún momento pareció que Forlán peleaba contra el mundo entero. Cierto que Galvani completó un partido de singular esfuerzo, incansable allá arriba, pero nunca fue tan hábil como laborioso, y pareció lejos de de amenazar otra cosa que la paciencia del vulgar Heitinga y el olvidable Mathijsen.  Tabárez ha gestionado un sueño con la entereza anímica de los supervivientes y la realidad del Mundial le ha concedido generosos virajes en momentos muy concretos. Uno se alegra de que haya sido así, pero si Uruguay llega a entrar en la final de este Mundial, me hubiera preguntado muchas cosas. Sólo unas pocas más, para qué mentir, de las que me pregunto mirando a Holanda esperar ya la tercera final de su historia. Tal y como va todo, llevo varias noches con sudores fríos y en pesadillas veo aVan Bronkchorst levantar la Copa…

Por el otro lado llegan España y Alemania. Seguramente Alemania el mejor equipo del campeonato, sin hacer ninguna maravilla pese a la contundencia de sus goleadas en octavos y cuartos. España, bueno… hay que retorcer algo los argumentos para proclamarla “la que mejor ha jugado al fútbol”. Si lo ha sido, lo habrá sido ocasionalmente. Lejos del ejercicio estilístico, su Mundial posee el mérito de haber pasado rivales más empeñados en incomodarla que en vencerla. No es un triunfo menor. También ha acertado a gestionar pasajes de rabiosa ansiedad dentro y a su alrededor, y el pesadísimo cartel de favorita; y las críticas pertinentes a esa condición. Éstos tampoco constituyen valores medianos. Respecto al fútbol, individual y colectivamente ha quedado en un escalón inferior a su explosión en la Eurocopa, pero ha ido resolviendo las deficiencias con competitividad y el acierto implacable de David Villa. En general, uno tiene la impresión de que las dinámicas de Alemania y España se cruzan en algún punto medio del camino, que confluye en esta semifinal de hoy: España alcanzó su cima hace dos años y viene tal vez no en una bajada, pero sí en la administración peliaguda, pero victoriosa, de un retroceso; Alemania, por contra, está creciendo. No me parece la maquinaria invencible que parecen anunciar los análisis. Sí un buen equipo, más germano de lo que muchos quieren subrayar (no espero verlos en un ataque desaforado esta noche, sino esperando a España a la contra), y un punto por encima del resto en este torneo. Pero este torneo, hay que decirlo una vez más, ha sido lo que ha sido.